Finlandia, en la sensibilidad de Sibelius

Pola Suárez Urtubey
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6 de marzo de 2017  

La riqueza mítica de Finlandia y el paisaje nórdico fueron dos motivos fuertemente inspiradores para el compositor Jean Sibelius. Frente a ellos, el músico parece haber buscado una posición conciliadora entre lo documental y lo impresionista. De ahí que las leyendas y sagas que integran los distintos runos -cantos- del Kalevala, poema nacional publicado por Elias Lonrot en 1835 y 1849, y la evocación de los espectáculos naturales sean expresados en música con una carga de apasionada y dramática densidad humana.

Cecil Gray, autor de varias publicaciones y estudios sobre el compositor, señaló que Sibelius presenta en su vasta obra tres fases distintas. 0, mejor aún, tres personalidades. La primera, de filiación romántico-nacionalista; la segunda, ecléctica y cosmopolita, y la tercera, clásica y universal. "Es interesante observar -añade- cómo esta secuencia de personalidades se vincula estrechamente con tres períodos bien definidos de su vida. El primero es el de su residencia en Helsinki, en el que llegó a elevarse al rango de figura nacional; el segundo, durante el cual realizó numerosos viajes por el extranjero, es aquel que le valió amplia reputación europea, mientras el último coincide con los años de su aislamiento en Jarvenpaa. Justamente donde murió el músico el 20 de septiembre de 1957, tras haber vivido noventa y dos años.

También es Cecil Gray, gran apologista de Sibelius y a veces menos equilibrado de lo que se desearía, quien se encarga de desvirtuar algunas ideas al parecer erróneas sobre el poema sinfónico Finlandia, Op. 26, compuesto en 1899 y revisado el año siguiente. Una obra que nos promete la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires para su concierto del jueves 16 en el Teatro Colón. Según Gray, y el propio Sibelius habría estado totalmente de acuerdo con ello, no existe en esta obra ningún elemento de procedencia popular nacional. Todos los temas son originales del compositor, quien ha buscado sólo traducir una evocación subjetiva del país. Para el biógrafo inglés, un sentimiento patriótico está en la base de la partitura; pero nada más que sentimiento. Inútil es buscar una sola melodía -escribe- que coincida con los cantos populares de aquella región.

Hay razones muy válidas para comprender el valor patriótico de este poema. En el año de su composición, 1899, el país vivía bajo el yugo ruso. Toda manifestación nacional, hostil a los agresores, estaba, naturalmente, prohibida. Por debajo de una apariencia sumisa, sin embargo, bullía la resistencia. Una forma de ella había tomado el aspecto de "fiestas", en cuyo transcurso se presentaban cuadros vivos del heroico pasado finlandés. Varias composiciones de Sibelius tuvieron ese destino; es decir que, al margen del móvil que las motiva, tendrían el carácter de música incidental, para acompañar una escena.

Este poema sinfónico no tuvo este nombre en un comienzo, de modo que Sibelius lo dirigió en varias ciudades bálticas con el nombre de Impromptu. Los países escandinavos, que compartían las luchas de los finlandeses, lo llamaron Suomi, es decir, Finlandia. Los franceses, por su parte, lo conocieron con el nombre de La patria, hasta que por fin Finlandia pudo dejar de ser un nombre prohibido.

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