Estadio Obras. 7, 8 y 9 de julio
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Me quema por dentro
De la sabiduría del rock callejero a la fisura en vivo y en directo: fin de semana salvaje de la mano del Pity Alvarez.
"Si se mueve, es matemática", decía el Pity el jueves 6 de julio en los camarines de Obras, en una charla cualquiera. Hacía poco, su nombre había sido placa de Crónica TV tras al incidente del robo de un remís en Entre Ríos, un malentendidoque terminó con balazos y buena suerte. Afuera del estadio, la noche le ganaba a la tarde, que se iba con los últimos ecos de una prueba de sonido contundente. En una parábola decreciente, los shows que arrancarían al día siguiente fueronde la conquista al desastre, en un camino que nadie esperaba (¿ni siquiera Pity mismo?). Nunca nadie sabe qué esperar del cantante de Intoxicados. Su don es su condena y su genio, su locura.
El viernes, las cosas se dieron como indican los libros: toque y toque, pocas palabras y mucho rock. De Viejas Locas sonó "Hermanos de sangre", "Adrenalina" y "Dos nenas", que marcaron un primer tiempo garagero. De Intoxicados, "Las cosas" y "Volver a casa". Uno detrás de otro, una rutina casi ramonera. Pity confesó que llevaba más de cinco días de desintoxicacióny de la fiesta participaba hasta su madre, doña Cristina, que arengó de pie y a mano alzada cuando sonó "Homero". Ya a esa altura, promediandoel show, se había levantado un telón y los Intoxicados ahora eran más de diez, sumando una sección de bronces, otra batería, los botoncitos del electroman Ezequiel Araujo y las cuerdas jazzeras de Valentino. El Pity lideraba una big band y punteaba temas con aires de funk y blues, como "Descansaren paz" y "Lo artesanal". El pasaje acústico llegó con "Fuego" y "Nunca quise", coreadas como canciones perfectas, casi regidas por una proporción áurea, como si ya hubieran estado ahí, flotando en el aire, antes de que el Pity las captara. Sobre el final (y con una performance que incluía una ranchadacon indigentes y prostitutas culonas, en lo más alto de las gradas detrás del escenario) el rock duro estalló de nuevo en mil esquirlas: "Intoxicado", "Dámelo", "¿Quieren rock?", "Una piba como vos" y el tradicional cover ramonero "The KKK Took My Baby Away". Un show redondo, una ecuación bien resuelta.
El sábado, el estadio rebasaba y la estructura del show fue similar. Pity, esta vez, le dio rienda suelta a su verba. Colgó una bandera sobre el bombo de la batería de Abel Meyer, que decía "remises el pity", y se mandó algunas ironías: "De vez en cuando tenemos que robarnos un auto para demostrar lo buenos que somos", decía el lenguaraz, con más palabras que el día anterior y algo de cuelgue entre tema y tema.
Ya el domingo el show arrancó dos horas tarde. Y el Pity estaba de última. Antes de dar el primer acorde, caminó todo el escenario, como tratando de encontrar su lugar. Los temas se desarrollaron largos, zapados, confusos, con una charla constante y fuera de micrófono con el bajista Jorge Rossi, que parecía un técnico tirándole data desde el banquillo a un boxeador que había recibido ya mil y un shots. Cada tema era como un round difícil en el que Pity se buscaba a sí mismo y no se podía encontrar. "¡Adicto!", llegó a incriminar alguien desde el anonimato de la multitud. Algunos se impacientaban.
Otros lo bancaban y le pedían que se rescatara. "¿Qué te pensás, que tengo una grúa?", replicaba el Pity, al tiempo que daba explicaciones con más o menos coherencia. "No puedo creer que no sea normal", llegó a confesar. "Esta banda busca cantante. Ese Cristian Alvarez ya va a ver cuando llegue a casa", se reprochó. "Si un día me dejan de pasar cabida…" Fueron no más de quince tristes temas. Fue el día en que el imponente fuego sagrado del Pity pareció extinguirse. Venía de escapar de la policía, pero no pudo escapar de sí mismo. Es imposible resolver una ecuación sin tener claras las variables. Si se mueve, es matemática, había dicho antes, pero ni él mismo sabía cuál era su fórmula (un puñado de buenas canciones + un corazón grande + una filosofía de vida en búsqueda constante + ¿?). Pero siempre hay otra oportunidad. Y lo que no diste en diciembre lo podés dar en marzo. Adelante.
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