
Los Gardelitos sobrevivieron a la muerte de su líder y a Cromañón. Hoy, son lo más relevante del golpeado rocanrol
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De tablada a lanus, de mataderos hasta Flores/ De Barracas a La Boca, de Chacarita a La Paternal/ La sonrisa de Gardel ilumina la ciudad.” El alcance del mensaje y la pasión de Los Gardelitos, tanto antes como después de la muerte de Korneta Suárez, su mítico líder. No fue el único golpe que recibió la banda. Poco tiempo después de que Eli, el hijo de Korneta, se hiciera cargo del legado y se convirtiera en la nueva voz del grupo, el incendio de Cromañón abrió otra herida profunda en el núcleo de los Gardeles, la banda que, proporcionalmente, más público comparte con Callejeros (basta ver la cantidad de remeras en el santuario o en las marchas posteriores). Con una afluencia real de nuevos seguidores (sin intermediarios), ellos encarnaron como nadie el espíritu de supervivencia de un rock asfixiado y de puertas cerradas. Y el muchacho de la guitarra que se convirtió en la voz de la patria chica rockera es, para nosotros, el rocanrolero del año.
Eli Suárez tiene 27 años. “Todos de rocanrol”, afirma sin ego su figura humilde. Dos semanas antes del 12 de mayo de 2004 (el día en que Korneta apareció muerto en una calle del Bajo Flores), Eli decidió dejar la agrupación de tango Che Chino para abocarse a la banda de la flía, Los Gardelitos, un grupo formado por su padre, en casa, hacía diez años, alrededor de una guitarra de tres cuerdas. “No sé, fue como un presentimiento”, dice él. “Después de su muerte, me cayó la ficha de que me tenía que hacer cargo. Pero no me puse en papá ni en líder. Y una semana más tarde, cuando subimos con nuestros trajes al escenario de Cemento, tomamos la decisión.”
–¿La gente te puso a prueba?
–Sí, y era lógico. Pero creo que nadie dudó de que la esencia era la misma. Y yo me sentí como un puente, entre la gente y sus canciones.
–¿Cómo fue volver a la sala de ensayo?
–Fue un flash encontrarme con la sala de ensayo sin Korneta. Para mí, completamente vacía.
–Como referente de la escena más afectada por Cromañón, ¿qué cosas creés que cambiaron desde entonces?
–Me parece que hay un cambio en la cabeza del público. Y por eso los pibes no están llevando pirotecnia a los recitales.
–¿Dónde fueron a parar la liturgia, las bengalas?
–La liturgia y la ceremonia están. Pero va por dentro. Los pibes lo saben. Este viaje interior que estamos teniendo provocó revoluciones interiores. Ahí es donde empieza el cambio.
–¿Se regeneró el público de rock?
–En nuestro caso, siguió creciendo como si Korneta estuviera en la banda, de manera sostenida. El año pasado llevábamos 2.500. Ahora llevamos 3.500, 4.000.
–También tocaste como invitado de La Renga en Vélez. ¿Cómo estuvo eso?
–Fue como estar en la punta de una montaña. Nunca había visto tanta gente junta desde un escenario. Y ellos confiaron en mí como persona. Tanque me lo dijo: “Me gustaron las cosas que pusiste con la guitarra, pero nosotros te invitamos porque sos un buen pibe”. Eso me voló la cabeza. Y esa canción, “Ser yo”, es re Gardelitos.
–¿Por qué no tocan en festivales? ¿No les gusta, o el público de ustedes no está “domesticado” para esos eventos?
–Por primera vez, este verano vamos a ir a Gesell Rock, a Cosquín Rock… porque no lo hicimos nunca y porque creemos que puede ser una actitud más abierta. Para nosotros mismos y para nuestra gente. Nosotros sentimos que los Gardeles están empezando de nuevo…
–¿Qué banda nueva recomendarías?
–Huellas Quemadas, unos pibes del Bajo Flores que tienen 16 y 18 años. Y El Bordo. “A mi favor”, una de sus canciones nuevas, dice: “Un color no te hace diferente”. Para mí, el futuro viene por ahí…
–¿Sirvió para algo Cromañón?
–Para que se notara cuánto descuida el Estado a nuestros pibes, y cuánto detesta al rock como expresión cultural. Todo esto logró que a varios rockeros se les olvidara el significado de la palabra “rock”. Rockear es echar a rodar lo que vos sentís. Lo que vos pensás.
–Y los pibes, ¿qué aprendieron?
–Que ni toda la música del mundo vale más que ellos mismos. Yo, por ejemplo, daría toda la música del mundo por volver a tener a Korneta acá, conmigo.
–¿Cómo impactó tanta muerte en el público de Los Gardelitos?
–Y… estamos hablando de un hombre que pudo cumplir sus sueños, vivió hasta los 50 años y murió como él quería morir: caminando por la calle, como un poeta. Eso, comparado con 194 pibes que no vivieron nada y que murieron como nadie quiere… Yo digo: es una carga demasiado pesada como para que la cargue uno solo. Es imposible. Es imposible que la cargue Chabán o que la cargue el Pato. Es imposible.
–¿Entonces?
–Entonces tenemos que darnos cuenta de que algo falló en Cromañón y no fue una sola persona. Ni tampoco fueron seis ni ocho. Somos bastantes los que fallamos.
–¿Y qué creés que espera la opinión pública?
–Crucificar a Callejeros. Y al crucificar a Callejeros, están crucificando al rock. Es así. Pero no es fácil salir de la mentira, todo conspira. Son luces que se te aparecen adelante para enceguecerte. Son fuegos artificiales, no es lo que vos querés. Pero que los pibes siguen buscando un fuego, es verdad. Lo estamos buscando. ¿Para qué? Para iluminar el futuro.




