
En la ópera, hay madres y madres
Puesto que el domingo próximo es el Día de la Madre -y como la mía, además, es lectora de esta columna- se me ocurrió que valdría la pena dedicarles el espacio de hoy. Naturalmente, empecé preguntándome si la música les ha rendido los honores correspondientes, por aquello de que "madre hay una sola". Pero, ya bien metida en el asunto, advertí que el panorama era más bien tétrico para el sexo débil. Un rápido paseo por el repertorio musical deja en claro que se le confiere menor protagonismo del que se podría sospechar.Y hasta diría que hay una ofensiva marginalidad. Es cierto, existen hermosas canciones de cuna en todos los idiomas; y también está el repertorio dedicado a la Vírgen María, la "madre de las madres", según la idea de la feligresía católica. Pero en el dominio de la canción culta profana los ejemplos son relativamente escasos, aunque existan algunas joyas entre los Lieder de Wolf, Schumann o Strauss.
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Con todo, es en el terreno de la ópera donde resulta sorprendente la ausencia de grandes figuras maternas, aunque por ahí aparezcan algunas excepciones. Porque lo cierto es que casi todas las heroínas jóvenes y puras -o "ma non tanto"-, aquellas que están en edad de merecer, son aparentemente huérfanas de madre, a las que compositores y libretistas sacan del medio sin el menor rubor. Y todo ¿para qué? Para poner énfasis en la figura paterna, estableciendo una relación más profunda, intensa y a veces compleja de hija y padre. Decenas de óperas famosas reiteran aquella fórmula. Así en el Verdi de"Rigoletto", en el de "Simon Boccanegra", "La forza del destino" y "Aída", donde la situación se da por partida doble: la protagonista y su rival Amneris, ambas de madre desconocida, aparecen afectivamente dependientes del padre. Los ejemplos se multiplican con "Don Giovanni", de Mozart, o con títulos como "Norma", de Bellini, o "Gianni Schicchi" de Puccini. Con Wagner, la cosa no mejora.
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En realidad, la madre sólo aparece fortalecida cuando el vínculo se establece con un hijo varón. En "Cavalleria rusticana", la "mamma Lucia", encarna a todas las madrazas del mundo. Menos mal, porque algunos argumentos dan cabida a madres perversas y castradoras como la Reina de la noche en "La flauta mágica", o los personajes maternos de Richard Strauss: Herodías, adúltera e incestuosa, en "Salomé", y Clitemnestra en "Electra". Y de Medea, mejor ni hablar. Porque aquí ya estamos metidos en pleno territorio de la historia sagrada y del mito griego. De modo que la ópera no hace sino reflejar un complejo cultural de siglos o, si se acepta la interpretación de Jung, una serie de modelos que surgen del inconsciente colectivo de la humanidad.
Por eso, madres, dejemos de lado a los Edipos y Electras y a sus respectivos complejitos, y no le echemos la culpa a la ópera, porque aunque la Ciega de "La Gioconda" de Ponchielli diga que "ser madre ¡un infierno!", también puede ser el paraíso. ¡Feliz día!





