
Erase una vez... China Zorrilla
Transformada en actriz ambulante, lleva por todo el país un espectáculo en el que cuenta la historia de su vida con humor
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El encuentro fue en Entrecasa, el nuevo espacio dedicado a diversas actividades culturales. Allí estaba Alberto Migré, invitado de Laura Ubfal para "La linterna". Finalizando la charla, el autor mencionó como una de sus actrices predilectas, para la telenovela, a China Zorrilla. En ese momento la actriz ingresaba en el local y, al ver al autor de televisión, exclamó: "No me digan que es Alberto Migré". Presurosa, se dirigió hacia el pequeño escenario y pidió la palabra.
"Hay algo que tengo que decir -comenzó, dirigiéndose a la audiencia-. Yo vine a este país en 1971, con la obra "Mi querido mentiroso", que interpretaba con Villanueva Cosse. Tenía pensado presentarla en la Capital y después viajar por el interior. Pero como no éramos figuras conocidas, se nos pinchó el viaje y yo me quedé sin trabajo. Llegué a la casa en que estaba parando y me dijeron que me había llamado un tal Migré. Y bueno, pensé yo, que me vuelva a llamar, porque yo no lo conocía. "¡¡¡China, es Migré!!!", dijeron, y me explicaron quién era. La llamada era para ofrecerme el papel de la madre de Solita en la telenovela "Pobre diabla". A los dos meses de emitirse el programa, me llamó el productor de "Mi querido mentiroso" para decirme que se hacía la gira, porque la gente del interior, por "Pobre diabla", quería verme personalmente. Por eso siempre digo que gracias a Migré yo empecé a trabajar en la Argentina."
Esta es una de las tantas anécdotas que China Zorrilla ha recogido de sus experiencias y que ahora ha decidido contar a la audiencia "en vivo y en directo", aclara la actriz.
Estas tres funciones que ofreció en Entrecasa fueron una experiencia tentativa para luego encarar esta gira por distintas localidades del país.
Con la casa a cuestas
Pero China, ya desde "Eva y Victoria", no es una viajera común. No le gustan los aviones y, para evitar tanto trajín, los productores pusieron una casa rodante a su disposición para trasladarla cómodamente de un lugar a otro. "Con living, dos dormitorios, baño y cocina", explica.
"Es una maravilla -continúa China-. Poder empezar un libro y terminarlo antes de llegar a otra ciudad. Hacía años que no podía hacer eso. En lo que no estuvimos muy acertados fue en la elección de los climas. En invierno fuimos a Ushuaia, y ahora, que vienen los calores, nos vamos para el Norte."
Ante la pregunta de si se siente una tortuga o un caracol, porque viaja con su casa a cuestas, ella ironiza, con una carcajada: "A mi edad, caracol... Cuando hacíamos la gira con "Eva y Victoria", que duró años, yo iba en un micro reformado para que hubiera una cama, una cocinita, etcétera. Esta obra me permitió recorrer toda la Argentina por tierra." Y comienza a desgranar una serie de experiencias que le sucedieron en ese viaje. De cada situación saca una anécdota en donde siempre encuentra el humor. Por eso, "Había una vez..." resulta ser un compilado de cuentos humorísticos, aunque el espectador sabe que se refieren a situaciones y vivencias de la actriz que sabe volcarlas con una gran dosis de humor, sintiéndose identificada con la risa.
Esta idea comenzó hace dos años, cuando Marcela Tinayre y Mario Mactas le trajeron un proyecto para televisión, donde ella pudiera contar algunas de sus vivencias, como por ejemplo su presencia en la coronación de la reina Isabel II de Inglaterra, el famoso apagón en la década del 60 en Nueva York, su estada en el Londres de posguerra y en el Festival de Cannes cuando ganó "La dolce vita". A partir de esta idea hizo "Noches chinas", y posteriormente la llamó Sudamericana para publicar un libro que hacía tiempo que China estaba escribiendo, "Los dientes del perro".
"¿Sabés por qué se llama así? Te voy a contar. Iba Cristo con tres jóvenes por el campo y huelen a podrido. A la vera del camino había un perro muerto desde hacía días. Uno de los jóvenes hablaba de las tripas expuestas; otro, del tamaño de los coágulos en el cuerpo; otro, de las cuencas de los ojos vacías. Cristo mira al animal y dice: "¡Pero qué lindos dientes tenía!" En todas las cosas, yo he pasado mi vida buscando los dientes del perro. Y los encontrás; en los peores momentos, los encontrás. Sudamericana quiere que yo escriba esas anécdotas y yo quiero que las escriba un periodista. En eso estamos."
Posteriormente, el productor Juan Urquiza la tentó para llevar esas historias al escenario.
"Al hacer la primera charla, me di cuenta de que yo crecía, porque el público se ríe, se calla cuando debe hacerlo. Se engancha. Y en este momento vivo de esto."
Que una persona como China "viva de esto" suena extraño, por todos sus antecedentes familiares y por su inagotable trayectoria. Pero ella insiste: "Lo hago por necesidad económica. La gente cree, y tiene todo el derecho, que soy rica -explica, largando una carcajada-. He ganado plata antes de llegar a Buenos Aires. En Uruguay no entendían por qué yo no era millonaria. Tengo casas acá y allá, pero mi teoría de que hay que dar no la predico solamente: la practiqué siempre".
Entusiasmos y decepciones
De esta generosidad hay famosas figuras que estarían dispuestas a dar testimonio. China Zorrilla es una actriz que se toma la molestia de llamar por teléfono para aconsejar qué obras "hay" que ir a ver, o para elogiar el trabajo de un actor.
Es más: en la entrevista no puede con su genio y se entusiasma al hablar de una obra que leyó y que quisiera llevar al escenario como actriz o como directora, de la misma manera como habla de los proyectos que no pudo hacer.
"Estuve la mitad del año sin hacer nada. Tuve una experiencia desagradable con Alejandro Romay. Me llamó para ofrecerme "Amy´s view", me mandó la obra, tuve dos reuniones con él -me dio un rico té- en su oficina para hablar sobre el director. Le dije que fuera de acá, que no hacía falta traer uno de Londres. Que acá están rascándose los Fernandes, los Alezzo, los Carlos Gandolfo. Me ofreció dirigirla, le dije que no, y bueno, quedamos en eso. A partir de esto, si te he visto no me acuerdo. Entonces armé esta propuesta, porque no tenía televisión ni cine. Lo hice un poco a prueba. Lo quería titular, retomando un diálogo de Louis Jouvet: "El teatro, qué teatro", y abajo, chiquito, "La vida, qué teatro". Pero quedó "Había una vez..." Y sigue habiendo, porque a esta altura de mi vida siento que crezco al enfrentar al público. Estas charlas se convierten en un espectáculo humorístico. Yo soy una vieja comediante, astuta, que sabe cómo hacer una pausa y crear un clima. No me doy cuenta, pero siento que estoy creando un personaje. Me gusta ver reírse a la gente de algo que no sea de sexo, con la mala palabra, con el sin límite de ordinariez al que hemos llegado."
Pide que se apague el grabador y, con humor, con ironía, se despacha a gusto contra todo aquello que se está ofreciendo al público, especialmente por televisión.
Llega la hora del espectáculo y China Zorrilla debe empezar a maquillarse. Es su última presentación en Entrecasa, antes de iniciar una gira de 25 días que la llevará, en su casita rodante, a distintas ciudades del interior y de Uruguay. En esos viajes se dedicará a estudiar los posibles proyectos para el año próximo. En ese momento, China ya tendrá nuevas anécdotas.
Un pequeño susto
El martes de la semana anterior fue muy agitado para China Zorrilla. Grabó durante 12 horas "Primicias"; a las 20 fue a una reunión del Teatro San Martín; a las 21.30, hizo la función de "Había una vez..."; a las 23, fue a una premiére, y a las 24 subió al ómnibus que la llevaría a Córdoba. En la ruta cercana a Rosario sintió que le faltaba la respiración. Pararon en un destacamento policial y una ambulancia la llevó al hospital.
Después de los estudios, el diagnóstico fue agotamiento. "Lo que pasa -dice la actriz- es que hace un año que dejé de fumar y, lógicamente, engordé. Esto, más el trajín, me produjo una descompensación. Pero ya estoy bien."
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