
George Bush ganó por una aplastante mayoría a su rival John Kerry. A Estados Unidos le esperan cuatro años más de lo mismo. Más Irak, más discursos sobre la familia, más frases tontas.
1 minuto de lectura'
El mundo contuvo el aliento el
día de las elecciones de los Estados Unidos. No hay duda de que los ciudadanos del planeta habrían elegido a Kerry. Aún quienes quieren bien a los Estados Unidos, entre los que me cuento, habríamos preferido que el presidente hubiese sido Kerry. Los demócratas, lo dijo Thomas Friedman, encarnan las esperanzas de los Estados Unidos, los derechos civiles, el antirracismo, el medio ambiente, los derechos humanos, el multilateralismo. Los republicanos, en cambio, representan los temores de los Estados Unidos, y se caracterizan por su apoyo al armamentismo, a la industrialización, la indiscriminada perforación petrolera, al apoyo a los ricos.
Los resultados fueron devastadores. Sobre todo porque las encuestas de boca de urna daban como presidente a Kerry así que hubo unas horas de euforia. Pero hay que decirlo, los resultados también fueron claros y el problema, a diferencia del 2000, se resolvió pronto. Más peligroso que los Estados Unidos con un presidente radical son los Estados Unidos sin presidente.
Malo, sin duda, para el mundo. Bueno para el rock: gran lírica se abre paso sobre Bush y sus destrezas. No hay, sin embargo consenso sobre lo que pasó en las elecciones. Veamos dos teorías.
la primera teoria afirma que los Estados Unidos se han radicalizado. Lo que hay es una contra-jihad, una ofensiva religiosa liderada por bandas de cristianos evangélicos, dueños de grandes canales de televisión y de vastas fortunas, que decidieron apoyar a Bush y que ahora tienen una enorme influencia en el gobierno.
Según esa teoría, el triunfo de Bush refleja un cambio fundamental en los Estados Unidos, uno que hace, a juicio de los extranjeros, que los Estados Unidos sea más Bush y menos Oliver Stone, más lo que Michael Moore quiere que sea Bush, una caricatura del gringo de clase media, ignorante sobre los asuntos del mundo, matón de barrio, racista y xenófobo.
Es la teoría de lo que se ha llamado la brecha cultural, [the cultural divide], de la diferencia entre los Estados Unidos sofisticados, urbanos, educados y la gran masa de votantes gringos elementales, aterrorizados con las amenazas externas, desde Al Qaeda hasta los mexicanos, pasando por las Naciones Unidas, Francia y los automóviles japoneses.
Y es la teoría que maneja la mayor parte del mundo: la de la caricatura de Bush. ¿Cómo pueden existir tantos millones de ignorantes en EEUU?, se preguntaba un diario europeo citando la cifra de votantes de Bush después de las elecciones.
segun la segunda teoría, los Estados Unidos siguen siendo un país dividido, no arrasado por una mayoría de blancos evangélicos, radicales y xenófobos, sino donde existe una división en la cual la mayoría la otorgan unos pocos votos, como sucedió en 2000. ¿Qué son, al fin y al cabo tres millones de votos en un país en el que más de cien millones de personas votan? Una golondrina apenas, no el verano completo.
Según esta teoría, apoyada por cifras concretas del encuestador Mark Penn, de Penn & Schoen, el triunfo de Bush no se logró en la multiplicación de las milicias blancas de Oklahoma y de los rezanderos de Dakota del Sur, sino en dos electorados: los hispanos y las mujeres blancas.
Entre los primeros, Bush obtuvo casi el 45%. Tradicionalmente los republicanos sólo recibían el 20% de ese voto hispano. Esa diferencia le habría entregado un 1% adicional de ventaja sobre Kerry. Las mujeres blancas, a su vez, votaron masivamente por Bush. ¿Miedo a la guerra? Claro que sí. ¿Miedo a cambiar de Presidente en medio de la guerra? También. ¿Miedo a la debilidad de Kerry, a lo malo que era Kerry como candidato? Sin duda.
Si uno sigue esta idea, los Estados Unidos no han cambiado de manera radical. Ni siquiera de modo importante. El Congreso tiene mayoría republicana, es cierto, pero también la tuvo en 1994, y Clinton los derrotó en 1996. El Presidente Bush siempre ha tenido el apoyo cristiano y él mismo es un cristiano de derecha, pero pareciera que en el primer periodo gobernó con la derecha evangélica y en éste no tanto: sacó a Ashcroft, quien representaba en su primer mandato a la más rercalcitrante derecha cristiana y premió a los hispanos, nombrando por primera vez en uno de los cargos más importantes de la tierra a su amigo y asesor legal, Alberto González.
yo creo mas en la segunda teoría. He vivido en Estados Unidos casi ocho años en distintas épocas y nada en la vida cotidiana me muestra un país radicalizado en contra de los inmigrantes o un país de bárbaros en una cruzada evangélica que se haya tomado el país entero.
Es cierto, vivo en una ciudad, Washington, no caracterizada como una ciudad de derechas. Pero sigo viendo un país abierto y tolerante, un país que a pesar del miedo posterior a septiembre 11 y de todos los intentos por cerrarse y defenderse, y por atacar antes de ser atacado [el mayor retroceso y mayor imbecilidad de los últimos cien años en política internacional], sigue siendo uno de los más abiertos del planeta.
Bush no es así. Es intransigente, defiende una agenda reaccionaria en contra de los homosexuales, el aborto, la inmigración y el medio ambiente. Pero él es transitorio. Y las mayorías republicanas no son arrolladoras.
Queda su hermano Jeb, gran orador, bilingüe y de quien su padre, el expresidente George Bush Sr, solía decir que era el Bush hijo que sería presidente. Si así fuera se inauguraría en EEUU una democracia hereditaria parecida a la que, a veces, impera en nuestros países. Eso, sumado a los contratos con Halliburton, la empresa de la que Cheney fue Presidente; los líos electorales; el tráfico de influencias; los sobornos, muestra un país que empieza a parecerse a una república bananera.






