Giuseppe Tartini y su sueño diabólico
Entre fantasías y quimeras
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Tartini fue uno de los violinistas más notables del período anterior a Paganini. Fue un virtuoso que paseó su arte por las más diferentes regiones europeas, generalmente, interpretando obras propias. De sus muchas sonatas y conciertos, la obra que sobresale por sobre todo el resto es esa sonata para violín y bajo continuo que porta como subtítulo "El trino del diablo". Es una obra de tremendas dificultades técnicas que los violinistas gustan de tocar para mostrar sus propias virtudes. Un tal Joseph Jérôme Le Français de Lalande, en su libro Voyage d'un françois en Italie, fait dans les années 1765 &1766, demasiado título para algo que no es sino un mero diario de viajes, refirió cómo fue el proceso creativo según las palabras del propio Tartini: "Una noche, soñé que había hecho un pacto con el diablo a cambio de mi alma. Todo salió como yo deseaba: mi nuevo sirviente anticipó todos mis deseos... Le di mi violín para ver si podía tocar. ¡Cuán grande fue mi asombro al oír una sonata tan maravillosa y tan hermosa, interpretada con tanto arte e inteligencia, como nunca había pensado ni en mis más intrépidos sueños! Me sentí extasiado, transportado, encantado... Inmediatamente tomé mi pluma con el fin de retener algo de lo que había soñado. Pero fue en vano. La música que yo compuse es sin duda la mejor que he escrito y la llamé «El trino del diablo» pero la diferencia entre ella y aquella que me había conmovido en mi sueño es tan grande que debería haber destruido mi instrumento y abandonar la música". Atendiendo a este relato, tal vez el verdadero nombre de la sonata debería haber sido "Las fantasías de Lalande" o "Las quimeras de Tartini" porque es de intuir que el maléfico y demoníaco diablo no tuvo la culpa de nada, ni siquiera de un solo trino.




