"Está bien asesinar a CQC"
"Caiga quien caiga", el ciclo que revolucionó lapantalla argentina, finalizará el 21 y su responsable prepara otros proyectos mientras admite: "No necesito de la TV"
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Mario Pergolini intenta hacer pie entre dos sensaciones opuestas. Con una coraza de amianto, de un lado, se repite una y otra vez que el final de "Caiga quien caiga" es simplemente eso: el final. Y que no que hay que darle tantas vueltas al asunto. "Es sólo un programa de televisión" dice, y suena más bien como si quisiera convencerse a sí mismo. Pero del otro lado, su pie se instala en un terreno que lo moviliza: el jueves último, en una hora y media, 3200 personas agotaron las entradas para asistir al teatro Gran Rex, el martes 21 del actual.Todo, para presenciar el juego final de este equipo que supo convertirse, a fuerza de ingenio, en el moscardón molesto que sobrevoló la realidad del país durante los últimos cinco años.
"Me gané a mí mismo", grita Pergolini con ese vozarrón que alcanza para dominar todo el edificio de su productora, Cuatro Cabezas.Y algo de razón tiene. Pergolini viene jugando el juego de la despedida desde hace años. Sólo que esta vez, por desconfianza a sí mismo, se construyó una estructura que conduce sin desvíos a la puerta de salida."Si confiara en mí sería más sencillo. Pero armé todo para cumplir mi palabra. Ahora ya está. Me condené a mí mismo", vuelve a tronar. Y habrá que creerle: esta vez, su largo adiós, ese por el que nadie apostaba, es real.
Sentado en su despacho, rodeado de fotos de su hijo Tomás, su computadora y su pianito, Pergolini asegura que va disfrutar. Que alejarse de la pantalla chica y esconderse detrás del imperio que armó con su socio, Diego Guebel, lo va a acercar a su propia imagen de paraíso. "Los que me conocen saben que es así. Yo nunca hice esto con el afán de ser conocido. Y no necesito de la televisión porque toda mi parte histriónica la tengo cubierta por la radio. La radio no la voy a dejar nunca. En un punto eso es lo que realmente amo como para dar la cara. La televisión no. Ahí me voy a dedicar a producir", dice, y suena contundente.
-¿Pero por qué termina "CQC"?
-Porque cinco años está bien. Porque no quiero hacer toda la vida lo mismo ni estirar un programa para que funcione. Y además, porque creo que así lo protejo. Aunque sea vulgar decirlo, lo que uno realiza no deja de ser como un hijo. Y me parece que hay que dejar que este hijo, que inicialmente estaba programado para tres meses, termine. Está bien así. Este chico tiene que ser recordado como lo que fue: un buen muchacho, un tipo que se fue al exterior y que triunfó. ¿Por qué tengo que estirarle la vida con medicamentos?. Yo quiero que "Caiga..." quede en la historia de la televisión, pero bien.
-Cuatro Cabezas filmó la publicidad electoral de la Alianza y siempre se dijo que "CQC" encajaba perfecto en el menemismo. ¿El final no está relacionado con el cambio de gobierno?
-No. La realidad argentina es jocosa de por sí. No importa quién esté en el gobierno. Este programa hubiera funcionado con Menem, sin Menem, con Alfonsín o con De la Rúa. ¿O creés que Machinea no va a meter la pata? Todo lo que está ocurriendo con el futuro ministro de Educación ya es divertido. Y la idiosincrasia es la misma. ¿O De la Rúa es nuevo en todo esto? "Caiga quien caiga" es un programa que se adapta a la realidad. Si no, no hubiese funcionado en España, en Italia, y no lo querrían en los Estados Unidos.
-Pero "CQC" es el programa más fuerte de la productora ¿No es riesgoso para Cuatro Cabezas?
-No. Creo que Cuatro Cabezas logró tener nombre propio más allá de "Caiga..." No tengo que explicarles a las señoras qué es Cuatro cabezas. Tomo esta decisión porque sé que la productora está sólida, que ya es una marca de por sí y que no depende de mi cara. Podemos decir que es un producto de Cuatro Cabezas, acá, en España, en los Estados Unidos o en Inglaterra, y saben qué es. O vas al Museo de la TV, en Nueva York, y está "CQC".
Con un pie en EE. UU.
Si "CQC" llegó hasta el museo no es porque ya se haya convertido en pieza arqueológica. El programa quedó archivado en los Estados Unidos desde el 22 de noviembre, tras pasar la difícil prueba del jurado de los Emmy, algo así como los Oscar de la pantalla chica.
El niño mimado de Pergolini no tuvo suerte en la terna que compitió. Pero él prefiere quedarse con lo mejor: saber que "CQC" es el único programa de América latina que tiene esa suerte. Y que justamente esa postulación los lanzó en vuelo directo a la puerta grande: en marzo, Cuatro Cabezas será la encargada de transmitir los Oscar para la cadena Fox. Y si todo sale bien, "CQC" tendrá un hermano gemelo en versión norteamericana.
Hace días que Pergolini pelea con su inspiración. Ya escribió diez veces el monólogo con el que piensa arrancar el último programa. Y ya apretó diez veces, también, la tecla suprimir. "Todavía no sé cómo decirlo. Pero lo que quiero que quede claro es lo agradecido que estoy con esta gente que me hizo crecer tanto a mí." Esa gente que incluye en una sola palabra es Andy Kusnetzoff, Eduardo de la Puente, Juan Di Natale, Daniel Tognetti, Daniel Malnatti, Nacho Goano; todos los que están delante de la pantalla, cada martes desde hace cinco años. Y también el equipo que lo secunda anónimamente. "Por eso está bien hacerlo en un teatro. Más allá de lo vanidoso que puede ser ver al público aplaudiéndote, va a ser bueno para todos los que trabajaron. Y creo que ese aplauso, que ojalá exista, va a ser para ellos", dice.
Aquel crecimiento al que alude también tiene una explicación. Pergolini, el que está sentado en su despacho, tiene poco que ver con el que escupía a la pantalla como adolescente incomprendido, ocho años atrás. A fuerza de golpes, este Pergolini aprendió que con un buen corte de pelo y un traje prolijo se podía decir lo mismo, pero de otra manera. Y en la misma pirueta no sólo logró darle un sello único a "Caiga..", sino también caer parado en una productora que hoy tiene cuatro programas en distintos canales ("CQC" y "El rayo", en América, "Trip" en Telefé, y ".doc" en Azul), y que ha logrado salir al exterior.
Hasta él mismo se sorprende. "A veces nos sentamos con Diego, en la punta de la escalera, y vemos a la gente que entra, que sale... Y entonces yo le digo: "Toda esta gente ¿sabrá en manos de quiénes está?""
La camiseta puesta
Pergolini se ríe de la ocurrencia. Pero no es chiste:detrás de la puerta de su despacho hay casi cien personas trabajando. Yendo y viniendo por esa empresa que de tan blanca y silenciosa se parece poco a sus ruidosos habitantes. "Acá nunca nadie renunció. Acá la gente se pone la camiseta y defiende la empresa como si fuera propia. Y eso es por el concepto de empresa", defiende Pergolini, con su camiseta bien puesta.
-¿Cuál concepto?
-Acá, si el cadete viene con una buena idea, la va a poder llevar a cabo; si estudiás te va mejor; si nos hacés ganar más plata, también vas a ganar más plata. En la vida hay que devolver lo que uno recibe. En un mundo tan avaro, Diego y yo estamos convencidos de que nosotros somos la consecuencia de toda esta gente. Entonces, hay que hacerlos crecer porque nos hacen crecer a nosotros. Y porque el logro nuestro es el logro de todos. Eso es bárbaro. Pero no es que somos buenos. En un punto esto es como la mafia: si estás bien con la mafia vas a estar bien.
Por todas estas cosas, cuesta creer que Pergolini no sienta el final de "CQC". Sobre todo porque él mismo asegura que fue "Caiga", con toda su gente incluida, la que lo hizo crecer y transformarse en el inmaduro de traje que es hoy. Y porque, cuando logra deshacerse un poco del armazón que lo cubre, admite: "A veces me pasa. Veo "CQC" y digo: "¿Cómo no se le ocurrió a nadie?" Es lo que ocurre con los hits. Uno escucha un tema de Fito Páez y dice: " ¿Pero cómo no se me ocurrió? Yo también podría haberlo hecho". Pero no, lo hizo él. Bueno, con "CQC" tuve suerte. Y creo que terminé de redondear el concepto de que una buena idea te puede salvar. Básicamente fue eso: una buena idea. Una buena idea llevada a cabo de una forma que a veces no puedo creer. De verdad, a veces no puedo creer que gente como Guebel y como yo hayamos podido organizar semejante cosa. Hemos armado un ejército que trabaja de una forma tremenda. Eso me va a quedar. Eso, y revindicar que una buena idea te puede salvar,que los equipos son fundamentales y que si trabajas bien, el mundo es chico.
-¿Con qué buenos recuerdos te quedás de CQC?
-Me quedo con notas como la de Andy preguntándole a Castro por la revolución; me quedo con esa noche en que estaba viendo la CNN y vi aparecer a Tognetti entregándole el Kamasutra a Clinton; me quedo con aquel día en que vimos en directo el "CQC", en España, y al final aparecieron los nombres de Guebel y el mío. Me quedo con esas cosas. Y con el grupo que se armó. Los voy a extrañar a todos porque acá no hubo vanidades, ni hubo peleas. Nunca nadie se quiso ir. Entonces, está bien lo que le va a pasar. Está bien asesinarlo como lo vamos a asesinar.
-¿Y en la lista de lo malo?
-Lamentablemente, siempre me va a quedar -y no tengo formas de pedirles disculpas a Tognetti y su familia- lo que pasó con él en el cierre de la campaña de Duhalde. Nunca pensé que iba a pasar esto. Siempre creí que estábamos al límite, pero que a fin de año, cuando todo estaba terminando, alguien salga lastimado, no. Eso, para mí, arruina casi los cinco años. Un programa de televisión no se merecía que a alguien le vuelen tres dientes y le partan el labio.Eso me puso muy mal e intenté comunicárselo a Tognetti y a su familia. ¿Qué le voy a decir? ¿Que lo mandé al muere?, ¿que le pedí que sea tan, tan, tan que terminó recibiéndola él? Porque, en realidad, ¿por qué no me vienen a c... a golpes a mi? Eso es lo peor. Por otro lado, hubo momentos en que fuimos muy soberbios,en los que creíamos que podíamos hacer las cosas más de taquito que con trabajo. Y en esto es importante mantener la humildad.
-¿De verdad querés que termine "CQC"?
-Si alguien me pregunta cómo vivo estas tres semanas que nos quedan diría que es como tener un enfermo de cáncer en la familia. Realmente quiero que se muera ya porque estoy sufriendo. Me lo recuerda la gente... Y hablar tanto del pibito que se está muriendo... Además, por el momento tengo que autoconvencerme de que la decisión que tomé es la correcta.
-¿Y el día después?
-Voy a ir al psicólogo... No sé, creo que ese día voy a sentir tristeza. Sólo pido que la emoción no me gane el último día, en el teatro, porque tiene que terminar divertido. No quiero dejar un mensaje triste. Cuando la gente me dice en la calle, "qué pena que termina", les digo: es sólo televisión; es sólo una hora y media. Tan intrascendente como eso.




