
Folklore "light" con Luciano Pereyra
Recital de Luciano Pereyra. Músicos: Jorge Rala (violín y guitarra), Jorge Giuliano (guitarra), Claudio Pacheco (bajo), Raúl Reynoso (guitarra), Mario Tierno (charango, roncoco, guitarra), Rodolfo Sánchez (percusión). Teatro Gran Rex. Nuestra opinión: Regular
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La presentación del joven cantante Luciano Pereyra, este fin de semana, ratificó una tendencia musical que se abre como un subgénero dentro de lamúsica folklórica: la incorporación de baladas y letristas como Paz Martínez a un concepto musical donde los ritmos folklóricos apenas son un complemento. A partir de esa propuesta, este intérprete influenciado por el género romántico apunta a una audiencia masiva que no soportaría un repertorio por completo telúrico. El concierto tiene esa marca ambigua y un concepto escénico más apropiado a la cursilería de los baladistas latinos: Luciano Pereyra hace varios cambios de vestuario, suma una sesión de cuerdas para los temas más románticos, usa efectos de lluvia, papel picado, fuegos artificiales y hasta se anima a presentar "su" living, con piano blanco incluido. Todo eso forma parte de ese universo amplio, más adaptado a un público de matineé, fervorosamente cómplice, que agradece los guiños del cantante o las dedicatorias y está en las antípodas de la mística trasnochada del folklore.
El cantante -tímido, serio o canchero, según el clima del recital- está por encima o adelante de lo que es su música. Para las chiquilinas que lo siguen lo único importante es si "mueve la colita", y se lo harán saber desde que aparece en el escenario vestido de traje negro: será lo único a que se negará. Poco pesan los títulos de consagración en Cosquín, la referencia de un padrino folklórico como Horacio Guarany o si el chico se hizo conocido con la chacarera de su autoría "Chaupi corazón" o "Soy un inconsciente" (el párrafo: "inconscientemente estoy pensando en ti, estoy bloqueado" sigue siendo surrealismo puro dentro de la poética popular).
Da lo mismo si este lujanense de 19 años hace folklore, música tropical o boleros. En esa falta de prejuicios, el público juvenil que desborda el Gran Rex disfruta tanto de chacareras o zambas como de las canciones más melosas. Así pasan en las dos horas de recital un largo listado de temas, donde la supremacía la tienen las baladas, muchas de Paz Martínez (nadie resolvió el misterio de cómo cautivó a intérpretes populares con repertorio folklórico) y otras, más delicadas, de la dupla Jorge Giuliano y Nacho Wisky.
Los momentos más folklóricos de la noche aparecieron en el principio y en el final, cuando subieron Mercedes Sosa, para la zamba "Agitando pañuelos" ("Ya me puedo ir a dormir tranquilo", dijo Pereyra tras compartir el escenario con la tucumana) y Peteco Carabajal, que tocó "Perfume de carnaval", donde Pereyra demostró que a pesar de cierto caudal interpretativo no tiene recursos de matices y cuerpo para abordar ese estilo de más peso. Suena poco convincente en las zambas, a diferencia de cómo se desenvuelve en canciones como "Los recuerdos no abrazan", "Desde que tú te has ido", un hit, "o "Amor, pasión, olvido", de su autoría, que tocó en el piano, donde se lo nota más cómodo.
La banda es la compañera ideal para que el intérprete camine tranquilo los diferentes ritmos. Suena sutilmente mínima con respecto a la voz de Pereyra, como si tuviera que quedar atrás de la estrella de la noche. Y tiene tiempo para dos instrumentales: un gato y una zamba, lo más criollo de la noche, junto con los invitados.
No se pensó en una pareja de baile para ese tramo. En cambio, apareció una chica con gesto lánguido y vestida de piloto para recordar un videoclip del cantante que inicia un tramo de baladas de todo calibre. Cosas de esta nueva generación de folkloristas mediáticos.
Al final se acordó del folklore y retomó el género, para que el público haga palmas en "Eclipse de luna" y "La zamba del negro alegre". El segundo bis fue con "Sólo le pido a Dios" de Gieco, que Pereyra se dio el gusto de cantar en el Vaticano y que acá interpreta junto al Coro de Gómez Carrillo.
Aunque le recuerde a la gente: "Escuchen folklore", Pereyra aún suena indeciso musicalmente. Los ritmos de raíz folklórica no le alcanzan para su mensaje romántico y se siente destinado a otros rumbos y géneros. La compañía discográfica estaría más feliz y sus seguidoras también.
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