
Emilio Alfaro fue un artista con inquietudes
El actor y director falleció a los 65 años.
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No fue fácil para Emilio Alfaro, que falleció anteayer a los 65 años en esta ciudad tras una complicada intervención quirúrgica, transitar su existencia.
Introvertido, ansioso de depositar en su tarea artística todo el cúmulo de experiencias que le entregaba su mundo exterior y responsable al máximo por brindar al público esa neurosis que lo entristecía o que lo hacía sentir feliz, tuvo tantos éxitos como fracasos en su recorrido como actor y como director teatral y cinematográfico y en su reconcentrada vida privada.
De niño deseaba ser jugador de fútbol, bombero o dentista. Pero en su fuero íntimo ya se gestaba el actor, el creador de otros seres que, en definitiva, serían su alter ego . Había nacido el 20 de enero de 1933 en el barrio de Palermo Viejo. Su padre lo obligó a seguir estudiando en la escuela secundaria y posteriormente comenzó a prepararse para la carrera de abogacía. Allí se sintió atraído por el teatro. Tenía veinte años, comenzó a estudiar en el Instituto de Arte Moderno, que dirigía Marcelo Lavalle. Allí debutó con "Verano y humo", de Tennessee Williams. Su figura alejada del prototipo de galán carilindo lo obligaba cada vez más a ponerse en la piel de esos personajes torturados de los que brotaban el amor, el odio, la felicidad y el desamparo.
Mientras tanto, el cine ponía a su disposición papeles que sabía manejar con tanta habilidad y hondura. Así, sus participaciones en "El jefe", "Los jóvenes viejos", "La sentencia" o "El pibe Cabeza", entre otros títulos, lo lanzaron a la popularidad masiva.
En 1965 se unió al elenco de Gente de Teatro, que con la dirección de David Stivel integraban Bárbara Mugica, Marilina Ross (su mujer durante siete años), Norma Aleandro, Federico Luppi y Carlos Carella. Con este grupo representó piezas de enorme éxito y, cuando el elenco se desmembró, Alfaro consideró que ya estaba maduro para ponerse, desde la dirección, al frente de algún proyecto escénico.
Su puesta de "El hombre elefante", de Bernard Ponerance, lo mostró en la cumbre de su talento. En "Papá", del irlandés Hugh Leonard, rescató uno de los grandes sucesos de Broadway, y con "Confesiones de una sirvienta" logró todo el patetismo y la angustia que proponía la obra de Hermann Broch.
En el Regina puso en escena "Trío", de Kado Kostner, y con "El acompañante" demostró sus grandes cualidades de director de actores teniendo en sus manos a Cecilia Rossetto y Danilo Devizia. Muchos otros títulos -"La señorita de Tacna" y "Posdata: tu gato ha muerto", entre otros-, se sumaron, con óptimos resultados, a su febril entrega al teatro. En 1988 recibió el premio Estrella de Mar por la dirección de "La señorita de Tacna", protagonizada por Norma Aleandro, una de sus actrices predilectas.
En televisión, y junto a esta intérprete, encarnó numerosos tipos en en el recordado ciclo "Cosa juzgada".
En 1985 se propuso volver al cine y, con Rafael Filippelli, dirigió e interpretó "Hay unos tipos abajo", un film con algunas fallas de narración y un hondo clima de misterio.
En 1973, y junto con Juan Carlos Gené, fue designado para dirigir Canal 7 con la que inició una intermitente carrera de funcionario público. En 1989 se lo convocó para la conducción del Teatro San Martín, y en 1992 asumió como director de Acción Cultural, Teatro y Artes Visuales de la Secretaría de Cultura de la Nación.
Hace un par de años había vuelto a la dirección escénica con el espectáculo "A corazón abierto", interpretado por Gerardo Romano.
Así quedó atrás la época de las persecuciones políticas, en la que Alfaro era uno de los nombres prohibidos y, también, el momento de dejar de lado sus enormes cualidades de actor y de director.
En los últimos años su figura se fue diluyendo del ambiente artístico. Su rostro poco propenso a la sonrisa, sus lacónicas palabras y esos temores y ansiedades que lo automarginaban lo encerraron en un solitario ostracismo. Luego su enfermedad incrementó ese pesimismo que ya era parte de su intrincada personalidad.
Los restos de Alfaro fueron inhumados ayer en el panteón de la Asociación de Actores, en la Chacarita.
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