
Saiko levanta las banderas del “anti-rap” y renueva su fe en la melodía con su nuevo álbum, “Campos finitos”.
1 minuto de lectura'
El hip-hop puede estar en boga hace años en Chile, pero Saiko acaba de dar un paso adelante al respecto. "Tenemos el anti-rap", anuncia Denisse Malebrán, la cantante del grupo, mientras en su nuevo disco desliza unas rimas al comienzo de la canción "Fin de fiesta": más que declamarlas, Denisse susurra y entona esas rimas. "Olvídalo. Yo no rapeo", sonríe. "La melodía reina entre nosotros." Saiko no es un grupo posmoderno. Tal como su debut ...informe.saiko (1999), el segundo disco del cuarteto está hecho de melodía, canción y cuidados timbres de pop electrónico, todo ajeno a la compulsión por cortar y pegar estilos que marcó el fin del siglo XX.
–Suena fuerte eso –sonríe el guitarrista Luciano Rojas–. Pero simplemente es ser honesto con uno mismo, y no hacer algo porque está de moda.
–Queremos hacer música que les guste a la abuelita de uno y a la gente que está en el colegio –dice Denisse–. Yo aprendí a cantar escuchando a Camilo Sesto, Raphael, Favio. Ya hay una historia en cada uno de nosotros. Seguir mezclando sería sobrecargar.
Las historias de cada uno en Saiko son las de una novicia y tres veteranos. Los tecladistas Iván Delgado y Rodrigo Coti Aboitiz y el guitarrista Luciano Rojas son fundadores y graduados de La Ley: el primero estuvo en los días underground del grupo en Chile y los segundos permanecieron allí hasta bien avanzado el estrellato en México, mientras Denisse Malebrán cantaba en grupos independientes chilenos como Turbomente y Polaroid. Cuando, en 1999, se reunieron a grabar el primer disco de Saiko, ni siquiera habían tocado juntos en vivo.
–El primer disco se trabajó bien ligado al computador. Acá partimos al revés, con canciones en guitarra, en piano, en la voz –dice la cantante–. Por eso ...informe.saiko es un disco lleno de atmósferas –agrega el gui- tarrista–. Aquí quisimos limpiar un poquito más las atmósferas sónicas. Es un disco que se descubre más fácilmente.
La sedosa voz de Denisse Malebrán sigue sonando como un instrumento más en la va- riedad de sonidos del grupo.
–Es un timbre que encaja perfectamente en Saiko, pero como autor eso te condiciona un poco –dice Delgado, com- positor de buena parte de las letras–. Si tengo un tema que habla de follar sin condón me cuesta imaginar que una mujer lo cante. Es un contraste interesante, se establece una figura ambigua.
–Cuando canto, espero que la gente piense en su amado, hombre o mujer –responde Denisse–. Es egoísta pensar que porque uno hace las cosas son tuyas. Queremos que sean de la gente y que ojalá las recuerden por años. Ese es el sueño de un grupo pop, al menos. Además, siempre sirve. A mi hermana alguien le dijo: "Oye, pero tu hermana es lesbiana, ¿o no?". Entretenido, pues. Entretenido que la gente se pase rollos.
El grupo ha aprendido a manejar la perspectiva latente de su promoción mexicana. "Sabemos que mucha gente quiere ver y escuchar a Saiko allá; es un público semicautivo, pero lo importante es ir con giras de promoción, a radios. No ir a experimentar", dice Aboitiz, pese a lo urgente que parecía una gira por México tras el primer disco de Saiko, dos de cuyos músicos son bien conocidos en ese país tras su paso por La Ley.
–Correcto: nosotros también pensábamos así en un comienzo. Pero queríamos gastarnos más, tener más roce como banda. Por experiencia propia sabemos que es un trabajo enorme el que hay que hacer antes de decir: "Sí, estoy triunfando en México" –dice Rojas.
–Los años van dando un freno a ese estado de ansiedad. Es un camino que hay que hacer –filosofa Delgado–. No interesa el producto final de una obra, sino el proceso. Ese proceso es el arte.




