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Elvis Costello no tiene miras de parar. Después de Secret, Profane & Sugarcane (2009), mantiene el mismo equipo de trabajo –una rareza en su carrera, plena de ángulos abruptos y cambios inesperados– para el sucesor. Es decir, el productor T-Bone Burnett y una banda que es una combinación de los Imposters (Steve Nieve y Pete Thomas) y los Sugarcanes (el guitarrista Marc Ribot, que provee de angularidad new wave a algunos temas). Son dieciséis nuevas canciones con letras literarias y evocativas, y la habitual diversidad musical. Hay rock, folk, country, temas que suenan como antiguos standards, delicados arreglos de cuerdas, vientos que evocan el jazz arcaico de Nueva Orleáns, e invitados como el resucitado Leon Russell, con su fantástico piano de boogie-gospel en "My Lovely Jezebel". Todos estos elementos son utilizados por Costello con la sabiduría de un maestro para colorear las historias, cada una de las cuales tiene la fecha en que supuestamente transcurre. Sátiras a los banqueros de Wall Street (el tema que titula el álbum), una madre que llora la ejecución de su hijo, un soldado desertor, o la historia del hombre asesinado "erróneamente" en el subte de Londres son sólo algunos ejemplos.
Por Claudio Kleiman
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