Ewen Bremner: "El nacionalismo es el resultado de una inseguridad muy grande"
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Todo aquel que haya visto Trainspotting , la película de Danny Boyle estrenada en 1996, y su secuela del año pasado, T2: Trainspotting , seguramente recuerda a Spud, ese personaje que atraviesa en la trepidante historia que hilvanan las dos películas situaciones tan alocadas y graciosas como degradantes. Spud es el más sensible del grupo de maniáticos que imaginó para la ficción el escritor Irvine Welsh y, probablemente como consecuencia de este temperamento, el más enganchado al consumo explosivo de heroína. Un antihéroe con el que no resulta difícil encariñarse.
Ewen Bremner, quien llegó esta semana a Buenos Aires para dictar un workshop de actuación en la Usina del Arte en el marco del Bafici , se hizo conocido en todo el mundo gracias a ese papel. Igual que Welsh, nació en Edimburgo, la preciosa ciudad escocesa en la que se desarrolla la trama de ese film que marcó una época, luego se mudó a Londres y ahora vive en Nueva York. Otros buenos papeles de este actor menudo, extremadamente amable en el contacto cara a cara y tan simpático como para sacarse una tierna selfie con Graciela Borges en la fiesta de inauguración del festival, son el de The Acid House, otra aventura lisérgica pergeñada por Welsh que llevó al cine Paul McGuigan, el obstinado detective de Scotland Yard de Match Point, uno de los films más oscuros de Woody Allen, y el inquietante esquizofrénico que compuso para Julien Donkey-Boy, de Harmony Korine, un trabajo por el que fue premiado, allá lejos y hace tiempo, en la primera edición del Bafici.

"Tengo un gran recuerdo de esa película –dice ahora–. Harmony es un intelectual anarquista, un enemigo de la corrección política y de la solemnidad. Cada vez que aparecía alguna idea a primera vista efectiva compulsivamente la ponía en duda. Hoy quizá sea una persona un poco diferente, pasaron casi veinte años desde que filmamos Julien Donkey-Boy... Pero definitivamente Korine es un artista talentoso y provocador. De Woody Allen, aunque inicialmente parezca diferente a Harmony, podría decir algo parecido. Su actitud es siempre desafiante, le gusta asumir riesgos. Recuerdo que en Match Point filmó con un travelling una escena en la que mi personaje recorría un buen tramo en bicicleta. Costó una jornada entera preparar ese plano, que tenía un estilo muy coreográfico. Y aunque salió muy bien porque el director de fotografía (el británico Remi Adefarasin) había trabajado muchísimo para conseguir un buen resultado, Allen decidió hacerlo de nuevo. «Esto es demasiado ambicioso y demasiado brillante, prefiero algo más sencillo», dijo. Es un director que domina tanto la complejidad como la simpleza".
De Trainspotting, sus recuerdos también son inmejorables. "Fue una experiencia muy importante –asegura–. Yo tenía apenas 24 años cuando filmamos la primera de las dos películas. Danny Boyle nos estimulaba constantemente a forzar los límites, a jugar y divertirnos con la actuación, a transformar ideas muy pequeñas en experiencias realmente extremas. Fue muy divertido atravesar, dentro de un marco hiperrealista, las situaciones absurdas, surrealistas que viven los personajes de esas dos películas. Ese mundo que creó Danny está habitado por unos extraños superhéroes cuyo mayor poder es la imaginación".

Pero no todo son glorias del pasado en la vida profesional de Bremner. A los 46 años, está claro, ya ha acumulado muchos trabajos actorales para alimentar un currículum envidiable –fue compañero de elenco de figuras como Scarlett Johansson, Ben Affleck, Jeremy Irons y Helen Mirren; encarnó a Salvador Dalí y Sherlock Holmes–, pero también avizora un futuro excitante. Lo que viene es una comedia dirigida por el danés Ulrich Thomsen (actor de la polémica La celebración, de Thomas Vinterberg, y de El mundo no basta, film de la popular saga de James Bond, que ya ha dirigido otro largometraje). Se titula Willenberger y tiene como coprotagonista al neozelandés Antony Starr. "Mi papel es el de un alemán fanático de las famosas salchichas que se producen en su país y que aborrece, por miedo, todo lo que llega de otros lugares". El asunto de esa película que se estrenará seguramente este año da pie para conversar sobre el nacionalismo, un tema candente en el país de origen de Bremner. Hace apenas unos días, una encuesta encargada por la televisión estatal escocesa a Ipsos Mori reveló que el 47% de los ciudadanos de ese país están decididamente en contra de un nuevo referéndum independentista. Bremner comparte esa opinión: "Me da mucha pena todo lo del Brexit y el nacionalismo desaforado que despertó –señala–. Soy decididamente internacionalista. Sería muy triste que los escoceses perdiéramos la ciudadanía europea. Yo lo vería como una gran oportunidad perdida de relacionarnos fluidamente con otras culturas. En mi opinión, el cine también es eso: la chance de interactuar con otras culturas, más allá de idiomas e idiosincrasias. El nacionalismo es el resultado de una inseguridad muy grande, del miedo a lo que nos resulta extraño, desconocido o simplemente diferente".






