
En el Requiem, el coro fue protagonista
Concierto sinfónico-coral. Primera parte: Sinfonía nº 8 en Si menor, D. 759 (Inconclusa), de Franz Schubert, y Misa de Requiem, en Re menor, KV 626, de Wolfgang Amadeus Mozart. Coro Polifónico Nacional preparado por Julio Fainguersch y Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Gregorio Gutiérrez. Solistas vocales:María Bugallo (soprano), Marcela Pichot (mezzo), Carlos Ullán (tenor) y Ricardo Yost (barítono). Organo: Adelma Gómez. En el Auditorio de Belgrano. Nuestra opinión: muy bueno
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Con imponencia de voces concluyó el concierto sinfónico-coral a cargo del Coro Polifónico Nacional preparado por el maestro Julio Fainguersh, acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional y dirigidos ambos por la batuta del español Gregorio Gutiérrez. La obra escuchada -el Requiem en Re menor KV. 626, de Mozart- se erigió nuevamente como un monumento de la música sacra de todos los tiempos por el vuelo y la devoción transmitida por coreutas y ensambladas secciones orquestales.
Para quien siguiera el texto latino de esta Misa de Requiem poco importaba la meneada anécdota del misterioso mensajero que encomendó la obra a un desfalleciente Mozart al borde de la muerte.
Es que, a medida que avanza una partitura donde el predominio coral es evidente, se va descubriendo en qué medida Mozart elaboró una síntesis entre la polifonía (considerada en sus días como una chochera arcaica) y el estilo de su época: el melodismo monódico, traducido en un lenguaje riquísimo que transfiguró lo que el arte alemán había acumulado en siglos. Incluido el arte contrapuntístico y el fervor místico de la música de Juan Sebastián Bach, encaminados a expresar con unción el texto sagrado.
Ya desde los lentos y tristes acentos del "Requiem aeternam", que refulgen en el siguiente verso "Et lux perpetua", donde el Coro Polifónico da muestra de solidez y flexibilidad expresiva poco comunes, se descubre el espíritu religioso de Mozart. En ese texto inicial, que concluirá en el Kyrie-Christe-Kyrie -incluida la brevísima parte de soprano- se advierte la gran distancia que la separa del estilo mundano y teatral de la música de Haydn para la iglesia y de obras "sacras" de operistas posteriores, como Rossini.
No en vano Mozart había escrito en el campo de la música vocal veinte misas y una cantidad considerable de motetes, salmos, vísperas...
El joven director Gregorio Gutiérrez ha querido y ha impuesto protagonismo vocal a la obra nada operística de un compositor de memorables óperas. Pero no en desmedro de su ensamble con la orquesta -ni siquiera del órgano, a cargo de Adelma Gómez-, sino en el plano sonoro más contundente que lo habitual. Lo demuestra, desde el mismo comienzo del "Requiem", lo confirma en el explosivo y dramático "Dies irae"; lo repetirá (tras el extenso tramo de solistas de "Tuba mirum") en el imponente coro de "Rex tremendae majestatis", y lo rubricará en los pasajes "Confutatis maledictis", en el belllísimo y difundido "Lacrymosa", y en los pasajes finales del "Domine Jesu Christe" y de las partes en fuga de "Hossana" y "Cum sanctis tuis".
El Coro Polifónico Nacional dio muestras de empuje, refinamiento, versatilidad, potencia y musicalidad. Nuestro coro, único organismo musical no estable de la Secretaría de Cultura, nos ha honrado nuevamente. A propósito, uno espera, amén del reconocimiento oficial como cuerpo estable, la posibilidad de escucharlo en teatros y salas importantes de Buenos Aires y el interior con un repertorio a capella.
Si alguien escucha el Requiem de Mozart pensando en juzgarlo por medio de los solistas vocales, equivoca de obra. En las escasas partes en que intervienen soprano, mezzo, tenor y barítono, algunas de las cuales ("Tuba mirum", por ejemplo) donde se cuela algún rasgo operístico, no hay labor digna de ser destacada. Y no merecería serlo, por suerte, gracias al discreto protagonismo que les asignó el músico.
Este concierto dio comienzo con la transitada "Sinfonía inconclusa", de Schubert, en una versión donde los énfasis, tanto en planos sonoros como en el estilo imitativo, le otorgaron coherencia estilística y cautivante dinamismo.






