Instantáneas de una excursión por Brasil
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Por razones totalmente ajenas a mis tareas en este medio he tenido que viajar recientemente a San Pablo, Brasil, a cubrir un evento relacionado con la industria de la tecnología y las telecomunicaciones.
Las temáticas allí tratadas están muy lejos del perfil de Rolling Stone y, seguramente, del interés de su público. Pero como este ha sido un viaje laboral muy importante, diferente y enriquecedor, quisiera compartir con ustedes, queridos lectores de este humilde blog, las experiencias vividas.
A continuación, la snapshot history de una travesía reveladora.
Foto 1.
¡Cuánta excitación! ¡Cuánta ansiedad! ¿Cómo no dejarse llevar por la emoción de ponerle alas a la rutina y llevar la vida hacia nuevos horizontes? Me pregunto cuántas aventuras me esperan. ¿Nuevas amistades? ¿Amores? ¿Problemas? Ay, ay, ay, Maxi, ¿cómo sos, eh? ¡Aún no te subiste al avión y ya estás volando? ¡Hacé aterrizar esa imaginación, pajarito!
Foto 2.
Amo volar. El hermoso aroma a "pino silvestre" del desinfectante en los asientos, el abrazo protector del cinturón de seguridad, la opresión en el pecho al despegar, el embriagante vértigo del avión ajustando su rumbo.
Una sensación urgente invade mi estómago, como si tuviera mariposas revoloteando en su interior. ¿Acaso me habré enamorado de esa azafata que volcó café sobre mi cabeza?
Permiso: me llevo esa inquietud al baño.
Foto 3.
Al llegar a San Pablo, no solo uno, sino tres amables remiseros me estaban aguardando en el aeropuerto. ¡Qué organización!
Aparentemente, la costumbre aquí ni bien arribás al aeropuerto es entregar todas tus pertenencias a estos amables y pintorescos conductores. "Por seguridad -me dijeron-. Acá en San Pablo hay mucha delincuencia". Y les aseguro que yo me sentí muy protegido, ya que estos valientes incluso estaban armados.
Lástima que se fueron tan rápido: me olvidé de darles mi pasaporte en custodia (no vaya a ser de que me lo roben por ahí).
Foto 4.
Debo confesarles que el hotel donde me alojaron a primera vista me pareció un tanto rústico para mi gusto, pero ¡qué importa! Después de doce horas de vuelo y nueve de caminata desde el aeropuerto al hotel, uno solo quiere una cama donde renovar energías (y no importa si ese catre es una pila de hojas de tabaco secas: no me molesta el sector fumadores).
La organización me dijo que este era un establecimiento cinco estrellas, pero les aseguro que yo podía ver más de un millón por las noches desde los huecos del techo en mi habitación. Y la falta de paredes es una barrera menos para entablar amistad con otros huéspedes (y una verdadera bendición los días de calor).
Foto 5.
Si algo debo destacar del evento que fui a cubrir es la presencia de decenas de bellas promotoras. Me habían dicho que las mujeres brasileras son las más sensuales del mundo, pero no me esperaba ver estas verdaderas amazonas de miradas cómplices, labios carnosos y, sobre todo, sonrisas que son una boca a la perdición.
Foto 6.
No crean nada de eso de que Brasil es un lugar muy liberado. Les aseguro que, en la intimidad, este país es muy machista.
Foto 7.
En el camino de regreso hacia el aeropuerto, este humilde periodista se topó con una noticia mundial escalofriante: Brasil tiene armas de destrucción masiva (¡y las está movilizando!). Aunque me parece que el ejército local no contaba con que el tráfico vehicular de San Pablo puede evitar cualquier proliferación nuclear.
Porteños, ya sabemos cómo prepararnos para defender a la patria: ¡arriba los piquetes en hora pico, y no a los carriles exclusivos!
Foto 8.
De vuelta en casa, a uno solo le queda reponerse de tantas emociones. Llegué sin equipaje ni dinero, pero sintiéndome más liviano y rico por la experiencia ¿y cómo no estarlo? He ganado amigos, disfrutado de hoteles de lujo, coqueteado con mujeres hermosas y revelado intrigas internacionales.
Ahora entiendo cuando dicen que el viajar es un placer.





