
Club Ciudad de Buenos Aires
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Frías noches nuevas
The Strokes, Costello, Dizzee Rascal y MIA: el rock de alta postura y el mejor rap británico sacudieron la primavera porteña.
Dos noches, un gran nivel entre las numerosas bandas y solistas, y mucho, mucho frío. Un impensado invierno en plena primavera se apoderó de las dos jornadas del BUE Mix Edition, con casi 15 mil personas por día en el Club Ciudad de Buenos Aires. Un lugar muy confortable para eventos de esta índole, y un acontecimiento que se impuso dentro de la cartelera de la Capital por su calidad artística.
Kings of Leon y The Strokes fueron los dos actos fuertes de la inauguración. Y mientras que los sureños defraudaron con un sonido plano y falto de matices, los Strokes rockearon y rollearon a pura elegancia aterciopelada. Varias son las claves de su encanto: el carisma de Julian Casablancas, el interjuego entre las guitarras y una base rítmica de esas en las no se repara, porque toda su labor es realizada a la perfección. Los neoyorquinos alternaron temas de sus dos primeros discos y tres estrenos pertenecientes a su próximo álbum: “Razor Blade”, “Juice Box” y otro del que ni siquiera Casablancas recordaba su “fucking name”. Un muy buen concierto, que relegó el aburrido preliminar.
En la segunda noche, todo cambió. El tipo de público, el festival en sí (con más propuestas, y más disímiles), la venta de bebidas (censurada en la primera fecha por tratarse de un evento atp) y el estado químico de la multitud. Así fue como Elvis Costello se apoderó del main stage para brindar otro show histórico. Con dos de los Attractions originales (Steve Nieve en teclados y Pete Thomas en batería), el show tuvo una seguidilla de clásicos inoxidables, ejecutados por un tipo de 51 años con el entusiasmo de un chico de 18. “Watching the Detectives”, “Shipbuilding”, “Allison” (con un fragmento de “Suspicious Minds” del Rey) y un final con “You’ve Really Got a Hold on Me” de Smokey Robinson, y un Costello que arengaba a la gente a cantar, para poder quedarse más tiempo del pautado en escena. Un poco más de una hora y media que se pasó como si nada, y que dejó con ganas de volver a ver al británico, pero en un teatro.
Luego de Elvis, la oferta se disipó con sets como los de Fisherspooner o Morcheeba, pero sin ninguna duda lo más atractivo fue lo que ocurrió en la carpa hiphopera. Primero Dizzee Rascal, que junto con uno de los miembros de su crew y con el manco DJ Semtex arengó a la masa con sus rimas callejeras; luego MIA, quien tras una larga espera repasó los temas de Arular en energéticas versiones; y por último la abstracción en clave rapera que propuso Cut Chemist. Y de esta manera el amanecer clausuró dos días que, tal como en 2004, dejaron a todos los asistentes satisfechos. Que se repita.
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