
Jackie, la nueva Evita
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NUEVA YORK.- Pasan los años y otra vez, como al principio, los norteamericanos hablan de Jacqueline Kennedy Onassis.
Es que el show no puede esperar. Broadway tampoco, y a sólo tres años de su muerte el principal circuito de teatros se apresta a estrenar con bombos y platillos una obra basada en la vida de la mujer que fue viuda de uno de los dos presidentes de los Estados Unidos que terminó asesinado, John Kennedy, y luego, de uno de los hombres más ricos del mundo, Aristóteles Onassis.
Y todo esto mientras millones de personas devoraban sus fotos, la seguían dentro y fuera de la Casa Blanca, copiaban su ropa y sus peinados y la elegían como modelo para imitar.
La obra, por supuesto, se llama "Jackie" _a secas_ y parece sumarse a la línea de producción teatral que reconoce en la vida de mujeres famosas y de carne y hueso un seductor aroma de buen resultado.
Entre los que más saben de eso figuran los británicos Andrew Lloyd Webber y Tim Rice, que se convirtieron en millonarios hace poco más de veinte años, cuando decidieron explotar la figura de Eva Duarte de Perón para crear "Evita". También a secas.
Después, como si fuera poco, el director británico Alan Parker decidió llevar la historia al cine y convertirla en la película que protagonizaron Madonna y Antonio Banderas. Y con eso, la historia terminó de rodar por el mundo.
Más aún. "Jackie", al igual que "Evita", narra _en su propia dimensión_ la historia de una mujer que fue clave para la ubicación política de su marido, a quien conoció como aspirante a senador por el Estado de Massachusetts y luego acompañó en su campaña como candidato a la presidencia. Luego, la historia reservó para cada una su cuota de tragedia.
Pero si las similitudes entre las asociaciones entre las dos obras _"Jackie" y "Evita"_ son poco menos que inevitables, las diferencias no son menos obvias.
Para empezar, y a diferencia de su predecesora en las tablas, la obra sobre la vida de la viuda de Kennedy no es un musical, sino una comedia, con todas las letras, en la que sólo hay un par de canciones en las que no hacen historia y una marcha fúnebre para evocar el asesinato de John Kennedy.
Y para seguir, si los británicos dejaron transcurrir más de treinta años tras la muerte de Eva Perón para su musical, el norteamericano autor y director Grip Hoppe decidió probarla en 1991, en un pequeño teatro de Massachusetts, por el mismo tiempo en que la verdadera Jacqueline, ya renuente a las apariciones públicas, veía pasar la vida desde la terraza de su piso frente a Central Park.
Una mujer clave
Ahora llega el turno de Broadway, donde tiene programada su presentación formal para dentro de dos semanas. Pero hasta que ese momento llegue, los productores iniciaron lo que aquí se denomina una "pre-visión". Y esto no es más que una ocurrente figura de los teatros locales, que así pueden exhibir el espectáculo tal y como será presentado, pero sin que en esta etapa esté sujeto a la crítica profesional.
Y los productores se salen con la suya: la expectativa crece mientras la historia de Jackie va poco menos que de boca en boca, con el relato de los que obtuvieron acceso a las butacas del Belasco Theatre, en pleno corazón de Times Square.
Allí se afanan y transpiran durante más de dos horas los diez actores que tienen a su cargo los 46 papeles de la obra. "Jackie" es un galope en el que los protagonistas salen de escena por una puerta y a los pocos minutos vuelven a entrar, pero por otra y con distinto vestuario.
Pero el galope no decae. Y tampoco la atención. Y cuando los actores ya no dan abasto, aparecen los muñecos. Gigantescos, como el que encarna a Joseph, el patriarca de los Kennedy, que, dicho sea de paso, siempre aparece en escena con su esposa, la temperamental Rose, en un puño. O pequeños muñecos, como el que da vida al frustrado prometido de Jacqueline. Y que, gracias a su tamaño, tiene la ventaja de que puede revolearse y lanzarse al aire cuando la aparición de JFK termina con su proyecto de casamiento. Y, con una visión que no pretende ser historia, ni muchísimo menos, el relato no perdona nombres. Desfilan por allí Marilyn Monroe y su romance con Kennedy, Richard Nixon y su célebre fracaso en el debate televisivo entre candidatos. También están Frank Sinatra, Aristóteles y Cristina Onassis y hasta Abraham Zapruder, el hombre que captó con su pequeña filmadora el mejor documental sobre el asesinato en Dallas.
Y está todo el clan Kennedy y sus numerosísimos hijos. Rubios, deportivos, con grandes dientes y un marcadísimo acento de Massachusetts al hablar que contrasta con la elegancia que Hoppe reservó exclusivamente para el papel de Jackie.
¿Dos momentos de la obra? Hay una ovación cuando el diseñador de Jackie, Oleg Cassini, afirma que cada reina necesita una corona y deposita en la cabeza de la protagonista un pequeño gorro de felpa que luego hará historia. Y un silencio pesado y algún que otro sollozo cuando el pliegue de una bandera evoca el entierro del presidente asesinado.
¿Una peculiaridad? La obra se basa en la celebridad de la viuda de Kennedy y de Onassis y, al mismo tiempo, ironiza sobre quienes la alimentan. En efecto: uno de los tramos iniciales transcurre en una casa de remates en la que un grupo de coleccionistas llega a pagar tres millones de dólares por un conjunto de jabones "que pertenecieron a la ex primera dama". Afán de colección que, por cierto, tiene su correlato con la realidad.
¿Más similitudes con Evita? Hay un parlamento casi calcado cuando, en un momento, Jackie afirma que llegó "al lugar justo en el momento indicado" para su ascenso personal. Y el de su marido. Algo muy parecido figura en la obra que evoca a la ex primera dama argentina.
¿Una sorpresa? Una pretendida relación de confidentes entre Jackie y el fallecido escritor Truman Capote que, por el modo en que está presentada y por esas asociaciones que juega la mente, rememora la imagen que dio vuelta al mundo de la también fallecida lady Diana Spencer junto al cantante Elton John durante los funerales de Versace.
Y con esas vueltas que tiene el mundo del espectáculo, quizás hasta no sea muy disparatado pensar que, en este mismo momento, alguien esté bocetando un borrador para una obra basada en la vida de quien fue la tan amada princesa de Gales.
Mientras tanto, y a su propio ritmo, "Jackie" se apresta para su estreno formal. Y quién sabe para qué más.
Una dama que canta
No solamente Broadway se tentó con la idea de llevar a escena la vida de "Jackie". El 12 de marzo último, la historia de la mujer que fue esposa de John Fitzgerald Kennedy y de Aristóteles Onassis llegó a Houston, pero en formato de ópera.
Gracias a "Jackie O", ópera en dos actos con música de Michael Daugherty y libreto de Wayne Koestenbaum, la viuda Kennedy, esta vez, cantó su historia.
"Jackie O" es, según la definición de Michael Daugherty, "una celebración de la vida musical a fines de la década del 60, una ópera pop que explora el interjuego entre los idiomas musicales asociados con la base culta y popular de la cultura norteamericana".
Esta definición es válida en verdad para la estética musical de este compositor, que reunió a cantantes líricos con un coro pop para contar la vida de Jacqueline entre 1968, en Nueva York, y su vida posterior en una isla del Mediterráneo.
El resultado es una extraña ópera que por momentos parece un musical, y en otros, una ópera rock.
La ópera, que fue grabada para el sello London , fue producida por el Teatro de Opera de Houston. Y gracias a Daugherty es posible escuchar cantar a personajes como Andy Warhol, Aristóteles Onassis, Liz Taylor, Grace Kelly y, obviamente, María Callas.
Daugherty explica que asoció a cada papel con un determinado mundo sonoro: "Por ejemplo, Liz Taylor canta en forma de blues", mientras que María Callas, que "había perdido su voz, canta dramáticamente en el registro grave y incluso habla". "Jackie O", por su parte, tiene arias que el autor define como "exóticas, luminosas y muy expresivas".
La orquesta que utilizó el compositor para esta ópera responde a su necesidad de tener una gran variedad de géneros musicales. Se trata de una agrupación de cámara que incluye instrumentos propios de la música clásica (flautas, oboes, violines, violas o fagotes) con los de una especie de big band : saxos, trompetas, guitarra acústica y hasta sintetizadores.
Una leyenda que está en venta
NUEVA YORK.- Todo está listo para el estreno de "Jackie", y eso incluye, por supuesto, el merchandising o, dicho de otra manera, la batería de remeras, gorras, jarritos y demás enseres que llevan impreso el logo de identificación de la obra.
Con predominio de púrpura y celeste y con una síntesis muy al estilo de Andy Warhol, el logo de la obra teatral muestra el rostro de la fallecida viuda y la leyenda de Jackie.
Ninguno de los productos está todavía en el mercado: la premisa es esperar hasta el estreno formal de la obra. Pero la carrera ya está en marcha. Por ejemplo, ya hay coleccionistas que sacaron a la luz viejos ejemplares de la revista Life con profusión de fotos en las que aparecen John Fitzgerald Kennedy, Jackie y sus hijos, Carolina y John-John, sonriendo y felices como una familia modelo que toma sol en su casa de campo.
Junto con otros objetos de colección, las revistas pueden verse en vidrieras especialmente montadas en los restaurantes más cercanos al teatro. Y en cuanto a los precios, es cuestión de esperar .
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