
Falleció María Félix, una auténtica diva
Fue ayer, fecha en que cumplía 88 años
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MEXICO (AFP).– La diva del cine mexicano María Félix falleció ayer, fecha en que cumplía 88 años, debido a un problema cardíaco. La estrella, considerada una de las mujeres más bellas del mundo por poetas, escritores y directores cinematográficos, fue sorprendida por la muerte en su residencia de Cuernavaca, a sesenta kilómetros de la capital mexicana.
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María Félix era la última representante de la estrella –diosa fiel a sí misma y a sus adoradores–, dueña de un estilo esencial e inmutable, regiamente indiferente al paso de los años y de las modas.
María Félix fue La Doña, María Bonita, Señora Tentación, La Devoradora, Mesalina y tantos otros nombres que la fusionaron con los personajes que interpretó o las canciones que inspiró, y que siempre representaron una parte de esta diva que durante toda su existencia hizo lo que le apeteció.
La chica, que había nacido en “un año que no me da la gana citar”, pero que los irrespetuosos diccionarios descubren (1915), fue bautizada María de los Angeles. Bellísima mezcla de india (por parte de padre) y de vasco-española (por parte de madre), la niña llegó a tener quince hermanos. María, dice la leyenda, y hay que creerle, fue una chica indómita, dolor de cabeza de las monjas del colegio al que asistió, amiga de treparse a los árboles y de llegar subrepticiamente a las corridas de toros y a los partidos de fútbol.
De la ciudad de Alamos natal pasó a vivir con su familia en Guadalajara, donde fue elegida reina de los estudiantes. El sonambulismo que la aquejaba –siempre siguiendo la leyenda– le sirvió de pretexto para acercarse por las noches a la ventana donde algún enamorado esperaba respuesta a sus anhelos. Todo antes de los 14 años, cuando eligió casarse, contra viento y marea paternos, con un joven empleado que la había flechado en un baile de disfraces. El desdichado matrimonio duró poco y le dejó un hijo, secuestrado un tiempo por su padre, y marcó para María Félix el comienzo de un peregrinaje que culminaría en 1940, cuando el director Fernando Palacios la descubre por la calle, queda extasiado con su rostro y su figura, y le propone hacer cine. Ella, levantando despectivamente su ceja derecha y lejos de amilanarse, aceptó la propuesta.
El éxito y el amor
No quiso ser una actriz improvisada y estudió arte escénico durante dos años. Sabía que podía llegar a la cumbre del éxito. Encontró, finalmente, un estilo que la representaría a través del medio centenar de películas que protagonizó. En 1942 le llegó su oportunidad para asomarse a la pantalla grande: fue en “El peñón de las ánimas”, y su compañero de elenco era Jorge Negrete, ya consagrado en los sets. El charro cantor, que estaba furioso con la elección de una joven debutante para secundarlo, le dijo: “Hablando a lo macho, no pienso servir de escalón a muchachas inexpertas que quieren hacer carrera en el cine a mi amparo”.
Ella, que tenía 24 años, ya gozaba del carácter fuerte que perfeccionaría con los años: “Señor Negrete –le respondió–, hablando a lo hembra, admito que usted es muy bueno como cantante, pero como actor es malísimo”.
El rostro, el carácter y la voz de María Félix despuntaron en un cine mexicano que necesitaba nuevas figuras, hasta que se convirtió en una leyenda. Los títulos se iban sumando a una filmografía que comenzó a recorrer el mundo. “La mujer sin alma”, “Enamorada”, “Doña Diabla”, “Camelia”, “La Bella Otero”, “La cucaracha” y “Doña Bárbara” fueron algunas de las películas que encandilaron a los públicos más disímiles.
Trabajó a las órdenes de Luis Buñuel en “Los ambiciosos”, y con la dirección de Jean Renoir rodó “French Cancan”. Compartió elencos con actores de indudable fama y talento –Jean Gabin y Pedro Armendáriz, entre otros–, y compuso papeles tan dispares como el de femme fatal y el de humilde mujer de su telúrico México.
Genio y figura
De sus múltiples romances nunca se conocieron muchos detalles, con excepción del que mantuvo con Negrete y de ese en que La Doña y el compositor Agustín Lara dieron oportunidad a las revistas del corazón para centenares de páginas. De esta relación nació “María Bonita”, tema que Lara le dedicó a su gran amor.
María Félix confesó: “En el momento en que tocan eso se te pone la cintura de 40 centímetros, te sientes inteligente, te sientes adorada; es una canción que dice todo”. Pero el amor de María por Lara, con quien estuvo casada tres años, había nacido mucho antes de que se conocieran. Ella tenía 14 años cuando lo escuchó por primera vez cantar en la radio y quedó tan impactada que le aseguró a uno de sus hermanos: “Algún día me casaré con él”.
Lara no escatimó desplantes a su esposa y la relación terminó en fracaso en 1947. Tras esta boda contrajo matrimonio con el magnate francés Alex Berger, del que enviudó en 1976. En los últimos años se le conoció una relación con el pintor Antoine Tzapoff.
Volviendo a su pasado, La Doña había continuado en el cine con gran éxito. En la cumbre de su popularidad llegó a la Argentina para rodar “La pasión desnuda”, junto a Carlos Thompson, con quien mantuvo un fugaz romance del que quedó como recuerdo un fabuloso collar de esmeraldas que el actor le regaló y que, al morir, aún no había terminado de pagar.
Autodefinida como una mujer con corazón de hombre, María Félix tuvo la oportunidad de conocer a Jean-Paul Sartre, a Eva Perón, a Ernesto “Che” Guevara y a Fidel Castro. Su hermosa figura sirvió de inspiración al pintor Diego Rivera, y mantuvo gran amistad con Colette, Jean Genet, Picasso y los más grandes artistas de la época. En 1991 había celebrado su medio siglo como actriz en el programa de Verónica Castro, y conservaba su palco en el hipódromo parisiense de Chantilly, aunque ya había vendido sus caballos de carrera, otra de sus pasiones. A principios de marzo, apareció en público por última vez en un show de Luis Miguel. Las autoridades mexicanas informaron que hoy se le realizará un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de las Bellas Artes. Detrás queda el recuerdo de su casi mágica belleza, de su indomable carácter y de sus sufrimientos, que los tuvo, y que ella enviaría al baúl de los recuerdos con el gesto tan característico de levantar la ceja y sonreír.
Sus frases más famosas
- “Sólo he sido una mujer con corazón de hombre.”
- “Diva es una cosa prefabricada, pero yo no soy prefabricada. Me fabricó la vida y posiblemente me fabricó bien.”
- Una de sus grandes pasiones eran los caballos. Una vez, un periodista le preguntó si los prefería antes que a los hombres. Y ella respondió: “Me casé varias veces. Siempre con hombres. Con un caballo, nunca”.
- “Yo nunca he querido a nadie como me han querido a mí. Esa es la razón por la que nunca me han hecho sufrir.”
- “No me den consejos. Yo me sé equivocar sola.”
- “Diego Rivera me amó sin esperanzas durante casi diez años. Sin esperanzas porque a mí los viejos nunca me han gustado, y él lo sabía.”
- “Un éxito de varias décadas no es cuestión de suerte, sino de agallas.”
- “Mire señorita: yo he estado muy ocupada viviendo mi vida y no he tenido tiempo de contar mis años.”
- “Yo siempre escogí a mis hombres. Siempre llevé la manivela.”



