
¿Artista de culto o eterna promesa del rock argentino? Palo Pandolfo defiende los días futuros al frente de La Fuerza Suave.
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Siempre estoy hablando de lo mismo." Palo Pandolfo se refiere a la luz. O, mejor dicho, a la búsqueda de la luz, esa idea madre que obsesiona a Luis Alberto Spinetta desde los tiempos de "Gabinetes espaciales". En el caso de Pandolfo, el resplandor es más difuso, casi un claroscuro. Para confirmarlo, ahí están los dos discos de Don Cornelio, aquella gloriosa banda de dark-pop que Palo lideró en la segunda mitad de los 80, o su trabajo posterior al frente de Los Visitantes, de inusual prepotencia tanguera y espasmódicos arrebatos latinos. Poeta de trazos firmes y vigor romántico, Palo es una entidad original del rock argentino que aún espera el reconocimiento definitivo, instancia muchas veces negada por el propio artista.
¿En qué te equivocaste?
A veces viví experiencias en público que tendría que haberlas guardado para otros momentos. No pude poner límites a ciertas cosas, como respetar más el trabajo y no tanto el hedonismo. Muchas veces me monté en un carrusel delirante; hacía shows de cuatro temas pensando que en ese repertorio estaba incluida toda mi obra. Confundí un poco el objetivo. Ese tipo de actitudes todavía me pesan.
¿Y los excesos?
Es un conocimiento a través del dolor. Lo entiendo como un camino de liberación. Para poder llegar a la palabra, e incluso para darla, hay que vivir; si no, estaríamos hablando de ascetismo, de celibato. Yo siempre fui un visitador de la merca, de la droga mala; hay como mala onda cuando uno consume cocaína. Yo la visitaba un poco, siempre decía: "Mañana no, esperemos una semana". Sin embargo, tengo más fama de reventado de lo que fui, de lo que soy y seré. Si vamos al caso, cualquier boludo del rock & roll es tres veces más reventado que yo. Siempre vi un límite, pude frenar. De otro modo ahora no podría estar hablando, estaría internado, no tendría dientes (se ríe).
a los 38 años, roberto andres Pandolfo sigue comportándose como un amable inadaptado. Por alguna razón, no termina de encajar. "Me siento identificado con tipos como Eduardo Mateo y, si querés, también con Van Gogh. Siempre fui un artista de choque, por eso ocupo un lugar complicado para la industria. Me interesa mi propia vida como experimento para los demás, y eso jode. Soy referente de muchos músicos, me conoce todo el mundo, aparte soy una entidad propia de acá." Es cierto, su música suena hasta en la tira Resistiré y las radios de rock incluyen muchas de sus composiciones en la lista de clásicos. ¿Y entonces, qué pasó? "La industria discográfica no me respeta porque soy un tipo que está más cerca de los obreros que de la patronal, porque nunca me hice amigo del poder. Tampoco respetan a todo el publico que me conoce, para ellos es mejor toda esa mierda de Operación triunfo."
¿Es tan así? ¿Toda la culpa es de la industria?
Me he equivocado un montón de veces, pero también acerté. La clave está en lo espiritual, tengo una posición muy radical en relación con lo espiritual. Mi carrera se va a abrir en cuanto la gente se abra también; voy de la mano de una historia que no depende tanto de lo que haga o deje de hacer. Convengamos que ahora no hay tanto quórum para escuchar mi música. Igual sigo adelante con todo esto porque me interesa la idea del otro.
¿Cómo es eso?
Significa reflejarme en alguien lindo para no hacerme mierda. Necesito que vos estés bien, que todos estén bien para poder mejorar. Es un ideal. Todo el tiempo vivimos reflejándonos en el otro. El objetivo es el otro porque de otro modo no hay sociedad posible... Cuando subo a un escenario, soy el otro; no subo yo, sino que ahí está el otro. Para emitir o proyectar algo tenés que lanzarte hacia un blanco indefinido. Por momentos cierro los ojos y trato de sentir esa energía, y en otros momentos abro los ojos para cantarle a la gente desde un lugar más cercano. Un poco es una locura, una especie de extraña comunión.
En 2000, Los Visitantes pasaron a retiro y Palo comenzó a transitar la senda solista. Un año después registró A través de los sueños, junto a varios amigos y sesionistas. Pero luego, de nuevo a la clandestinidad, a tocar en lugares chicos y con músicos ignotos. Así surgió La Fuerza Suave, el grupo integrado por Mariano Barnes (bajo), Javier Foppiano (batería) y Mariano Mieres (guitarra).
¿Te cansaste de ser solista?
Fue más un proceso que una decisión consciente. Cuando grabé A través de los sueños pensaba que abría una etapa, pero terminó siendo un cierre. Me curtí mucho, toqué con músicos muy diferentes y de todos aprendí algo. Por ser un disco independiente, vendió muy bien. El año pasado gané guita con A través de los sueños: pude seguir pagando la hipoteca de mi casa.
Y La Fuerza Suave...
Estoy peleando por La Fuerza Suave; quiero un contrato fuerte para poder bancar la banda. Está todo muy claro y me siento bien con el grupo. Nos movemos en un cauce concreto y no nos deliramos. La relación está puesta ahí, en la música. Los roles están muy definidos: ninguno se choca con el otro.
¿Cómo funciona tu ego en el grupo?
Soy re-italiano, laburo como un cerdo, cargo los equipos, volanteo y eso me iguala, me pone raso. No soy estrella. Estoy aprendiendo a moverme en una banda, me siento muy en Don Cornelio primera época: los ensayos son bárbaros, siempre hay buena onda, fumamos un fasito, tomamos mate, yuyos. La onda es encontrarnos a tocar.
Palo acaba de separarse de su mujer de toda la vida, la cantante Karina Cohen, después de diecisiete años de convivencia. La pregunta es obvia: ¿se viene otro disco posruptura (Calamaro, Páez, Beck, Cerati)? "El álbum va a tener un montón de cosas, canciones que compuse el año pasado y también lo que me sucede ahora. Por lo pronto hice un par de temas que son muy copados. Me están pasando miles de cosas y estoy abierto como la puta madre... En los tres días que duró la separación propiamente dicha, compuse una canción mientras Karina daba vueltas por la casa empaquetando cosas. Se llama «Canción del cuarto menguante», pero no creo que forme parte del disco nuevo. Anahí [la pequeña hija de Palo y Karina] la odia, no la quiere escuchar."
¿Cómo hacés para no trasladar la separación al disco?
Me propuse no sufrir, pero es bastante difícil. Karina fue mi inspiración. "Ella vendrá" la escribí dos meses antes de conocerla y, tal cual dice la canción, a Karina la conocí en el mar… Muchas de las canciones de los discos de Don Cornelio y Los Visitantes son para ella; hablan de cosas dolorosas, placenteras, tiernas, íntimas, profundas. Nos gustaba mucho jugar con la idea contracultural de un matrimonio de rock, una pareja que sigue junta en el medio del quilombo. La separación no se dio de un día para el otro, estaba madura hacía un tiempo. Lo más doloroso fue sentir que perdí la familia, ahora vivo solo y a veces estoy con mi hija… Sí, es durísimo.
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