Eliades Ochoa, una leyenda del son cubano
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Buena Vista Social Club presenta a Eliades Ochoa / Teatro ópera / Función: Viernes 14 de septiembre / Clasificación: Muy bueno
Un fiestón espontáneo, como en una de esas típicas tardes de música y baile en la Casa de la Trova, se reproduce en el escenario del Teatro Ópera. Llevados por el caliente ritmo cubano, la gente abandona sus lugares y sube a bailar al escenario, sin invitación ni previo aviso. Eliades Ochoa es el culpable: ese ritmo del oriente cubano es tan contagioso que nadie se puede quedar sentado. Detrás de la multitud asoma el sombrero y la voz guajira, que repite incansable junto con todo el teatro el estribillo de "El Cuarto de Tula", uno de los números más populares del Buena Vista Social Club.
El sonero cubano ofrece uno de esos regalos difíciles de olvidar al final de su show. No será el único. A lo largo de la noche, el trovador ofrecerá un jugoso repertorio de guarachas, boleros y sones, que rubrican el sello sonero de Eliades Ochoa, junto con el Cuarteto Patria, agrupación con la que está celebrando sesenta años de historia, y que incluirá los temas más populares del Buena Vista Social Club.
Es verdad que la figura de Eliades Ochoa se hizo más visible en el panorama mundial de la música por su participación en el proyecto de Ry Cooder. Pero no hay nada sobredimensionado en su talento. Eliades no es una leyenda por un disco: hace falta escucharlo tocar los primeros acordes, para que rápidamente se entienda por qué fue elegido como una de las estrellas de la música cubana de las últimas décadas; o por qué fue convidado a participar de proyectos como Afrocubismo, donde departe sesiones improvisadas junto con glorias africanas, como Toumani Diabate.
A Buenos Aires, el músico cubano llega con toda esa historia y no defrauda. Parece que estuviera pasando por su mejor momento, no sólo como intérprete, sino como el heredero de una larga escuela de sabiduría popular de la música del oriente cubano, donde nació y desarrolló su sonido. Siendo uno de los más jóvenes del Dream Team cubano, Eliades está entero y empatiza enseguida con el humor del público, a partir de la sencillez de sus palabras y el indómito ritmo de su tres.
Sobre el escenario, su rutina (multiplicada a partir del fenómeno Buena Vista) no perdió ni un poco de frescura. Así, piezas clásicas y muy populares de su repertorio como la guajira "El carretero", o el himno "Chan-chan", de Compay Segundo (que reproduce con la fidelidad del disco), mantienen su energía y fascinación original. Lo más interesante de Eliades es su versatilidad para tocar el tres cubano y ese talento autodidacta para improvisar, con naturalidad, sobre diferentes ritmos cubanos. El ensamble, que suena con justeza y brillo en su sesión de vientos (aportan el sonido más de orquesta bailable) y el tumbao del piano, le permiten transitar con autoridad por el son de los cuarenta. Pero sus propias composiciones también tienen esa cadencia, sabrosura, humor y el toque de sofisticación necesaria para reactualizar una fórmula musical que tiene más de un siglo de historia, como si fuera un B.B. King de Sierra Maestra.
Durante el concierto ofrece todo lo que el público espera escuchar y más, porque el legendario sonero recurre a otros ritmos menos transitados de Cuba como el antiguo changui (otra de sus especialidades) y el merengue, al que le aporta una letra lisérgica y ecológica, "A la Luna yo me voy". La picardía y naturalidad que tienen muchas letras del son cubano son la excusa para hacer bailar a la gente: incluso cuando suenan los boleros la gente baila al fondo del teatro. Ése es el verdadero objetivo de Eliades Ochoa. "Se está armando un lindo ambiente, familia", se entusiasma a mitad del show. Después ni la seguridad podrá frenar al público, bajo los efectos embriagadores del son de Ochoa.ß Gabriel Plaza.





