
Haz lo que digo, no lo que hago
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Smashing Pumpkuns en el Parque Sarmiento. Músicos: Billy Corgan, en y guitarra; D´Arcy, en bajo; Iha, en guitarra; Mike Garson, en teclados, y Kenny Aronof, en batería.
Nuestra opinión: bueno.
Si esto no es rock, el rock, ¿dónde está? Porque si bien el pelado Billy The Kid no se cansa de gritar a los cuatro vientos que el rock ha muerto, anteanoche los Smashing Pumpkins se presentaron por primera vez en la Argentina con un show de dos horas a puro rock. Con solos de batería y guitarra incluidos, con la potencia de las seis cuerdas siempre al frente, y hasta con un final caótico digno de cualquier espectáculo que se precie de rockero.
Como no podía ser de otra manera, Corgan, D´Arcy e Iha subieron al escenario entre penumbras, y allí se quedaron para interpretar la hermosa "To Sheila" (la misma que abre su último disco "Adore"), para después pegar fuerte y directo en las cabezas de los cinco mil asistentes, con una contundente versión de "Pug".
Tema tras tema, esa fue la fórmula de los Pumpkins a lo largo del concierto. Bajar, crear un clima intimista, para luego explotar una y otra vez. Así, Corgan derrochó toda su artillería de trucos (incluso el de empezar cantando a capella para después darle paso a la electricidad furiosa del grupo) y entretuvo a los presentes con la mayoría de las canciones que componen su último trabajo y con los éxitos de su vendedor y exitosísimo álbum doble "Mellon Collie and the Infinite Sadness".
A lo largo de la noche también hubo espacio para lo acústico con el ya clásico "Tonight, tonight" y para que el ex compañero de David Bowie, Mike Garson, se luciera en los teclados en más de una oportunidad.
Párrafo aparte se merece el set de tres baterías que acompaña a los Pumpkins en esta gira. Comandados por Kenny Aronoff, que no se cansó de golpear y golpear sin parar sus parches, la nueva propuesta del grupo de Chicago luego de echar a su baterista de siempre, James Chamberlin, resultó por demás efectista.
El público festejó cada gesto del lánguido Billy y disfrutó a pleno los temas más conocidos, como "Ava Adore", "Bullet with Butterfly Wings", "Perfect" y el eterno "1979", el primero de los bises, ya cerca del final.
El otro bis fue lo que devino un verdadero descontrol, que bien podría haberse catalogado con el lema "Vení, subí y tocá con los Smashing Pumpkins". En medio de la última canción, los músicos se pusieron a zapar, al mismo tiempo que los plomos comenzaron a desarmar la infraestructura de las tres baterías.
Entonces, Corgan improvisa un "Don´t Cry for me Argentina" y da el puntapié inicial para el desorden general. Una fan que sube y le planta un beso de aquellos que casi deja sin aire al pálido pelado y la posterior entrega de sus instrumentos a tres espectadores elegidos al azar para que acoplen a su gusto acompañados por un baterista de la crew. Si esto no es rock, Billy, el rock, ¿dónde está?




