Gran revuelo por las revelaciones de la biografía no autorizada de Tom Cruise
Se lo pinta como inseguro, dominante y fanático
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NUEVA YORK ( The New York Times ).- Si Tom Cruise: An Unauthorized Biography , de Andrew Morton, se publica sin problemas la semana próxima, uno de sus postulados centrales quedará desmentido. Si Morton está en lo cierto respecto del fervor querellante de Cruise -el tema ostensible del libro-, o tiene razón acerca de la Iglesia de la Cientología, que es su tema verdadero, la publicación será recibida con sucias tretas, furia mesiánica y una persecución incesante. Si Morton está equivocado, habrá muy pocos fuegos de artificio. Después de todo, entre las revelaciones de esta biografía se cuenta el hecho de que Tom Cruise fue un chico tan listo como lindo.
Morton, "un especialista en celebridades" (según afirma la solapa de su libro), y artífice de la venganza, en 1992, de Diana, princesa de Gales, contra la familia real inglesa ( Diana: Her True Story ), está perfectamente equipado para una sola cosa: tratar las tribulaciones de los famosos como asuntos capaces de cambiar la faz de la Tierra. Ha gravitado hacia personajes que aprecian (Monica Lewinsky) o poseen (Madonna) alguna forma de poder capaz de embriagar a su poseedor.
En el caso de Cruise, Morton ve a un personaje dominante y agresivo que ha unido fuerzas con la cientología para catapultar sus actividades más allá del terreno iluminado por el brillo de los reflectores. "Más que cualquier estrella de hoy", escribe Morton, "Tom (naturalmente lo llama por su nombre de pila) es un mesías del cine que refleja y refracta los miedos y las dudas de nuestra época, comerciando con el poder desmedido de la celebridad moderna, con nuestra adhesión al extremismo religioso y la desconcertante escala de la globalización." El libro afirma que "la incesante expansión de la organización y de sus grupos se debió al encanto y la persuasión de su muchacho insignia, cuya modernidad, familiaridad y espíritu amigable disfrazan el celo totalitario de su fe".
Casi no hace falta decir que usualmente los biógrafos no suelen atacar la fe religiosa de sus sujetos con impunidad. Ni que los periodistas de investigación suelen ocuparse con frecuencia de la cientología. Sin embargo, Morton ha buscado a una cantidad de ex cientólogos dispuestos a hablar con libertad, y en algunos casos vengativamente, sobre el funcionamiento interno del grupo. La ansiedad de Morton por incluir sus voces lo hace transgredir los límites de la crónica responsable.
Por ejemplo, careciendo de datos comprobables, señala que si Tom Cruise y su esposa, Katie Holmes, alimentaron a su hija Suri con la fórmula para bebes basada en cebada recomendada por L. Ron Hubbard, el fundador de la cientología, "lo mantuvieron en secreto". Y a pesar de los triunfos legales de Cruise contra las publicaciones que lo describieron como gay, esa afirmación sigue viva en forma de rumores de Internet.
El Tom Cruise de este libro es enfáticamente heterosexual en todos los tediosos capítulos iniciales que hablan de la niñez y adolescencia. "Quedé llena de moretones por la palanca de cambios del auto, eso se lo aseguro", dice una novia del secundario que estuvo con él en su auto. También se dice que Cruise era un entusiasta del aeromodelismo, que encarnó al Pájaro Loco e hizo una buenísima caracterización del sol en un acto escolar. "Incluso 30 años más tarde todavía me pone la piel de gallina", dijo una de sus maestras sobre la interpretación del astro en ciernes.
"El film nunca se venderá y Tom Cruise no será un actor importante", dijo en una memorable oportunidad un ejecutivo de Fox. Sin embargo, el libro describe el veloz ascenso de Cruise desde una oscuridad mediocre ( Endless Love , 1981) hasta la estratosfera de Hollywood ( Top Gun , 1986), poniendo mayor énfasis en la evolución de su vida privada. Para 1985 se había involucrado con Mimi Rogers, su primera esposa, quien le dio entrada en el mundo de la cientología. Aunque la cientología reniega de la psiquiatría, Morton juega al terapeuta especulando que Cruise fue fácilmente reclutado por ser "un niño inseguro que espera un inmerecido golpe de su padre".
Aunque Morton es un blanco fácil por hacer comentarios tan inmotivados, también sabe ser un observador agudo. Su impresión general de Tom Cruise tiene sentido y proporciona un retrato creíble, extrapolado de los comentarios hechos por el actor y de su muy visible conducta pública. El libro describe a una figura controladora e intensa ("Era como una bombita de luz andante", recuerda un observador), cuyas necesidades se amoldaron perfectamente a la estricta estructura jerárquica de su nueva fe, por la que, en cierto momento, decidió dedicarse de lleno al proselitismo espiritual, emocional y político. El libro supone que de ahí al frenético episodio en el sofá del programa de Oprah Winfrey hay un corto camino.
Entre los actores fundamentales de este libro, que empieza lentamente y luego se torna rápidamente incisivo, se cuentan el cineasta Stanley Kubrick, cuya manipulación de Cruise y su segunda esposa, Nicole Kidman, durante el maratónico rodaje de Ojos bien cerrados , es presentada aquí como especialmente dañina; la propia Kidman, aunque sus problemas con Cruise han sido diseccionados por otros biógrafos, y David Miscavige, el poderoso líder de la Iglesia de la Cientología. Morton afirma que el actor de Misión imposible copió de Miscavige tanto sus gestos como su apariencia y, sobre todo, su tendencia al fanatismo.
El libro pinta a este último como una suerte de villano de folletín que se atusa el bigote recitando diálogos de película clase B. En el verano de 1989, dice el volumen, cuando Cruise accedió a visitar el complejo Gold Base de la iglesia, celosamente protegido en el desierto de California, Miscavige "le anunció con alegría a su equipo: «Estamos a punto de asegurarnos a nuestro recluta más importante. Su llegada cambiará la cientología para siempre»". Morton pisaría sobre terreno más sólido si hubiera respaldado esta cita con alguna fuente directa o incluso de segunda mano.
Si Tom Cruise: An Unauthorized Biography atrae tantas críticas como interés, el tumulto no se deberá tanto a los testimonios sin confirmación como a la interpretación. La terminología y los preceptos de la cientología ("Teegeeack", "Xenu", "MEST") pueden ser considerados demasiado extravagantes y el libro se esfuerza para entenderlos mal. La expresión "mercader del caos" ha sido empleada por Cruise para insultar a su padre, y Morton la toma como un epíteto siniestro. Tal vez lo sea: pero también se la emplea en los escritos de la cientología para describir a quienes sacan provecho de divulgar pensamientos perturbadores. Y los especialistas en celebridades no son inmunes a esa acusación.
La medida de la fama
- Parece que una de las mejores maneras de medir el poder de una estrella en Hollywood es contar de cuántas biografías no autorizadas es protagonista: Julia Roberts, por ejemplo, tiene tres, y Jennifer Lopez cuenta con dos, pero seguro que pronto aparecerá otra que dé cuenta de su nueva etapa como madre. El caso de Sean Connery es paradigmático, porque el ex 007 aceptó escribir su propia historia para luego arrepentirse, pero previamente se había ocupado de retirar del mercado norteamericano dos biografías que insinuaban que había maltratado a su primera esposa. Muchas veces, estos relatos vitales de personajes conocidos están escritos por familiares cercanos con necesidad de efectivo. Así, la mamá de Jennifer Aniston contó por escrito la historia de su hija, lo mismo que la madre de Meg Ryan, con la que la actriz ya no tiene contacto.




