Electrónica y diversidad

Se realizó en Barcelona el festival que llegará aquí el 3 de diciembre
Jacinto Antón
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21 de junio de 2015  

BARCELONA.- Hay un momento muy emocionante al principio de cada edición de Sónar Barcelona. Es cuando la gente accede al domo siguiendo el rumor de la música que llega de lejos, como si fuera tras la melodía de un flautista de Hamelín tecno y se diera contra esa masa de sonido poderoso, pulsátil, con los graves masajeándole el alma o cualquier órgano sensible ahí dentro, entre el cuello y la ingle. Se quedan detenidos un segundo por la intensidad del reencuentro y la bofetada sonora y se dicen, como una fan de The Chemical Brothers: "Estoy donde tengo que estar."

La ceremonia se repitió el jueves. Más rotunda la emoción si cabe, porque desde 2013, cuando cambió de ubicación el festival, se llega al lugar y a sus esplendores de hierba (artificial) a través de una rampa-corredor que sugiere intensamente el pasaje del Coliseo por el que entraban los gladiadores.

El recinto de Sónar es enorme, casi imposible de abarcar en su amplitud. En el Sónar+D es posible ver cosas que uno siquiera imaginó, como el oval sound , controlado por ordenador y lo que ofrecen los equipos de realidad virtual.Un joven con la camiseta del Bayern Munich parecía estar cazando moscas con un visor que le tapaba media cara, pero vaya uno a saber qué estaba viendo. Al parecer, unos indígenas navajos que flotan delante de uno mientras se está en una suerte de trance cibernético.

De un cubículo brotan grandes aplausos para un individuo en una tarima. Es Yancey Strichton dando la charla Defining creative freedom, parte de la programación del congreso de Sónar+D paralelo a la parte lúdico-musical del festival.

Ya en el Village, pinchaba en vivo Skygaze desde una especie de guiñol lateral del escenario y ya había gente bailando.

Los espectadores fueron entrando a oleadas, como un desperdigado pueblo nómada que regresa del exilio a sus lugares de culto para las ceremonias del solsticio.

Llegaron con sus tatuajes, gafas polarizadas, talismanes, gorros de mil tipos y al menos uno con un canuto de hierba colosal (fue generoso con los vecinos).

Este año, como en otros festivales europeos, en Sónar no se puede usar dinero en metálico: la pulserita de acceso sirve de monedero electrónico que hay que cargar en puntos cashless del recinto. La oferta gastronómica, distribuida simpáticamente en camionetas vintage, se reveló variada. De ensaladita a ceviche y burrito de pollo, sin olvidar el puesto de butifarra catalana. El ritmo de servicio, bien. pero todavía el festival no llegó a su punto cúlmine. De momento, pasa aire en el Village.

La edición porteña

El festival barcelonés de música, creatividad y tecnología volverá a desembarcar en la Argentina. Será el 3 de diciembre, en Vicente López, con una grilla encabezada por los Chemical Brothers. Junto a ellos estarán Hot Chip, Brodinski, Recondite, Poncho, Evian Christ, Pional y Leandro Fresco, entre otros.

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