Ernesto Tenembaum: "La caricatura del periodismo que hace el Gobierno no existe"

Tenembaum desembarcó en la Rock and Pop con su nuevo programa, Tierra de locos
Tenembaum desembarcó en la Rock and Pop con su nuevo programa, Tierra de locos Crédito: Matías Aimar
El periodista habla de su pase a la Rock & Pop y opina sobre la situación de los medios en la Argentina
Silvina Ajmat
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16 de abril de 2013  • 09:31

Para Ernesto Tenembaum la siesta se transformó en una rutina vital. Desde hace dos meses se despierta todos los días a las 5 de la mañana para arrancar con Tierra de locos , el programa que marcó su regreso a la Rock & Pop , tras nueve años en Radio Mitre, los últimos tres, cubriendo la tarde. De manera que todavía se está acostumbrando al alba y sus reveses. Resulta prudente, pues, no llegar a su casa antes de lo pautado: 17.30.

Del otro lado de la puerta se escucha el paso ágil de cuatro patas recorriendo el piso de madera. Es Batman, un Weimaraner tremendamente juguetón. Ernesto tarda unos minutos en bajar.

-¿Te despertamos?

-No, para nada.

Ofrece café o "lo que quieran tomar", mientras habla de su nueva rutina matinal. "A la mañana, en la radio estoy hecho un desastre. Me cambio en cinco minutos... voy de jogging". Tenembaum se acomoda en el sillón más grande del living –rústico, con algunos toques vintage y muchos libros- y comienza a hablar de los temas del día, como si estuviera en su programa comentando las noticias. Consecuente con su estilo, con los joggings y el madrugón, cada mañana informa y se divierte, cuestiona, se enoja, ironiza y se ríe sin muchos filtros -de una forma "más transgresora", va a aclarar después- junto a sus coequipers Gustavo Grabia, Alejandro Bercovich y Martina Soto Pose.

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-¿Qué nuevas posibilidades te permite el paso a una FM con el perfil de la Rock & Pop?

-En primer lugar, la diferencia entre la tarde en Mitre y la mañana de información es un tema de horario. A la tarde acompañás y a la mañana informás. Hay una segunda cosa: uno supone que el público de una AM tan politizada como Mitre es un público muy informado, tiene el oído preparado para la discusión, el análisis y la información política. Entonces das muchas cosas por sentado. En la FM, es un público joven acostumbrado a otra cosa. Saben mucho de música, pero tenés que ser más cuidadoso con la información, contextualizar.

Un periodista que tiene enfrente a Boudou y no le hace una repregunta, no es un periodista militante.

Una tercera diferencia es la música. Es distinta. Es rock y eso es muy divertido porque uno nació después del rock pero el rock sigue hasta ahora, te une con generaciones distintas y está bueno ver lo que se escucha ahora. Por otro lado, en esta FM hay una cosa más transgresora, de forma, que en Mitre es más difícil porque tiene un mensaje más políticamente correcto. Acá se pueden hacer bromas con la muerte de Chávez, con Kirchner hablando desde el cielo, o con el Papa.

Otra cosa que también influye por lo menos en el estado de ánimo es que es una radio que está más lejos de los conflictos con el Gobierno. Eso te genera una dinámica en términos de creación de contenidos y de decidir tonos, que es distinta.

Crédito: Matías Aimar

-En tiempos en que los pases de un canal a otro o de una radio a otra están en el ojo de la polémica por la fuerte politización que hay en los medios, ¿cómo te condiciona a vos pasarte?

-No me condiciona en lo más mínimo. Nunca creí que los periodistas tengan que dar cuenta de todo lo que hacen sus medios ni obedecer todo lo que bajan sus medios. Me parece que un periodista que tiene nombre tiene suficiente espacio para tener su propia convicción y línea. Tenés que ser muy fanático para no verlo. Obviamente, después del bombardeo de los programas oficialistas mostrando que los medios son una porquería y que los periodistas son todos títeres de los medios a los que pertenecen, hay otro foco puesto sobre esto. Yo creo que eso es un autorretrato, no es un retrato de lo que son los periodistas. El mundo periodístico es muy anárquico, hay algunos periodistas orgánicos pero muchos que no lo son. A mí, en términos de lo que soy, no me cambia en absolutamente nada trabajar para Veintitrés, Radio Mitre, TN o Rock & Pop.

-¿Qué pensás de los que se llaman periodistas militantes?

-Siempre hubo periodismo militante. Los partidos tienen sus medios. Eso es un criterio de periodismo y es un género respetable. Pero te puedo decir qué no es periodismo: decir que todo lo que hace un gobierno está bien y que todo aquel que critica un gobierno es miserable. Eso es otra cosa. Es un género que me resulta despreciable y que lo disfrazan de periodismo militante. Cuando se produjo lo de la tragedia de Once, con el nivel de responsabilidad de este Gobierno que es enorme, con la cantidad de advertencias, con lo evidente que era que iba a pasar algo, y cuando eso ocurre, y hay 51 muertos, y el país está lamiendo sus heridas, un periodista dice que esto es la culpa de Clarín porque apoyó la privatización... eso no es periodismo militante. Es otra cosa, y mejor no calificarla porque uno se llena de desprecio.

Un periodista que tiene enfrente a Boudou y no le hace una repregunta, no es un periodista militante. Estalla el caso Schoklender: ¿no preguntás quién puso la plata y no controló? Si no te preguntás… eso no es periodismo

Crédito: Matías Aimar

-¿Hubo situaciones en las que hayas sentido presión por el medio en el que trabajás? ¿Cómo mantenés tu independencia?

-El caso Herrera Noble me generó un dilema muy grande. Era un tema en el que no me cerraba para nada la actitud de la empresa en la que yo estaba. Yo sabía que la única forma de resolver el caso era poniendo el brazo. Pero al mismo tiempo, yo veía una campaña muy ofensiva y muy interesada del Gobierno. Yo empecé a decir que tenían que poner el brazo. Nunca me dijeron nada. No me bastó eso y le dije a Zloto [Marcelo Zlotogwiazda, con quien co-conduce el programa Palabras más, palabras menos en TN] que hagamos algo en el programa. Es difícil de encontrar otro caso en que dos periodistas hagan una cobertura que claramente no coincide con los intereses familiares de los dueños de la empresa en la que trabajan. De la misma manera, nosotros nunca pusimos "ley de medios k" pusimos "ley de servicios audiovisuales".

Por otro lado, si vos lees mis notas de Veintitrés, una revista oficialista, son notas muy duras para el oficialismo. Por supuesto que para un periodista que tiene nombre es más fácil pero eso es el desafío. Mostrar que la caricatura que el Gobierno quiere hacer del periodismo no existe.

El medio en el que trabajo no me condiciona en lo más mínimo.

-¿Quiénes son los periodistas más confiables, a tu criterio?

-Te puedo decir qué trabajos me gustan, para no tener problemas con amigos. En los últimos 20 años se hicieron trabajos excepcionales. El de Hugo Alconada Mon sobre Boudou me parece fantástico. También el de Nicolás Wiñazki. El de Pablo Calvo sobre los laboratorios Glaxo, que develó que hacían pruebas en humanos. El de Gustavo Grabia sobre barrabravas, un trabajo de una valentía monumental. El que hizo La Prensa contando qué era TBA después de la tragedia de Once. La investigación de Telenoche sobre el caso Grassi. Las investigaciones sobre Yabrán, el tráfico de armas a Perú y Ecuador... son todas cosas que vienen muy bien, que afectan al poder político y económico.

Si tengo que mencionar periodistas, Marcelo Zlotogwiazda, primero de los primeros, María O’Donnel, Gustavo Grabia, Reinaldo Sietecase, Jorge Lanata, Magdalena Ruíz Guiñazú, Jorge Fernández Díaz, Alfredo Zaiat... me olvido de muchos seguramente.

-El debate sobre la ley de medios puso el foco sobre el quehacer periodístico. ¿Creés que genera una presión extra?

-Está bien que se generen dudas sobre lo que los periodistas decimos. Nadie tiene la verdad absoluta. Yo respeto el periodismo serio, con empuje, audaz, no hay otra manera que hacerlo laburando. La carrera de una persona no son 10 minutos. Son 30, 40 años.

Hay que tener la tranquilidad que no es que uno no se equivoca. Uno se dedica a esto con mucha alegría y perfectamente puede equivocarse.

De todas maneras, en algún sentido, el debate que abre el gobierno sobre cómo es la prensa en general, me parece legítimo. Las empresas de medios tienen cosas que tienen que aclarar.

Tenembaum, en su casa de Palermo
Tenembaum, en su casa de Palermo Crédito: Matías Aimar

-¿Qué pensás cuando desde el Gobierno se ataca directamente a alguno de tus colegas?

-Me parece que está muy mal, que con el tiempo ese tipo de actitudes dañan a quien las emite. Hay una frase de Perón que dice que en el 45 ganó con todos los medios en contra y en el 55 perdió con los medios a su favor. Ella gana con esta estructura de medios. Yo entiendo que los medios le generen un dolor de hígado, pero en términos de influencia, es muy relativo el poder real que tienen los medios. Pueden decir lo que quieran que si un gobierno gobierna bien, va a ganar. Cristóbal López puede comprar todos los medios y aun así, si ella gobierna mal, va a perder. Ella tiene que saber que si sos presidente vas a escuchar cosas que no te gustan. Ese tipo de ataques a la prensa son demostraciones de falta de temple. Y una intención de tapar el sol con las manos.

No pudieron en Santa Cruz, pensar que lo van a hacer en la Argentina me parece medio tonto.

-¿Creés que la quita de publicidad puede poner en jaque al periodismo?

-La fuerza del periodismo no está ni siquiera en los grandes medios sino en los periodistas. Y es un río que sigue su caudal. Cuando salimos de la dictadura los medios andaban en puntas de pie sin saber cómo moverse. Apareció Página 12 y obligó a Clarín y LA NACION a reformularse totalmente. Es muy difícil predecir. Para los grandes medios esto es muy preocupante, pero una cosa son los grandes medios y otra cosa es el periodismo.

Los ataques de la Presidenta a la prensa son demostraciones de falta de temple.

-¿Qué le preguntarías a Cristina Kirchner si tuvieras acceso a una entrevista?

-Para mí, en estos años hubo una manipulación, un manoseo muy fuerte del tema de los derechos humanos. La aplicación del mote "cómplice de la dictadura" o "genocida" para los críticos del Gobierno es algo muy feo y desmerecedor de lo que es la memoria histórica. Hay un montón de gente que no es kirchnerista y que, naturalmente, cuando aparece alguien que señala a otro como cómplice de la dictadura, no quieren escuchar, porque se usó tanto de manera arbitraria y sucia ese término para dañar el prestigio de alguien, que es un mecanismo gastado, y al contrario, debería haber sido cuidado. En el caso Bergoglio, yo creo que hay documentos que merecen una atención muy seria, y muchísima gente dice ‘es otra vez el kirchnerismo queriendo desacreditar porque no les gusta que sea el Papa’. Yo preguntaría mucho sobre eso.

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