En la última entrevista, semanas antes de su muerte, Johnny Ramone, el más punk de la primera banda punk, evoca su corte taza y los triunfos y peleas dentro de la banda más grande y más arruinada de todas.
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De tamaño moderado y de un rosado no tan moderado, la casa de Johnny Ramone se ubica en lo alto de las colinas de Hollywood, resguardada tras un regimiento de cactus y vegetación frondosa y desordenada. Adentro, los adornos incluyen un pato, un faisán, un mapache, un oso marrón y un ternero de dos cabezas, a los que dos gatos no embalsamados pero bastante viejos les hacen compañía. Las paredes verde lima están casi completamente cubiertas con docenas de pósters de películas de terror y ciencia-ficción de los años 30, 40 y 50. "Las peores películas tenían el mejor arte", me dijo Johnny, señalando War of the Colosal Beast [La guerra de la bestia colosal] y Attack of the Crab Monsters [El ataque de los monstruos cangrejo].
Las otras habitaciones contienen colecciones más pequeñas de Disney, deportes y objetos de asesinos seriales. Un cuarto lateral está reservado para recuerdos de Elvis, el mejor de lo cuales probablemente sea una botella de champaña autografiada, que dice "Mr. & Mrs. Elvis Presley", del 1º de mayo de 1967. "Lisa Marie nació exactamente nueve meses después", dijo. "Es amiga mía." No hay recuerdos de los Ramones a la vista. En ningún lado.
Estoy aquí porque una noche de mayo –cuatro meses antes de que Johnny sucumbiera al cáncer– recibí una llamada de Kirk Hammet, el guitarrista de Metallica. Fue una sorpresa; yo no conocía a Hammet, y los músicos de rock casi nunca me llaman de la nada.
Me llamó porque un amigo suyo, a quien no nombró, estaba muy mal por el cáncer. Me di cuenta de hacia dónde iba la conversación: he recibido este tipo de llamadas desde que escribí una nota para Rolling Stone sobre Adam, el adolescente de Vancouver que "cura con energía" [RS 936, noviembre de 2003]. Le dije a Hammet que podía avisarle a la familia de Adam que él iba a mandarle un e-mail, pero que eso era todo. "Entonces voy a decirte quién es", dijo Hammet. "Es Johnny Ramone."
Fue como una patada en el estómago. Hablamos un rato acerca de cómo nos gustaban los Ramones, de cómo su música cambió todo cuando apareció su primer álbum en 1976, de cómo lo fascinaban las cosas que hacía Johnny con la guitarra cuando él estaba aprendiendo a tocar. Y hablamos de que los Ramones finalmente habían recibido el reconocimiento que se merecían al entrar, en 2002, en el Hall of Fame del Rock & Roll, y de que Joey Ramone había muerto el año anterior por un linfoma, y de que el bajista Dee Dee Ramone había muerto unos meses más tarde por sobredosis. Y ahora Johnny. Era demasiado feo pensarlo.
"A los dos nos enloquecen los viejos pósters de películas de terror", dijo Hammet, y me contó cómo él y Johnny se hicieron amigos cuando los Ramones y Metallica coincidieron en el festival Lollapalooza 96. "Este material es superoriginal. Hay toda una red de coleccionistas, pero Johnny es el único con el que me gusta hablar, porque no está lleno de los típicos clichés de los coleccionistas. El sabe de qué está hablando."
Le pregunté si creía que el hobby de Johnny tenía algo que ver con sus ideas políticas. Hammet lo pensó un rato. "Digámoslo de esta manera dijo: la afinidad por el Partido Republicano y por los asesinos seriales da una combinación explosiva."
Le dije que sí, que hablaría con Adam. También le pregunté a Hammet si Johnny querría decir algo para una nota. Unas semanas después estaba en la casa de Ramone.
"Sólo me duele cuando me siento o me levanto", dijo Johnny, mientras se reclinaba en el sofá. Johnny nació como John Cummings en Queens, Nueva York, en 1948 (no en 1951, como dicen las biografías oficiales), hijo de un obrero de la construcción y una mesera. En 1974 se hizo por primera vez el corte taza en el pelo y lo mantuvo así hasta su primer tratamiento de quimioterapia. El pelo volvió, pero también volvió el cáncer, así que quedó calvo de nuevo. De todos los Ramones, él era el más obsesivo con la imagen de la banda, en el escenario y frente a la prensa. Pálido y frágil, no se parecía demasiado al chico que se ganaba el escenario a la derecha de Joey Ramone.
"Fue más traumático la primera vez que se me cayó", dijo Johnny. "Entre eso y todo lo demás que estaba ocurriendo, sí, fue muy duro. No tenés mucha opción. Tenés que tratar de pasarlo lo mejor posible. A veces pensaba: «¿Valdrá la pena?». No lo sé. Me dicen que estoy mejor. Es cuestión de sobreponerse a todos los efectos colaterales. Igual, siempre hay algo. Siempre estoy enfermo."
Además de ser el más punk de la primera banda punk, Johnny también fue el primer punk que hacía vida bastante sana, manteniéndose sobrio y disfrutando de una salud excelente durante la época con más casos de adicción en la historia de la música. Hasta que le diagnosticaron cáncer de próstata hace seis años. En la escala Gleason de virulencia, que mide la severidad del cáncer hasta un punto máximo de diez, él tenía nueve. A comienzos del último año, se determinó que el cáncer se había extendido a sus huesos, pulmones y vejiga. Optó primero por radioterapia y luego por quimioterapia, consultando al mismo doctor que había atendido a Rudy Giuliani y a Robert De Niro por la misma enfermedad, y organizó conciertos a beneficio del Centro de Próstata del Cedars-Sinai en los que tocaron Pearl Jam y Red Hot Chilli Peppers.
"Me preocupa que piensen: «Oh, Dios, ese tipo otra vez», pero parecen contentos cada vez que me ven", dijo acerca del personal del Cedars-Sinai. "Siempre les llevo regalos. Quiero poder llamarlos si me siento mal y decirles: «Me pasa esto, ¿qué puedo hacer?». Hace dos semanas llamé y les dije: «Me siento cansado, débil». Me dijeron que fuera, y los estudios de mi sangre dieron tan mal que me hicieron una transfusión ahí mismo. Le dije al doctor: «Siento que me estoy muriendo». El doctor me dijo: «Es verdad. Si hubieras esperado unos días más, te habrías muerto»."
Parecía estar llevándolo bien.
"Sí, sí, sí. Sí", dijo, vestido con pantalón de jogging y bata, inclinándose hacia la izquierda unos cuarenta y cinco grados. "Es sólo este dolor. El dolor no tiene sentido para mí. Debería irse. Acaban de hacer una radiografía y no hay nada aquí, así que no entiendo por qué tengo esta infección secundaria que me duele. Y las entrañas se deterioran con la quimio, de la boca para abajo. No me gustan los calmantes. Los tomé y sentía dolor igual, y me sentía atontado. Odio eso. Siempre me gustó tener el control de la situación."
¿Habrá aprendido algo estando enfermo?, quise saber cuando lo vi. Johnny hizo una larga pausa y murmuró algo ininteligible. Luego hizo nuevamente otra pausa. "Es difícil decir si la pasé bien en algún momento. Sólo quería poder no hacer nada. Cenar, relajarme, no sentir dolor. Esas cosas son las que se disfrutan estando así. He tenido una buena vida. Me gustaría seguir viviendo. Me gustaría sentirme mejor. Pero fue una buena vida. Hice miles de cosas y dejé mi marca."
Johnny tomó unas pocas sesiones de "cura a distancia" con Adam por teléfono desde Vancouver, pero no funcionaron. Previsiblemente, Johnny nunca estuvo del todo convencido de hacerlo. Pero no se puede culpar a Hammet de no haber intentado cualquier cosa por salvar al tipo que pasó por 2.263 recitales y catorce álbumes entre 1976 y 1995, repartiendo alegría por el mundo a gente que realmente la necesitaba. Todo lo que Johnny quería a cambio era dinero suficiente como para poder retirarse. Finalmente, con puño firme y mente ahorrativa, juntó el dinero, e inmediatamente vendió sus veneradas guitarras Mosrite y sus amplificadores Marshall y se mudó a California.
Los Ramones, con una mínima publicidad y tras treinta años de haberse formado, son más famosos que nunca. Los cheques por los derechos de autor siguen creciendo cerca de un diez por ciento a- nual. Las remeras con el águila oficial de los Ramones sosteniendo un bate de béisbol pueden verse en adolescentes de los Estados Unidos y del mundo. El sello Rhino está lanzando una caja de cds y otra de dvds. Después de siete años de producción, finalmente salió End of the Century , un documental biográfico de la banda. Una comedia musical, Gabba Gabba Hey!, con dieciocho canciones de los Ramones, ha tenido una temporada exitosa en Australia y con suerte se estrenará el año próximo en los Estados Unidos. Más y más gente parece estar descubriendo a esa extraña banda de Queens, que, sin tener discos de oro ni caras suficientemente lindas como para aparecer en mtv, dejó una cantidad de canciones suficiente como para varios musicales.
"Creo que el mundo al fin entendió a los Ramones", dice Tommy Ramone (nacido Erdelyi), el baterista original de la banda, que trabajó en el musical con el novelista australiano Michael Herrmann y el director neoyorquino Andy Goldberg. "Estábamos adelantados a nuestro tiempo. Cuando algo es diferente, como lo éramos nosotros, la gente puede sentirse intimidada o celosa. Ahora lo que queda es nuestra música, y la gente por fin puede entender de qué se trataba la banda."
El documental presenta una imagen extremadamente sombría de la vida en la banda. Luego de cuatro álbumes casi perfectos a finales de los 70 ( Ramones, Leave Home, Rocket to Russia, Road to Ruin ), Joey y Johnny empezaron a odiarse. En parte era por el choque de personalidades. Joey era el romántico, liberal, hippy, que siempre llegaba tarde, y Johnny era el punk pragmático, conservador, que siempre llegaba a horario. Pero, más que nada, Joey le hizo la cruz a Johnny cuando éste se apropió de su novia, Linda Danielle, para finalmente casarse con ella. Los álbumes perfectos se secaron (aunque las mejores canciones seguían escuchándose de cuando en cuando), y la banda salió implacablemente de gira –Johnny y Joey convivían de mala gana en una pequeña van– como la única manera de hacer buen dinero. Johnny aparece como el monstruo calculador que hacía actuar a la banda incluso con todas las enfermedades que sufría Joey.
"Si hablamos de monstruos, Dee Dee era el primero", dice Danny Fields, manager de la banda entre 1975 y 1980. "Era un poeta genial, era encantador, y terminó con esos problemas de alcoholismo. Joey venía segundo, y Johnny, tercero. Tenía que mantener a cuatro personas difíciles, incluido él mismo, en forma para ganar dinero suficiente para que todos pudieran retirarse. Joey podría haber renunciado en cualquier momento, y hubo muchos obstáculos por sus problemas de salud. Pero Johnny es un dulce. Deberías verlo con sus gatos."
"Creo que al principio nos caíamos bien, pero la dinámica era superpoderosa", dice Tommy, quien también fue el primer manager y productor de los Ramones. "Esa es una de las razones por las que tuve que dejar la banda después de cuatro años en la van con ellos. Me hubiera ahogado. Soy muy susceptible, muy volátil."
Una gran ironía que se le escapa a la película es que Johnny se ablandó mucho cuando se retiró, desarrollando un don especial para la amistad. Durante los primeros cinco años de los Ramones, el tipo ni siquiera tenía teléfono, porque no quería que la gente lo molestara con sus problemas, y se iba directo a su casa después de cada show. Sus amigos de los últimos años incluían al actor Vincent Gallo (quien compartía sus ideas políticas de derecha), a Eddie Vedder (quien no las compartía) y a otros músicos, como John Frusciante y Rob Zombie.
"Para mí es casi como una figura paterna o un mentor", dice Robert Carmine, el cantante de Rooney, de 21 años, quien una vez le entregó un demo que a Johnny le gustó. "Nunca tuvo hijos. Los Ramones eran el bebé que lo obsesionaba. Cuando se retiró, necesitó otra cosa en la que concentrarse, y fueron sus amigos y su esposa. Me ha dado muchos buenos consejos: «Tocá para la gente del fondo, no de la primera fila»; «tratá de lograr un sonido fuerte, pero que no retumbe»; «apropiate de tu sección del escenario»; «cuidá el dinero»; «aprendé las cosas buenas que hizo otra gente». Me hizo escuchar música vieja buenísima, como la de Eddie Cochran y Gene Vincent."
"Es mucho mejor persona ahora que cuando estaba en la banda", continúa Carmine. "Pero la cosa con Joey sigue vigente. Vimos el documental juntos en su casa, y él no podía quedarse en la habitación cuando hablaban de las cosas de Joey. Todavía tiene el dolor y la bronca."
"Sólo uso zapatillas cuando hago gimnasia", dice Linda, la esposa de Johnny, golpeteando sobre el piso de madera con sus zapatos de taco alto y una pollerita mini floreada que parece de la Carnaby Street de Londres, de 1967.
Bueno, simplemente no puedo entender que haya vendido la Mosrite con la que tocó el noventa y cinco por ciento de su música.
"Toda la banda era igual", dijo Linda. "Sin sentimientos. Bueno, por ahí Joey tenía un poco. Ahora veo bandas que se abrazan antes de salir al show y dicen: «¡Salgamos a conquistarlos!». Eso sería algo totalmente bizarro en el mundo de los Ramones."
"No decíamos nada antes de los shows", dijo Johnny, mientras acariciaba a uno de sus gatos. "Nos quedábamos sentados, o nos tirábamos por ahí. Cuando llegaba el momento, salíamos al escenario y eso era todo."
Los músicos más amargos suelen tocar la música más alegre.
"No sé cómo funciona eso, ponerle alegría a una canción, no importa de qué se trate. No lo entiendo. Tengo buenos recuerdos. Debe haber sido muy divertido. Pero yo no sabía lo que era divertirse. Yo tocaba y listo. Me sentía bien si salía como lo habíamos planeado. Si nos salía mal, me molestaba. Sabía que algunos de los discos no eran geniales, y eso me hacía sentir pésimo. ¿Si la pasé bien los primeros tiempos en el cbgb? No creo. No sabía cuándo algo era divertido. Y de pronto, en la última gira, nos preguntamos si alguien iba a extrañarnos. Yo pensaba que todo el mundo nos olvidaría. ¿Fue divertido? No lo sé."
Si nunca se divirtió, ¿cómo supo cuándo parar?
"Quería llegar a los 20 años, hacer un álbum más, una gira más, y entonces sí, parar. Sentía que no estábamos siendo tan buenos como solíamos ser. Una vez estábamos discutiendo en la oficina, Joey, la gente de la compañía y yo, y yo me quejé de que Joey amenazaba con renunciar cada vez que discutíamos por algo. Joey lo negó. Luego alguien dijo que teníamos que despedir al publicista porque no hacía otra cosa que hablar de Joey solo, y Joey dijo que si echábamos al publicista él se iba. Y yo dije: «¿Sabés una cosa? Me voy yo. Un álbum más, una gira más, y, no bien decaiga, terminamos. No voy a cambiar de idea. Me harté de que tu lealtad sea con el publicista». Estábamos llegando al fin de todas maneras, pero eso hizo que terminara."
¿El mayor problema entre Johnny y Joey fue por una chica?
"No, nos llevábamos mal de cualquier modo. La situación no ayudó, pero igual no nos poníamos de acuerdo en nada. No sé. Simplemente, éramos diferentes. El tenía problemas de salud constantemente, no sólo el linfoma del final. Tenía ese problema por el que tocás las cosas una y otra vez."
¿Trastorno obsesivo-compulsivo?
"Sí, toc. Y permanentemente se le infectaban los pies. Si uno se enferma cada vez que tiene que empezar un álbum nuevo, es obvio que es algo mental. «¿Estás resfriado? ¿Otra vez?» Y sus ideas no eran prácticas. Venía con ideas que eran para perder dinero, entonces no tenía sentido hacerlas."
¿Vio a Joey desde que se separaron?
"Dos veces, firmando autógrafos en Tower. Eso es todo. Descubrimos que él estaba enfermo justo antes de Lollapalooza. Nos habían dicho que el linfoma es muy tratable con medicación, pero luego empezaron las complicaciones. Entonces le dije: «Joey, ¿cómo te estás sintiendo?». El me dijo: «Perfecto. ¿Por qué? ¿Por qué preguntás?». Entonces no me molesté en decir nada más. Cada vez que intentaba decirle algo, por ejemplo antes de que empezáramos una gira, al minuto me daba cuenta de que era en vano."
¿Fue al funeral de Joey?
"No, estaba en California, no iba a viajar hasta Nueva York. Pero de todos modos no hubiera ido. No hubiera querido que él viniera a mi funeral, y no me hubiera gustado oír hablar de él si me estuviera muriendo. Sólo me gustaría ver a mis amigos. Que me dejen morir tranquilo."
Pero crearon esa gran música juntos.
"Compartíamos un trabajo. Eso no significa que me cayera bien. Después de la separación, lo vi sólo dos veces."
El documental The End of the Century termina poco antes de la muerte de Joey por un linfoma y unos meses antes de la muerte de Dee Dee por sobredosis, cuando los Ramones son incluidos en el Hall of Fame del Rock & Roll, en 2002. Dee Dee jura no sentarse en la mesa de Johnny durante la ceremonia.
"Lo que no se ve es que Dee Dee se sienta en mi mesa justo después de decir eso", dijo Johnny con un suspiro audible y un malestar visible. "Y se quedó en mi mesa todo el tiempo. Estaba loco. Nada de lo que decía era verdad."
Les preguntaron si estarían dispuestos a tocar con otro cantante que reemplazara a Joey. "De ninguna manera. Que nos vean como éramos o que no nos vean. Que vayan y compren el dvd", dijo Johnny. "Nunca tocaría sin Joey. Era nuestro cantante."






