
Huracán desolado
Edda Díaz regresó al unipersonal con "La reina del hogar"
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La actriz se instala en el escenario de Andamio 90 e interpreta a dos mujeres, madres de familia, para contar sus avatares, en un unipersonal que cuenta con la dirección de Julio Ordano
Su metro cincuenta de estatura no le impidió subirse a un escenario y llenarlo. Edda Díaz formó parte de las huestes del café concert de los sesenta y setenta, y si de algo sabe es acerca de este asunto de estar solo en escena.
Por estos días, de hecho, acaba de estrenar "La reina del hogar", un espectáculo estructurado sobre dos monólogos: "Informe de Paula Gómez" de Néstor Sabattini y "La Nancy" de Beatriz Mosquera. Allí, Edda vuelve a multiplicarse -en este caso por dos-, dirigida por Julio Ordano, en el teatro Andamio 90 (Paraná 660).
Su capacidad de multiplicación no se ha limitado al sexo femenino, ni siquiera al reino de los humanos; sus rostros se extienden por toda la galería de seres posibles. La única condición es que estén vivos.
Y tampoco se ha amedrentado a la hora de compartir escenario, chiquitita como es, con las grandes vedettes del viejo teatro El Nacional. Porque Edda sabe de esas cuestiones del humor hasta llegar a hacer prácticamente de capo cómico, un rol muchas veces reservado a los hombres.
Por eso alguna vez analizó el tema: "Para hacer humor, primero hay que aceptar las propias limitaciones. Yo, por ejemplo, me di cuenta de que tenía un tipo: era muy bajita y supe que no iba a poder estar nunca en el coro de ningún espectáculo importante. Así que resolví que iba a ser protagonista. Claro, a mí me hubiese gustado hacer «El deseo bajo los olmos» o ser Lady Macbeth; me hubiese encantado salir en cueros, llena de plumas por todos lados... Como sabía que ningún productor me iba a llamar para eso, decidí hacerlo en mis propios espectáculos."
Soy lo que soy
Egresada del Conservatorio Nacional de Arte Dramático en 1965, Edda Díaz actuó al año siguiente en la pieza de Shakespeare "Las alegres comadres de Windsor", bajo las órdenes de Cecilio Madanes. Luego siguieron "Help Valentino" y "Cosaquiemos cosaquia". Más tarde se unió artísticamente a Peter Gilbert, su marido, y de ahí nacieron varios espectáculos de café concert y "Soy lo que soy y todo se lo debo a mi querido público", en el que compartía la escena con Claudio García Satur, que aún no había llegado a ser Rolando Rivas.
La carrera de esta mujer pequeñita, de personalidad avasallante, estuvo signada por el humor. Aunque según ella, no sólo su vida profesional. "Si hasta me casé para divertirme -confiesa-. De todas las propuestas que me hizo Peter (Gilbert), la que finalmente me decidió fue: «¿Sabés todo lo que nos vamos a divertir juntos?», y fue suficiente. El sentido del humor es la cualidad más elevada del ser humano, el verdadero signo de su inteligencia. Quien lo posea, me tiene en un puño", afirma.
Del humor al dolor
Vista desde lo profesional, la vida de Edda Díaz podría sonar a un cuento de hadas. Una chica no muy agraciada físicamente que logra imponerse, gracias a su talento y osadía, en el mundo del espectáculo. Pero no ha sido así. Sobre todo por una gran tragedia a la que, sin embargo, consiguió sobreponerse. Su hija Helena, de 19 años, se suicidó en 1990. Edda se recompuso como pudo de ese golpe fatal. Y lo hizo amparándose en el trabajo; su oficio la ayudó a sobrevivir.
A pesar de todo, alguna vez relativizó su experiencia diciendo que "lo de las mamás de los desaparecidos es peor. Yo sé que mi hijita murió; hay madres que no lo saben. Yo padecí, pero también gocé, y siempre fui consciente de la felicidad. Tengo una profesión maravillosa, dos hijos varones sanos, perfectos. Me amaron, me gustan los hombres y yo les gusto a ellos".
Hoy por hoy
En "La reina del hogar" Edda se divide en dos mujeres de distinta extracción social. Una es Paula, una divorciada de 42 años y sus padecimientos. La otra es Nancy, una chica a la que la suerte inicial en su vida se le da vuelta con el paso del tiempo. Las dos tienen algo en común que demarca la fatalidad de sus destinos: son argentinas. Allí, en esa idiosincrasia, radica gran parte de su adversidad, y en ese entrevero vital de mujer de este país, la actriz desliza algunas protestas en tono de broma.
Y entonces Edda vuelve a transitar el unipersonal. Ese género al que se le puede discutir cualquier cosa menos el riesgo que implica para el actor. Ella se instala durante una hora y cuarto en escena -minutos más, minutos menos-, sola frente al público. Porque si de algo sabe esta mujer menuda, minúscula, es de soledades sobre el escenario. Y de poemas. Uno de su autoría, el primero de un libro que alguna vez publicó, la define: "Huracán desolado,/ remolino,/ eso soy yo/, y también un puñado/ chiquitito/ de sol".



