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En "Nobody’s Daughter", Courtney Love sale a reclamar su lugar como música. Para algunos fans, volver al nombre Hole es admitir la derrota, sobre todo si lo hace sin ninguno de sus antiguos compañeros de banda. Pero la idea es más que ella está usando el nombre Hole para bajarle el tono a la caricatura Courtney Love, y recordarles a todos (incluso a ella misma) que se hizo conocida primero como música. Esta vez trabajó duro en estas canciones, en lugar de balbucear pelotudeces drogonas y suponer que la gente las compraría, como con su fracaso de 2004 America’s Sweetheart.
Las canciones son en su mayor parte macizas, con poderosos acordes acústicos en los temas más destacados, como "Samantha" ("miren cómo envuelve al mundo con sus piernas") y "Pacific Coast Highway". Las letras tratan sobre de drogones y atorrantas, o a veces ambos, como en "Skinny Little Bitch". "Honey" es una balada sobre sexo y drogas: drogón conoce a atorranta, atorranta ama al drogón, drogón ama la droga. Es básicamente el mismo tema que el clásico del brit-rock 90 de The Verve "On Your Own", del mismo modo en que "Nobody’s Daughter" suena como "Low" de Cracker. Pero eso sólo es una parte de la onda 90. Love confía en los mismos profesionales que hicieron America’s Sweetheart y Celebrity Skin: Billy Corgan coescribió cuatro de las canciones, Linda Perry intervino en cinco y el productor Michael Beinhorn le da a todo un suave brillo rockero. Desafortunadamente, Love parece haberse arruinado la voz. De todos modos, y aunque no es un verdadero éxito, Nobody’s Daughter es un esfuerzo digno.





