
Hernán Piquín: "Con Noelia logramos que la gente no discrimine"
El bailarín habló con LA NACION sobre su presente laboral, entre ShowMatch y una obra sobre Freddie Mercury
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Tenía cuatro años y ya atesoraba, al menos, una certeza: quería dedicar el resto de su vida a ser bailarín. Le tomó un tiempo convencer a sus padres de que no era un capricho. Desde esa tierna edad sentía que la música corría por sus venas y necesitaba con todo su ser expresarlo. "Cuando entendieron cuánto amaba ese arte me ayudaron en todo. Mis padres son mis grandes maestros de la vida", dice en un diálogo sincero con LA NACION.
Dice que "las cosas se fueron dando", que no buscó "nada más que ser bailarín", que "alguien pareciera haber estado moviendo los hilos para que todo saliera bien". Y lo bien que hizo ese "alguien". Piquín recorrió el mundo de la mano del mismísimo Julio Bocca y su Ballet Argentino. Bailó para Lady Di, bailó en el Bolshoi de Moscú, en Egipto, en Japón, en Italia, Francia y Estados Unidos. Y, a los 37 años, sigue bailando. Dice que no se lo buscó. "Tampoco me busqué estar en ‘Bailando por un sueño’, y aquí me ves", concluye con una sonrisa. No habla de talento. Habla de pasión.

Cuando empezó a participar en el programa de Marcelo Tinelli muchos criticaron la "impertinencia" de cambiar la danza clásica por el show. "Los bailarines clásicos somos muy prejuiciosos. Sé que se critica eso. Pero Julio Bocca me enseñó a querer todas las danzas. Y es lo que hago ahora. Respeto tanto el escenario del Bolshoi como el de ShowMatch. Todo lo que quiero es bailar", explica, contundente. Con el aval del número uno de la danza de nuestro país, ¿quién podría cuestionarlo?
Bailó el aquadance en la inauguración de ese ritmo en "Bailando por un sueño 2010". El jurado que hoy, a veces, lo juzga con severidad, lo aplaudió de pie. Lo llamaron de Tailandia para pedirle que dirija un espectáculo acuático, convencidos de que era un especialista en la disciplina, aunque había resuelto la coreografía en apenas unas horas guiado por los coachs del certamen. A los pocos días empezaron las tratativas para que se convirtiera en un participante.
Hacia el verano del 2011, cuando preparaba su gira por el interior con Pasión Tango, espectáculo que presentó junto a Cecilia Figaredo, lo convocó la producción de Ideas del Sur para bailar junto a la esposa de la Mole Moli en la nueva edición del "Bailando…". Le pedían que se instalara en Córdoba para poder ensayar pero le resultaba imposible suspender la gira con su compañía de tango. Rechazó la oferta, algo decepcionado. Sin embargo, la productora de Marcelo Tinelli estaba empeñada en tenerlo como figura estelar del certamen. Le sugirieron ser la pareja de Noelia, una mujer con enanismo. "Pedí que me dieran un tiempo para hablar con ella, para que me dijera si le gustaba la idea, si se sentiría cómoda bailando con alguien más alto. Pero de inmediato me di cuenta que eso ya era discriminar. Que si ella había accedido a participar del certamen no había nada que preguntar. Así que llamé al Chato (Prada) y le dije ‘firmo ya’".
Arrancaron el Bailando por un sueño como una pareja que podía prestarse a la polémica. "Yo sabía que esta pareja era para que todos digan: ‘Cómo el bailarín clásico va a bailar con la enana’. Pero desde un principio yo hablé con Noelia y nos propusimos cambiarle el chip a la gente. Demostrar que cualquier persona puede bailar si se lo propone. Y ella iba a ser juzgada con la misma exigencia que cualquier otro participante", explica. "Yo sé cómo es la televisión y el morbo que muchas veces mueve a las personas. Lo que hicimos fue cambiar el discurso. Dijimos que no íbamos a hacer nada para ridiculizar al enanismo. Y yo me propuse hacer que todos valoren a Noelia por quién es, por su entereza. Y lo logramos. La gente ya no está pensando en que es enana. Se sacaron el mote. Ya no discriminan. Y ella se destaca por lo bien que baila".

Resuelto el dilema, había que meterse de lleno en el show, con todo lo que ello implica: peleas mediáticas, escándalos al aire, y muchos chismes. ¿Cómo mantenerse al margen? La respuesta de Piquín es tajante: "No hice mi carrera en base a escándalos. No me interesa ese mundo. Yo sólo voy a bailar y nunca vas a verme pelear en la televisión". Recientemente, estuvo a punto de caer en un cruce cuando Marcelo Polino quiso indagar sobre una discusión que tuvo con Noelia puertas adentro. "Cuando me quieren atacar o provocar para que me enoje, sonrío y, a lo sumo, les respondo fuera del aire".
Vestirse de Freddie

Por estos días, un nuevo proyecto colma la vida del bailarín. Interpreta a Freddie Mercury en una obra de danza-teatro que se estrenó la semana pasada en el teatro Astros bajo la dirección de Ricardo Arauz con coreografías de Laura Roatta. La idea surgió hace dos años y los contratiempos del mundo teatral lo hicieron posible recién ahora. Aunque acaba de empezar, ya generó gran repercusión: estará tres meses en cartel para luego hacer temporada de verano y ya tiene un teatro en España interesado en el espectáculo.
Seguidor de Queen gracias a su hermano, Claudio, se emociona profundamente al embeberse de la historia del líder de la legendaria banda, la cual recorre a través de sus canciones y mediante la danza, arte que en algún punto, según Piquín, también se puede asociar al cantante: "Freddie era un gran artista que además de la voz sabía hablar con el cuerpo, con el gesto y el movimiento. Yo cuando bailo quiero que la gente no sólo se lleve un espectáculo sino que sienta lo que a mí me está pasando al bailar. Lograr eso es lo máximo".
Apenas tiene tiempo entre los ensayos del "Bailando.." y las funciones. Sin embargo, por estas horas analiza un proyecto de película. La actuación lo llama desde que supo encarnar con pericia a Aniceto, en la película de nombre homónimo de Leonardo Favio. "Ojalá lo pudiera hacer. Aunque ahora estoy con la cabeza en Freddie", concluye, no sin algo de pena porque los días no sean más largos.
Su mirada se nubla de repente. El tiempo, gran problema. Arañando las cuatro décadas, sabe que pronto deberá retirarse de la danza. "Es natural. Tengo que dejarles espacio a los más jóvenes, tal como me lo dejaron a mí. Todavía me quedan unos años y no sé qué haré cuando me retire. Sólo sé que no quiero dedicarme a esto. Tal vez ponga una pizzería", ríe, con nostalgia prematura.



