Idiotas, pero útiles
Precedida por controversias en todo el mundo, el jueves llegará al país "Los idiotas", de Lars von Trier, otra película filmada con las reglas del Dogma ´95.
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A pesar de los estudios de marketing y las previsiones publicitarias, el éxito de taquilla no tiene recetas. Para muestra, basta un par de ejemplos de lo que exhiben las boleterías porteñas de los últimos tiempos. Cuando las pantallas del mundo entero reflejan la omnipresencia de los films made in Hollywood, el cine iraní pisó fuerte en las salas locales con "El sabor de la cereza", de Abbas Kiarostami, y desencadenó la fascinación por las películas de esa procedencia.
En estos días, las cifras muestran otro fenómeno:"La celebración", el film danés de Thomas Vinterberg, el primero filmado con las reglas del Dogma ´95, estrenado el 15 de julio último, ya llegó a los 186.000 espectadores, una verdadera hazaña si se tiene en cuenta que no se trata de una realización del cine comercial. Es probable que ese logro de Vinterberg lleve agua al molino de su compatriota Lars von Trier, cuyo film "Los idiotas" se estrenará en Buenos Aires el jueves próximo. Presentada con gran repercusión de público y fuerte presencia mediática en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente que se desarrolló en abril último, la película parece tener todos los elementos para provocar una nueva sorpresa en la taquilla local.
Unidos por una suerte de cofradía cinematográfica a la que llamaron Dogma ´95, Vinterberg y Von Trier ya habían compartido las pantallas del Festival de Cannes en 1998, con sus respectivos films. En aquel momento, "La celebración" recibió el Premio del Jurado ex-aequo con "La classe de neige", del francés Claude Miller. Si bien Von Trier no figuró en el palmarés, se fue de la Costa Azul con la satisfacción de haber generado un verdadero revuelo mediático con "Los idiotas" y la propuesta de que los cineastas del mundo entero se unan al Dogma. Además, a juzgar por las palabras de Vinterberg a la hora de recibir su galardón, Von Trier bien puede considerarse partícipe de ese mismo reconocimiento. Como para demostrar que este asunto de la cofradía de dogmáticos es cosa seria, Vinterberg dejó en claro que era un triunfo compartido:"Este premio es también para mis hermanos del Dogma", sostuvo.
Nuevas reglas de juego
Lars von Trier es un provocador. Tanto, que después de haber seducido a la platea internacional con "Contra viento y marea", se propuso sacudir las tranquilas aguas por las que transcurre la cinematografía con "Los idiotas". Puesto a patear mitos, el director de "Europa" hizo una jugada interesante. Si en los tiempos que corren ya han sido destruidas casi todas las imposiciones y en el mundo artístico nadie es capaz de discutir la máxima según la cual la creación es hija de la libertad, para transformarse en un verdadero provocador es necesario levantar prohibiciones y construir reglas firmes. Fue así como en 1995, junto a su colega y compatriota Thomas Vinterberg, el bueno de Von Trier creó una suerte de cofradía a la que en un gesto de estar definitivamente dispuesto a remar contra la corriente light de final del milenio, denominó Dogma ´95. Dispuesto a escandalizar hasta hacer ruido, los dos daneses establecieron "diez mandamientos" que deberían ser respetados por aquellos directores que estuvieran dispuestos a sumarse a la flamante corriente haciendo lo que ellos llaman "el voto de castidad", ni más ni menos que una promesa formal y escrita de respetar el decálogo preestablecido.
Según sus fundadores, Dogma ´95 fue concebida como una "acción de rescate". Convencidos de que el cine de los años ´60 ha muerto, se consideran llamados a decretar su resurrección. "La nouvelle vague con el slogan del individualismo y la libertad nunca logró ser más fuerte que los hombres que estaban detrás de ella. El cine antiburgués se volvió burgués porque los fundamentos de las teorías en que se apoyaba respondían a una percepción burguesa del arte. El concepto de autor era un romanticismo burgués y falso", sostiene el documento fundante de Dogma, que Von Trier y Vinterberg firmaron en Copenhagen el 13 de marzo de 1995.
"Dogma ´95 no es individualista", sostuvieron los dos realizadores daneses, y en virtud de ese principio establecieron en uno de los diez mandamientos que el nombre del director no deberá aparecer en los créditos. Algo así como una cachetada en el ego de los cineastas. Pero ésa no es la norma más difícil de cumplir a la hora de decidir filmar dentro de las reglas de juego del "voto de castidad".
Entre otras órdenes, el Dogma implica filmar con la cámara al hombro, rodar en escenarios naturales sin llevar al lugar todo accesorio o decorado, no registrar el sonido y que las imágenes no se registren por separado, no echar mano de trucos ni filtros y no incluir escenas de asesinatos.
Dispuesto a respetar sus propias reglas, Von Trier filmó "Los idiotas" en el marco de Dogma ´95, a partir de un guión que escribió en tiempo récord: entre el 16 y el 19 de mayo de 1997. En esos cuatro días de escritura, el realizador imaginó una historia que gira alrededor de un grupo de adultos de clase media alta. Ganados por el aburrimiento y el sinsentido, se entregan a un juego peligroso: actuar como si fueran débiles mentales, comportarse como discapacitados psíquicos y abrir de ese modo una grieta entre ellos y el resto del mundo. Interesado en evitar el malentendido, Von Trier aclaró en una entrevista publicada en Libération durante la edición 1998 del Festival de Cannnes, que "Los idiotas" no es un film sobre los discapacitados mentales, sino sobre un grupo de gente que juega a actuar como si lo fueran. "Ellos se fabrican reglas y, en tal sentido, mi película es un espejo de Dogma ´95 -siguió diciendo el director-. Pero no se trata de gente que haya encontrado la vía para fundar un mundo mejor apostando a la debilidad mental. Aquí se trata de tratar de funcionar como un grupo y de que cada uno encuentre en ese colectivo en gestación a su "idiota interno" y que lo acepte como parte de sí mismo."
Con una temática intencionalmente provocadora y escenas de sexo verdaderamente fuertes, "Los idiotas" generó en Cannes una polémica de proporciones. A eso se sumaba el hecho de que, tal y como sostuvo el diario Libération, después de "Contra viento y marea" las expectativas respecto del próximo film de Von Trier eran muchas. "Pero no esperábamos encontrarnos de nuevo con un film tan fuerte y original, tan despojado de los harapos que hasta ahora hacían de su cine un bocado con gusto a estofado cristiano. "Les idiots" es un trabajo tan riguroso como oxigenado (...) y el conjunto de actores no es ajeno al éxito", opinó el matutino francés.
La cámara estrella
En lo que respecta a los actores, la experiencia de filmar bajo las normas del Dogma parece ser tan movilizadora como para los realizadores. Al menos eso es lo que manifestó Jens Albinus, el protagonista de "Los idiotas", cuando pasó por Buenos Aires para dirigir un taller en el marco del Festival de Cine Independiente. "Normalmente, el actor quiere complacer a la cámara. Las reglas del Dogma, en cambio, son una invitación a dejar de servirla, porque una de las reglas dice que la acción no debe tener lugar delante de la cámara, sino que es la cámara la que debe buscar la acción allí donde esa acción esté sucediendo. El gran desafío es que el actor puede ser registrado en situaciones que él no controla", dijo Albinus a La Nación .
Persuadido de que "el Dogma es un chiste muy serio", el actor se niega a aceptar que Von Trier haya redactado los diez mandamientos sólo para provocar. "El cree en eso verdaderamente -opinó-, pero es lo suficientemente valiente como para poner sus pensamientos más profundos en algo tan simple como un chiste. De todas las personas que conozco en el mundo, Lars (Von Trier) es quien está más dispuesto a reírse de sí mismo."





