
Grinstein y Duggan, del tango a lo oriental
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Festival Buenos Aires de Danza Contemporánea. Programa: "Cenizas de tango", de Roxana Grinstein. Compaginación musical: Edgardo Rudnivsky. Vestuario: Jorge Ferrari. Con Iliana Etcheverry, Cecilia Pugin, Liliana Tocacceli, Mariana Brusco, Maximiliano Avila, María Marta Colusi, Omar Mamani, María Inés Hernández y Jorge Solís; y "Shodó" (el camino de la caligrafía), de Teresa Duggan. Con Germán Fonzalida, María Laura García, Magdalena Ingrey y Javier Zuker. Teatro Alvear.
Nuestra opinión: bueno
"Cenizas de tango" abrió el fuego del Festival, una pieza de Roxana Grinstein que traduce, en esta inquieta y avezada coreógrafa, un nuevo rumbo en su inspiración. Las mujeres que presenta, vestidas de negro y muy modosas, esconden bajo su recatada vestimenta la pasión reprimida. Lo del tango viene a colación pintando la sumisión, el pudor y la timidez como características de la muchachita sublimada que no debe dar a conocer su ardor.
Sin embargo, a solas, ellas se descubren. Su pecado es sentir deseo y en la intimidad, agónicamente, se muestran tal cual son. Luego volverán a su actitudes formales bajando sus polleras, abotonando sus camisas, estirando los pliegues de sus polleras para que la visión de sus piernas no produzca anhelos.
En cada una bulle un volcán que no puede llegar a la erupción. Otra, distinta, con seductor vestido, espalda desnuda y altos tacos, es el álter ego de las reprimidas. Con felinos movimientos sabe tentar, puede dejarse llevar por el frenesí y mostrar sin culpas las facetas que las ruborosas tapan. En todas están implícitas las mujeres que evoca el tango. Cuando el personaje solista canta "Malena", en ella convergen la tristeza, el amor idealizado, la frustración.
Siempre presente, el tango hace simbiosis con la danza contemporánea y las imágenes que hilvana Grinstein, con rico lenguaje coreográfico, tienen plasticidad y lirismo a la par que fuerza. Con Liliana Tocacceli en una labor superlativa y excelentes intérpretes en todo el grupo, Roxana concretó una bella obra cuya longitud atenta contra las interesantes ideas que esta creadora plantea. Esta coreografía se repetirá el 24 y 25 de noviembre en el teatro Regio.
"Shodó", de Teresa Duggan, cuyo subtítulo es "El camino de la caligrafía", plantea una interesante propuesta, muy influida por la estética japonesa. Los bailarines, dos hombres y dos mujeres, tienen el torso pintado con signos de la escritura nipona. En movimientos lánguidos van aproximándose, recubriendo sus cuerpos con túnicas de tela extensible color piel. En tanto ellas los visten, ingresan dentro de la túnica para conformar la visión de un solo cuerpo, fundiéndose en un sutil ritmo erótico.
Por momentos, la dinámica pasa a la pasión y hasta a una controlada violencia. En otros, llegan a la armonía en siluetas que se mecen suavemente, cubiertas cabezas y caras, dejando que sólo las formas provoquen la imaginación de dos en uno. Parece un camino de comunicación interior a través de lo epidérmico y de esa caligrafía que los une universalmente con la naturaleza y en su condición de seres humanos.
Plácida y misteriosa, la obra de Duggan despliega creatividad e intenta caminos no muy hollados, aunque su vocabulario dancístico es en casos pobre para demostrar más fehacientemente tan buenas ideas.






