
Esta noche, Chavela Vargas en el Gran Rex
"Yo canto desde el alma", dice
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Chavela está fatigada. Agobiada de responder tanta pregunta interesante o vana sobre su vida en la calle y en los escenarios.
Ninguna pose hierática de mito finisecular de la canción la tienta. Aunque miles de snobs traten de erigirla en nuevo icono. Ella es llana y franca. Tanto que a veces se inflama y estalla. Sobre todo, explota cuando habla de las penurias de los seres humanos, de un mundo injusto y de quienes lo dominan.
Cuando termina la entrevista y comienza la sesión de fotos, Chavela se suelta. Y va camino del horno infernal de la calle como una adolescente. Sube y baja peldaños con juvenil decisión para proponer insólitas poses y encuadres que sorprenden a los hombres del flash. Es el momento en que se transforma en la histriónica octogenaria, capaz de sonreír y festejar con ganas sus propias bromas.
La Vargas de Costa Rica, devenida mexicana por elección, admite que el ancestro de su apellido está también en la amada Andalucía.
"Es el único ancestro concebible en Costa Rica, ya que los naturales de allá fueron exterminados. Amo a España. La recorrí toda entera, de punta a punta. Ellos me recibieron siempre muy bien y les estoy agradecida."
Chavela también conocía Buenos Aires. No fue la suya la primera visita en aquella primavera de 1999.
"Vine varias veces por aquí. Siempre a pasear. Pero no me tomaban en cuenta porque no me conocían. Ahora me reconocen algo desde aquel concierto que di en septiembre, hace poco más de un año. Y esta vez, que cantaré en el Gran Rex, me recordarán un poquito más."
- ¿Incorporó alguna otra canción a su actual repertorio?
-Mire: no puedo entregar nuevas canciones. Yo canto siempre viejos temas. Y de entre ellos incorporaré esta vez dos o tres que no canté en aquel concierto.
- ¿Cómo las va eligiendo?
-Canto sólo aquellas que me llegan al alma. La escucho y digo "ésta es para mí". Como las que escribía José Alfredo Jiménez. Hoy ya no existe ese tipo de compositores extraordinarios. Sólo se escuchan letras muy pobres y música que no vale nada. Es una tristeza. Mire usted lo que fue "Vereda tropical". ¡Qué manera de hacer una canción! En esa vereda de Veracruz que todavía existe se inspiró el creador. José Alfredo las escribía diariamente; sobre todo cuando andaba de parranda. Ahora toda esa generación de Agustín Lara, Alvaro Carrillo, se apagó. Llegó hasta allí. Y la gente no piensa en que se acabaron los compositores y poetas; que ya no se inventan esas hermosas canciones. Hoy se dicen cosas como "quitémonos la ropa". Esto yo no me atrevería a cantarlo.
- Pero usted es amiga de Joaquín Sabina y él compuso -por cierto que muy sugestivamente- el tema "Y nos dieron las diez"...
-Sabina tiene cosas maravillosas. Es una persona increíble. El escribe verdadera poesía. Y ese tema es bellísimo. Quizás algún día lo cante yo. Lo que temo de él es que no va a durar mucho. Lleva una vida demasiado intensa. Compone una canción, después bebe su whisky, fuma sin medida y se pone ronco. Es una pena. Porque maneja bellas imágenes y lo cotidiano está dicho en forma estupenda. Llevo en el corazón el tema que compuso pensando en mí. "En el boulevard de los sueños rotos" es una calle donde vivo, que está frente a una cantina por donde pasaban los borrachos y se caían.
- Por allí se dijo que no le interesa cantar con mariachis...
-Eso no es así. Lo que sí es cierto es que no los puedo llevar en mis giras porque me sale muy caro. Son trece mariachis. Con ellos canté en El Zócalo de México frente a cincuenta mil personas. Me morí cuando vi tanta gente reunida por mí. Fue un suceso. Por otro lado, la música ranchera con ellos es otro estilo, más gritada. Por eso yo regreso a la Argentina con solamente dos guitarras, que valen por veinte... Yo no traigo quinientos kilos para colocarlos en el escenario. Aquí sólo habrá una mujer, un solo corazón y dos guitarras. Así se canta mejor, desde el corazón y lejos de esa maquinaria de los recitales, que es horrible, y se nota.
- ¿Nunca va a cantar tangos?
-No me animaría. Por respeto. Me da miedo y pudor. Temería meter la pata... Es como cantar mal una canción mexicana. No lo soportaría. Yo siempre amé el tango; desde "La cumparsita" hasta la preciosa voz de Gardel y sus canciones: "Mi Buenos Aires querido", "Volver", "Golondrinas"... Yo creo que el tango argentino, el corrido y el flamenco contienen la misma angustia, porque tienen idéntica raíz. Pero tampoco me atrevería jamás con el flamenco. Es muy difícil. Si lo cantara desde un escenario, estaría mintiendo. Sólo los andaluces lo pueden cantar.
- Esta vez, Almodóvar, como presentador de lujo, será una buena compañía para usted...
-¡Ah! Es tan intenso, tan grande mi cariño por él, que no lo puedo explicar. Es un hombre maravilloso. Lo adoro como un hermano. Es raro. Yo admiro el arte a través de él. Y yo amo a la gente que hace el arte con calidad y con inspiración...
- ...como sus amigos Frida Kahlo y Diego Rivera. ¿No se le dio alguna vez -como a otros artistas de la música- por agarrar el pincel, pintar?
-Soy la negación de eso. No podría dibujar ni una paloma. Nunca pude. Es uno de los oficios más difíciles.
- ¿Y componer, tampoco?
-Solamente una canción. Fue cuando pasó a mi lado una musa por casualidad. Se titula María Tepozteca, que es mi amiga, que vive en el pueblo cerca del cerro de las joyas en el Valle Sagrado. Una noche andábamos con María de parranda en una carreta cargada de rosas y con una botella de tequila. Allí fue creciendo la canción hasta que la terminé. Tiene un ritmo raro que no sé qué es...
- En su conferencia de prensa no habló sólo de música...
-Claro que no. Porque veo que con este nuevo siglo hay mucha crueldad. En el XX pudimos tener algo más de belleza y bondad. Ahora, los Estados Unidos, que se consideran los dueños del mundo, están dispuestos de nuevo a bombardear.
Hay muchos intereses nefastos para la humanidad. Por un lado, hay mucho dinero y, por otro, crece la pobreza. Parece que este milenio no será para vivir en paz. El sentirse poderoso es fatal. Porque el hombre acaba siendo una bestia y al mismo tiempo una víctima de sus actos. Ya se sabe que todo lo que sucede en el Norte repercute en nuestros pueblos. Nunca vimos a una Argentina, a una Venezuela en el estado de empobrecimiento en que están. Es una tristeza todo esto. Una calamidad. Chavela, sin duda, repetirá hoy parecido revuelo al provocado en septiembre del 99, con "argentinos trepados en la cúspide de su inclaudicable delirio ecuménico", dispuestos a apropiarse, sin aviso previo, de rancheras, corridos y boleros.
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