
En barril por las cataratas del Niágara
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Intrépida, Annie Edson Taylor. Maestra jubilada estadounidense que el 24 de octubre de 1901 se transformó en la primera persona que sobrevivió a un salto en las cataratas del Niágara, en la frontera entre Canadá y Estados Unidos.
Por motivos seguramente ligados con la búsqueda de celebridad, varios habían perseguido antes el mismo objetivo, todos con mala suerte, murieron; muchos otros lo harían después. Algunos se saldrían con la suya; otros no.
Taylor, que para llamar aún más la atención de la prensa alegaba que sólo tenía 42 años, realizó su proeza personal dentro de un barril de roble de poco menos de metro y medio de altura, relleno de almohadas y un pequeño colchón; en el fondo, para que se mantuviera vertical en el agua, se ajustó un yunque de 45 kilos. También llevaba su almohadón de la suerte, uno con forma de corazón. Hasta minutos antes de lanzarse aguas abajo, la mujer recibió aire bombeado directamente desde un inflador de bicicleta.
Después de una caída de poco más de 50 metros fue rescatada con algunas magulladuras, aunque con vida.
De todos modos, el riesgo corrido no le reportó la fama y fortuna esperadas, sólo consiguió obtener algún dinero, poco, posando junto a su barril. Murió, pobre y olvidada, dos décadas después de su salto entre aguas turbulentas.
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