
Falleció Georg Solti
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LONDRES (AFP).- El director de orquesta británico Georg Solti falleció durante su sueño, el viernes, en la ciudad de Antibes (sur de Francia), a los 84 años, anunciaron el sábado en Londres sus allegados.
Sir Georg Solti murió poco antes de la medianoche del viernes, explicó su asistente Charles Kaye.
El famoso director estaba de vacaciones con su familia en Antibes, Costa Azul francesa, agregó Kaye.
"Sir Georg cayó enfermo el martes y se apagó en la calma del sueño la noche pasada", señaló Kaye.
Solti nació en Hungría y adoptó la nacionalidad británica en 1972. Fue pianista y director de orquesta de la Opera de Budapest antes de emigrar a Alemania y luego a Gran Bretaña, y estuvo al frente de las orquestas más prestigiosas del mundo.
Sir Georg Solti fue el sinónimo del rigor musical
LONDRES, 6 (ANSA).- Murió repentinamente mientras dormía el viernes por la noche, a los 84 años, el célebre director de orquesta sir Georg Solti, en Antibes, en la Costa azul, donde pasaba unos días de descanso con su familia. El próximo viernes hubiera dirigido el "Requiem", de Verdi, en el Albert Hall, de Londres.
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El artista, nacido en Hungría el 21 de octubre de 1912, nacionalizado británico en 1972, fue alumno del Conservatorio de Budapest y entre sus maestros figuraron los nombres ilustres de Béla Bartók, Zoltan Kodaly y Ernst von Dohnányi, en piano y composición.
A los 12 años dio su primer concierto público como pianista, y en 1930, fue nombrado director asistente en la Opera del Estado, actividad que desarrolló hasta 1939.
Pero en ese tiempo, el acontecimiento trascendente de haber sido designado ayudante de Arturo Toscanini, en dos temporadas consecutivas (1936 y 1937), en el Festival de Salzburgo, provocó un cambio profundo en su destino porque su seriedad, don de mando y fuerte personalidad fueron apreciadas por el célebre director italiano y por un nutrido conjunto de grandes cantantes del momento.
La gran guerra obligó a Solti a radicarse en Suiza, concretamente en Zurich, donde continuó su carrera de pianista; tanto es así que, en 1942, obtuvo con facilidad el primer premio del Concurso Internacional de Ginebra y su destino en el teclado parecía un hecho con fundamento.
Sin embargo, a los 25 años, fue nombrado director general del Teatro del Estado Bavaro, en Munich (1947/51) y luego en el teatro de Francfort (1951/61), sellando su vinculación con la ópera, género por el que se dedicó con pasión.
Simultáneamente fue invitado a dirigir orquestas como la Suisse Romande, la Filarmónica de Londres y la de Viena. El Covent Garden, de Londres tuvo la feliz idea de nombrarlo director musical y a partir de 1961 comenzó un período de esplendor que duró exactamente hasta 1971. En 1972, la reina Isabel de Inglaterra lo nombró caballero por su sobresaliente contribución a la música.
Carácter y pulcritud
En ese período, su nombre comenzó a asociarse al concepto de rigor, dado el temperamento y el alto grado de exigencia que caracterizaba a sus ensayos, lógicamente, con resultados de impecable ejecución en cada una de sus presentaciones.
Al mismo tiempo, su visión sonora del gran sinfonismo y de las obras de Wagner (en este terreno sucesor de Wilhem Furtwängler), causaron profundo impacto, no solamente a los asistentes a los teatros y salas de conciertos, sino a los discófilos, que al conocer su primera versión de la tetralogía, "El anillo del Nibelungo", con la Filarmónica de Viena, fueron persuadidos de que sus equipos eran insuficientes para apreciar tanta grandeza y rango sonoro.
Sin embargo un nuevo destino se produjo en 1969, cuando Solti aceptó la dirección de la Sinfónica de Chicago, que en poco tiempo fue conceptuada entre las mejores del mundo. La conjunción del virtuosismo y brillo de las orquestas norteamericanas había recibido la suma del estilo europeo con su refinamiento, búsqueda del matiz cautivante, valoración de las cuerdas, timbales aterciopelados.
En este sentido, sir Georg Solti fue un continuador de su compatriota Fritz Reiner, que marcó un jalón glorioso con la Sinfónica de Chicago.
En realidad puede hablarse de una linea de directores húngaros que durante el siglo XX fueron responsables de llevar a las orquestas de los Estados Unidos a un plano superlativo, tales fueron los casos del mencionado Rainer, de Georg Szell, al frente de la Orquesta de Cleveland, y Eugene Ormandy, con la de Filadelfia.
De 1972 a 1975 fue titular de la Orquesta de París, sin perjuicio de ser elegido por Rolf Liebermann como consejero de la Opera de París.
La experiencia de asistir a un concierto de Solti se hizo en la sala de conciertos de Chicago y fue un momento inolvidable porque sus gestos aristocráticos y profunda mirada, causaron un escozor eléctrico.
La primera sinfonía, "El titán", de Gustav Mahler, surgió con suntuosidad, grandeza, y unidad conceptual y el corazón palpitó como una taquicardia descontrolada.
Sir Georg Solti vino a Buenos Aires únicamente en la temporada de 1951 para dirigir tres conciertos con la Orquesta Sinfónica del Estado, paso muy fugaz para un artista excepcional.
La ductilidad de Solti, así como su tendencia a la ampulosidad y al efecto visceral, quizás uno de los puntos generadores de discusiones y posturas contrapuestas, han quedado documentados en la enorme variedad de géneros y estilos, desde el barroco hasta nuestros días.
No cabe duda de que la música ha perdido a un artista de amplio criterio estético e intensidad magnética. Su pequeña batuta y sus gestos nítidos y cortantes han de quedar como ejemplo de la más alta precisión en el arte de la dirección.
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