
El vocalista de la Bersuit Vergarabat cuenta cómo fue su peor concierto y revela el daño psicológicos que le causan las multitudes
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Marzo. Comienza el año académico y se desatan las primeras fiestas universitarias. El contexto ideal para que la Bersuit Vergarabat cruce la cordillera y haga de las suyas una vez más. La última vez fue el sábado 18 de marzo, frente a unos 7 mil estudiantes, donde terminaron con tres chicas en topless bailando arriba del escenario. "Fue algo espontáneo", cuenta el vocalista de la banda, Gustavo Cordera (44), quien hace tiempo entendió que primero la fiesta es para el público y luego para ellos. Tanto así, que se comprometieron a tocar limpios. Eso sí, el pacto tiene una cláusula: al momento de hacer el bis se pueden tomar una que otra cosa.
¿Es normal que terminen tocando con chicas desnudas sobre el escenario?
Sí, es normal, es algo que ha pasado durante toda la historia de la Bersuit. Siempre ocurre en la canción "Hociquito de ratón", pero depende de la gente. Cuando el público quiere, abajo del escenario aparecen chicas que nos muestran sus tetas. Nosotros exigimos garantías, si no son capaces de mostrarlas desde abajo, no suben al escenario. Porque esta canción, sin tetas, no se hace.
¿Qué pasa después con las chicas que se suben al escenario?
Los romances forman parte de las historias ocultas, silenciosas y underground del rock and roll.
En cada disco que pasa se han ido encontrando cada vez con ritmos más latinoamericanos, ¿puede ser un poco eso de sacarse un poco de encima al rock, que de alguna manera es el folclore gringo?
En realidad no sé si es sacárselo de encima, pero creo que estamos en una constante búsqueda, y de una u otra manera hemos llegado a la raíz, a los ritmos folclóricos, que creo que están en nuestra sangre. Por lo demás, Argentina tiene una gran riqueza musical, partiendo por el tango, hasta las murgas, el chamamé y el candombe. Bueno, al principio tocábamos estos ritmos con ciertos prejuicios, porque cierta parte del mundillo del rock, que es un poco altanera, nos miraba en menos. Pero nos dimos cuenta de que nos gustaba y nos divertía hacerlo, y a la gente que iba a vernos, también.
¿Escuchas bandas chilenas?
Me encantan Los Tres. Supe que están grabando un nuevo disco, lo que encuentro buenísimo. He escuchado algo de Chancho en Piedra. A Juan Subirá (teclados) le gusta mucho Fulano, me ha mostrado algunas cintas.
Cuando editaron el disco en vivo De la cabeza con la Bersuit vendieron más de 150 mil copias. ¿Alguna vez imaginaste que serían tan masivos?
Al principio nos costaba mucho organizarnos, hacer un disco o un recital. Jamás imaginamos que íbamos a tocar en tantos países, ni menos que íbamos a tener tan buena aceptación. Pero eso ha cambiado. Desde el 2001 hasta ahora, somos una de las tres bandas con mayor convocatoria de toda la Argentina, lo que no es menor.
¿Cómo fue eso de partir tocando en pequeños bares, para de un día a otro enfrentar estadios repletos?
A mí, personalmente, el éxito me alteró muchísimo. Uno cree que está preparado para enfrentar cosas nuevas, pero es mentira, la realidad siempre es mucho más avallasadora de lo que uno piensa. Estuve dos años con problemas de ansiedad y ataques de pánico. Me costó muchísimo salir adelante. Con todo esto aprendí a ser un poco más inaccesible, a conectarme sólo con las situaciones que me hacen bien.
¿Malos recuerdos sobre el escenario?
Uff…varios. Uno de los más dramáticos fue en una época que estábamos tocando fondo, en la ciudad de Rosario. Estábamos parados en el escenario, casi todos en ácido. Juan (teclados) estaba muy nervioso, cuando de pronto se puso a llorar y tomó el micrófono para pedir disculpas al público, para decir que era el último show de la Bersuit. Esa noche disolvió al grupo… Otra terrible fue en San Bernardo (Argentina), en enero del 98. Esa fue la única vez que toda la banda decidió tocar en ácido. Cuando estábamos tocando la canción "Caramelo", me desnudé y me comencé a masturbar. Fue un momento tremendo, era prácticamente la extinción de la banda.
Veo que sobre el escenario es donde mejor lo pasan.
Sí, salvo que hacemos demasiados conciertos a beneficios. Una vez estábamos hechos mierda de tocar tanto para otros, que decidimos hacer un recital en beneficio para mí, para Gustavo Cordera. Esa noche me subasté arriba del escenario y solamente un tipo me lanzó una moneda de a peso. Me emocioné mucho, porque yo creía que no valía nada. En agradecimiento le tiré mi calzoncillo, pero me lo devolvió.
¿Ya no más excesos?
Ahora casi no nos metemos nada, ni siquiera después de los conciertos, porque al otro día tenemos que hacer notas, ir a radios. Ya no queremos que en el escenario se vea un tipo hecho mierda, eso ya lo vieron durante muchos años. Igual, si tengo dos o tres días para recuperarme, me mando no más. Por ejemplo, hoy tengo ganas de salir.
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