
Intolerancia y paternidad gay
Madres e hijos / Libro: Terrence McNally / Intérpretes: Selva Alemán, Sergio Surraco, Nicolás Francella, Juan Ignacio Martínez, Guido Kañevsky, Manuel Cumelén Marcer / Escenografía: Jorge Hugo Ferrari / Vestuario: Ximena Puig / Iluminación: Mariano Demaria / Asistencia de dirección: Silvia Oleksikiw / Dirección: Luciano Suardi / Sala: Multiteatro, Corrientes 1283 Funciones: de miércoles a domingo / Duración: 70 minutos / Nuestra opinión: muy buena.
Concebida en 2013, Madres e hijos es una de las creaciones de Terrence McNally más exitosas de los últimos años. El autor vuelve a observar el mundo homosexual norteamericano y lo hace de manera sensible y, por momentos, conmovedora. Este texto es un verdadero alegato sobre la realidad de tres seres, al comienzo de la acción muy diferentes, pero que, poco a poco, van encontrando un leve equilibrio que les posibilita cierta reconciliación.
Katherine decide visitar a la ex pareja de su hijo fallecido a causa del sida, diez años después de su muerte; Cal está en pareja con Will y ambos tienen un niño de 6 años. La mujer llega a tratar de comprender cómo se desarrolló la vida de su muchacho, quien dejó su pequeña ciudad para convertirse en actor en Nueva York. Tiene muchas preguntas y las respuestas de Cal, sorprendido por esa aparición, parecerían no convencerla. Ella siempre rechazó la homosexualidad de su hijo y el panorama que se le va develando, frente a ese matrimonio que demuestra mucha convicción ante su situación actual, la desespera, la llena de ira, la obliga a reconocer su egoísmo y su despecho.
Madres e hijos es una historia singular en la que lo más interesante resultan los movimientos que hacen los personajes en esa especie de juego de ajedrez en el que pelean por sostenerse o caer. Si se sostienen, la integridad los hace más fuertes; si caen, no hay posibilidad de recuperación aparente. No hay manera de ir contra esa realidad que es un hecho y, también, dentro de muchas sociedades, un derecho.
Luciano Suardi apunta en su puesta a exponer las conductas de esos personajes de forma muy cruda y eso hace que la acción alcance, en algunos momentos, unos picos de tensión que producen mucha conmoción. McNally es muy elocuente a la hora de detenerse en ciertas cuestiones y desarrollarlas de manera muy apasionada, como cuando Cal describe el dolor que le producía cuidar a su pareja enferma mientras observaba cómo mucha gente moría a su alrededor como consecuencia del sida.
Selva Alemán logra construir a una Katherine implacable, dueña de un rencor extremo que le lleva hasta desconocer el mundo familiar que construyó. Su criatura posee intensidad ante ciertos planteos que le hace Cal. El personaje, recreado por Sergio Surraco, es quien pone los límites, ordena los relatos y, con mucha creatividad y sagacidad, va logrando introducir su verdad en el mundo de la mujer hasta casi vencerla. Nicolás Francella le aporta a Will una fuerte ironía y desde ahí afirma a su matrimonio y da cuenta que no será fácil destruir a esa nueva familia que han construido. En su debut teatral logra una labor muy destacable. También lo es la interpretación del niño Manuel Cumelén Marcer, dueño de una exquisita ternura.
Madres e hijos apuesta a mostrar, de manera directa y sincera, la historia de un grupo de seres que antes podían considerarse marginales. Hoy trascienden ese espacio y se animan a narrar cuál es su verdad en un mundo que, lamentablemente, todavía los observa con distancia.
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