
“Cuando me pelé a ras me di cuenta de que era pequeña, frágil y delicada”.
1 minuto de lectura'
Pudo haber sido cocinera o deportista. Si así hubiera sido, tal vez no podría haber conseguido un autógrafo de Rod Stewart para llevar a casa.
Gracias a dios a Ely Guerra le fue pésimo cuando inició su carrera, porque si su primer disco [Ely Guerra, 1992] no hubiera sido un verdadero desastre, tal vez hoy tendríamos otra flaca despampanante engordando las listas del pop. Ely, viendo que no vendía muchos discos, recapacitó y cinco años más tarde lanzó al mercado Pa morirse de amor, un álbum que se acerca mucho más a ese estilo rocanrolero que finalmente le ha dado tantos éxitos, y que tiene tan pocas exponentes en la parte hispana del continente. La historia de la mexicana continúa con importantes presentaciones en el Latin Alternative Music Conference [LAMC] en Nueva York; algunas nominaciones a los MTV Latinoamérica; apariciones en festivales, bandas sonoras, tributos a diferentes artistas por toda América y dos trabajos discográficos más: Lotofire [1999] y Sweet & Sour, Hoy y Spicy [2004]. Sobre éste, su nuevo álbum, los años en que le tocó luchar contra la herencia atlética familiar y sus constantes cambios de look habló con Rolling Stone.
¿Cómo sucedió que siendo tú la hija de un futbolista y una modelo terminaste haciendo música?
Por pura vocación. Desde los nueve años estoy escribiendo cuentos y componiendo canciones. Lo hacía como una forma de salvamento, como una manera de explicarme a mí misma muchas cosas que me sucedían y que no entendía. Pero al final, los cuentos son historias ajenas, en cambio las canciones son propias y, por eso, se convirtieron en mi estilo de vida.
¿Tus padres alguna vez influyeron para que siguieras sus pasos?
Nunca recibí clases de música. Como mi familia era de atletas, siempre me metía en clases de natación y de baile. Sin embargo, para mí siempre tuvo más peso la guitarra.
Durante los doce años que llevas de carrera, sólo has grabado cuatro discos. ¿No tienes afán de grabar?
Mi onda de grabar es muy diferente a la de otros músicos. Yo necesito mi espacio para componer, no puedo hacerlo en hoteles, en medio de las giras. Necesito tiempo para explicarme cosas a mí misma sobre mi estado de ánimo y lo que me pasa. Además, hacer un disco es un proceso muy complicado. Por ejemplo, para hacer mi último álbum, duré año y medio sólo en la composición de los temas, ocho meses en estudio, seis más haciendo las mezclas y el arte. De verdad hacer un disco es una trabajo que necesita de mucha atención. Además, lo veo como un proceso muy mío.
¿Por qué hay tanta alusión a la comida en tu disco y en tu página web?
Porque la cocina es mi segunda profesión. No pude trabajar en eso pero cada vez que tengo tiempo cocino en mi casa, para mi pareja y mis amigos. Es una actividad hermosa que merece espacio en mi vida porque me relaja muchísmo. Además, hay demasiadas similitudes con la música: ambas requieren de creatividad, entusiasmo, estilo y sazón para llegar a una receta que te alimente el espíritu y la barriga. Tenía muchas ganas de mostrar esa relación que a veces parece imperceptible.
¿Cuál es tu especialidad?
Trato de hacer de todo un poco: tailandesa, hindú, vietnamita, mexicana, italiana, japonesa, incluso ahora estoy ensayando la comida coreana a partir de un libro que me regaló mi papá. Lo importante es hacer recetas propias a partir de esas conocidas. Finalmente creo que lo mío es la comida fusión.
¿Tu apariencia actual la escogiste para tu último disco?
No, la verdad, venía con el afro de antes. Siempre que entro en un estado de ánimo diferente en mi vida hago un cambio radical con mi pelo. Pero, para serte sincera, éste me sucedió antes de empezar a grabar mi disco
¿O sea que cuando te rapaste lo hiciste porque andabas medio triste o furiosa con la vida?
Fue un momento de rebeldía. Quería que prestaran más atención a lo que escribía. Toda la vida me sentí la ruda de la familia, frente a mis hermanas que eran súper delicadas. Yo era la que cambiaba los focos y movía el refri. Pero cuando me pelé a ras me di cuenta de que era pequeña, frágil y delicada. La gente siempre me decía oye, pero que cabeza tan chiquita tienes y sin cortadas. Fue chistoso porque precisamente ahí descubrí mi feminidad.
¿A quien le has pedido autógrafos?
A Rod Stewart. Yo estaba en el aeropuerto de Londres [era la época en que estaba grabando mi segundo disco] y de pronto lo vi ahí, todo de terciopelo y con su melena roja, tan maravilloso. Y como mi mamá es fanática de él, pensé que la mejor forma de hacer que ella viviera la misma escena era pidiéndole un autógrafo. Entonces, me acerqué de la manera más correcta posible y le pedí un autógrafo para mi mamá.



