
En las sombras del genio
"Hilary y Jackie" ("Hilary and Jackie", Gran Bretaña/1998, color). Producción hablada en inglés, presentada por Líder. Basada en el libro "A Genius In The Family", de Hilary Du Pré y Piers Du Pré. Guión: Frank Cotrell Boyce. Intérpretes: Emily Watson, Rachel Griffiths, David Morrissey, James Frain y Charles Dance. Fotografía: David Johnson. Música: Barrington Pheloung. Diseño de producción: Alice Normington. Dirección: Anand Tucker. 121 minutos. Nuestra opinión: buena.
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Jacqueline Du Pré, la famosa violoncelista inglesa, tenía todo para ser popular, y lo fue. Rubia, atractiva, fogosa, llamó la atención desde chica por sus dotes como violoncelista y por el temperamento que hacía visible en escena cuando se movía, con escasa ortodoxia, al compás de la música. En 1962, su cálida expresividad encontró un vehículo inestimable en el concierto de Elgar, a cuya interpretación quedó desde entonces asociada, pero también contribuyeron a consolidar su fama sus constantes giras alrededor del mundo y su casamiento, en 1967, con el pianista y director argentino Daniel Barenboim, artista joven y glamoroso como ella, con quien desarrolló intensa y aplaudida actividad en recitales, conciertos y grabaciones.
Su dramático final contribuiría después a hacer de la exquisita intérprete una leyenda: no había cumplido aún treinta años cuando una esclerosis múltiple truncó para siempre su carrera, la sometió a un largo padecimiento y la condujo a la muerte, en 1987.
"Hilary y Jackie" bordea el retrato biográfico de la recordada artista, pero se concentra, sobre todo, en la conflictiva relación que mantuvo con su hermana mayor, Hilary, elección que se comprende, ya que el libro sobre el que está basada la película es el que los dos hermanos de Jacqueline -Hilary y Piers- publicaron con el ilustrativo título de "Un genio en la familia".
El retrato puede ser parcial, injusto, arbitrario e incluso cruel; de todo esto fue acusado el libro cuando se lo editó en Gran Bretaña desatando una controversia que también, por supuesto, alcanzó después al film. El eje de la discusión era, obviamente, el demorado dibujo de los costados más sombríos de la personalidad de la artista, su egoísmo infantil, su inestabilidad emotiva y su temperamento caprichoso, al que se adjudican muchos de los arduos conflictos que la tuvieron como protagonista, entre ellos una forzada relación íntima con el marido de Hilary, la accidentada unión con Barenboim y su no menos conflictivo vínculo con la música y la fama.
Labores descollantes
Estamos aquí demasiado lejos y por ende no tan familiarizados con la historia íntima de Jacqueline Du Pré como para apreciar si lo que el film describe coincide con la imagen pública que de ella se conserva en Inglaterra, o para juzgar si la pintura que el film propone resulta mezquina con la artista y quizás excesivamente generosa con Hilary, aunque es notorio que ésta resulta favorecida en el reparto de virtudes y defectos.
Lo que de todos modos puede aseverarse es que el realizador Anand Tucker tuvo el suficiente buen tino como para no cargar las tintas ni regodearse en los costados más escabrosos de la historia y para concentrarse, sobre todo, en los altibajos del vínculo fraterno y en el dibujo psicológico de los dos personajes, a los que concede alternativamente el papel del narrador.
Formalmente, su labor no se aparta demasiado de los modelos conocidos -incluso recurre a un par de viejos lugares comunes-, pero privilegia el dibujo interior y atiende cuidadosamente a las atmósferas.
La música, que en alguna medida determina la estructura narrativa del film, es un elemento decisivo, y Tucker sabe utilizarla, dentro de la acción o desde la banda sonora, para ilustrar los sentimientos de sus criaturas o para comprometer el sentimiento del espectador. Pero sobre todo, el realizador se apoya en la solidez de un elenco que no exhibe puntos flojos y en el que las dos solistas alcanzan pasajes de singular virtuosismo.
Emily Watson pone en juego su transparente expresividad, su temperamento y su vulnerabilidad casi enfermiza para componer a Jackie: es visible su entrega, sobre todo en los tramos finales, cuando la enfermedad va dejando su terrible huella en la protagonista y las imágenes se hacen desgarradoras. Con menos posibilidad de lucimiento exterior pero similar sensibilidad, Rachel Griffiths expone el callado dolor de la mujer que vive siempre a la sombra de su hermana y es capaz de percibir el ímpetu creativo de su genio y la ingobernable fuerza destructora que parece inseparable de él.






