
Jacqueline Bisset: la estrella del jurado
La actriz francesa discrepó con Alain Delon sobre la decadencia del cine actual; "odio vivir en el pasado", dijo.
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MAR DEL PLATA.- Para ella, el mundo parece un lugar a su disposición. En cualquier lugar, Jacqueline Bisset se mueve como si el pedazo de suelo que pisa le perteneciera por completo.
En el Teatro Auditorium, donde asiste en su papel de jurado de este Festival Internacional de Cine; en la sala de prensa donde contestó todas las preguntas del periodismo, y hasta en la vereda del Hotel Hermitage, donde ayer plasmó sus manos en el cemento, la actriz se mueve con la seguridad de quien no conoce fronteras. Para ella está claro que el mundo es un lugar ancho, pero propio por completo.
Será porque nunca vivió como una rivalidad el hecho de filmar en Europa y en los Estados Unidos. O porque puede amalgamar sin problemas el hecho de ser una actriz internacional y la dueña de su propia productora "Jacquet" (que produjo el film "Ricas y famosas", con Candice Bergen). O simplemente porque sabe que su nombre no necesita de un prólogo de introducción para saber de quién se trata.
Cine de autor
Y su seguridad llega al punto de confesar que jamás se sintió inhibida por interpretar papeles clásicos, como el de "Anna Karenina", que antes interpretaron Greta Garbo y Vivian Leigh. "Ni siquiera miré las versiones anteriores. Sólo vi el film ruso, pero prefiero no mirar las otras interpretaciones. Esas obras pertenecen al autor y no a las actrices que lo interpretaron antes", confesó sin pudor.
En tono serio -aunque prefirió sentarse sobre la mesa para poder ver a todos los periodistas presentes- la actriz tomó distancia del ya remanido discurso marplatense de Alain Delon sobre la decadencia del cine.
"Odio vivir en el pasado. Yo no estoy de acuerdo con que ahora se hayan perdido valores o el arte haya decaído. Lo que creo es que hay transformaciones, hay cambios y eso, obviamente, se nota en el cine", definió, sin dar lugar a la discusión. Y hasta increpó al periodista por la pregunta: "Usted cree que yo comparto su definición, y eso no es cierto", lo interrumpió.
Con una salida elegante, tampoco quiso elegir sus actores o directores preferidos: "Mi experiencia fue muy positiva en general. Claro que hay algunas películas que recuerdo con más gusto, como "Bajo el volcan" y "Ricas y famosas".
Carrera pródiga en éxitos
Se entiende su discreción. En su larga lista de 40 películas europeas y norteamericanas, se amontonan títulos como "La ceremonia", de Claude Chabrol; "Cul de Sac", de Roman Polanski; "Anna Karenina", el clásico de Tolstoi; "La noche americana", de Francois Truffaut; "Muerte en el Expreso de Oriente", de Sidney Lumet, y "Bullit", con Steve McQueen, entre otras. Y compañeros de reparto como Jean Paul Belmondo, Marcello Mastroianni, Paul Newman, Nick Nolte y Albert Finney.
Y a eso falta sumarle todavía los tres films que protagonizó en el último año: "Fin de verano", una película ambientada en 1890, junto a Peter Weller y Julian Sands, "Encontrar a un extraño", con Theresa Russell, y "Cortesana", dirigida por Michael Herskovitz.
De todas maneras, Anthony Quinn y Frank Sinatra evidentemente ocupan un lugar especial. "Creo que Quinn estuvo mucho mejor que yo en su papel", dijo sobre el actor que personificó a Onassis en "El griego del oro" junto a ella. Y Sinatra fue, sin dudas, una de las estrellas con quien más le impresionó trabajar. "Cuando era niña mi padre cantaba sus canciones y siempre hablaba de él. Debe de ser por eso que, cuando me encontré en el set, me impresionó mucho trabajar con él".
Educada por papá
Contra todos los prejuicios sobre el cine norteamericano, Bisset se defendió sin reservas: "El cine es un negocio extraño, pero no creo que mi paso por Norteamérica me haya dañado o destruido como le sucede a muchos. Debe ser porque tengo un carácter muy fuerte y he recibido una educación paterna que me protegió para siempre".
Las conferencias de prensa multitudinarias, se sabe, sirven para todo. Especialmente cuando se trata de la única oportunidad de hablar con una estrella invitada al festival. Allí conviven periodistas de medios especializados, con cronistas de programas de chismes y hasta algún fan colado que quiere intervenir.
Por eso, Bisset tuvo que pasar, con maestría, desde las preguntas sobre su carrera cinematográfica hasta aquellas que pretendían incursionar en su pasado y presente sentimental.
"Mi presente sentimental está en Alemania", esquivó. Y para desestimar cualquier rumor sobre su furtivo encuentro con el actor argentino Ivo Kutzarida, en el festival del año pasado, sólo preguntó: "¿Quién es? No lo conozco".
Dueña del espacio y, sobre todo, del tiempo, la actriz apenas sonrió a su representante para dar por terminada la sesión. Y tan decidida como ingresó, se retiró de la sala sin dejar lugar a que los fotógrafos que llegaron tarde se lleven un recuerdo de su cara.
Su tiempo y su espacio, en ese lugar al menos, se habían terminado.
Diva las 24 horas
MAR DEL PLATA (De una enviada especial).- Para Jacqueline Bisset todo parece ser un asunto muy serio. Desde su trabajo de jurado en el Festival -que la hace madrugar cada día para asistir a las primeras funciones y sentarse en las primeras filas- hasta el encuentro con la prensa y, sobre todo, con las cámaras.
Como una verdadera profesional, quizás algo obsesiva, la actriz francesa ordenó su agenda, respetando más la mejor luz del día que sus compromisos y obligaciones. Anteayer, a las 14.15, citó a los camarógrafos y fotógrafos en las escaleras de la playa, frente al hotel donde se hospeda. Pero el viento marino la hizo cambiar de parecer. "No quiero despeinarme para la conferencia de prensa", mandó a decir por medio de uno de los organizadores del festival.
Con el cambio de planes, todos tuvieron que tomar el ascensor hasta el piso 151/4, donde finalmente se realizaría el encuentro. Pero en cuestión de divas nada es sencillo.
Rodeada por guardaespaldas y hasta por su maquillador personal -que viajó con ella desde Los Angeles-, la diva salió al balcón para darle una nueva oportunidad a los exteriores. Intento fallido: en las alturas, el viento que soplaba amenazaba no sólo con despeinarla sino con derribarla.
El itinerario siguió su curso. El salón de prensa tampoco la convenció porque las paredes tenían rayas rosadas y, aparentemente, eso atenta con su estética y la de las fotos. Finalmente, para darle el gusto a todos, Bisset pidió que abrieran la suite presidencial, la misma que ocupó el presidente Menem en su corto paso por el festival. Y allí, tendida sobre la cama, la diva posó para la prensa. Pero, temerosa de las aglomeraciones, sólo accedió a que los fotógrafos pasaran de a seis por vez, por lo que los pasillos de la suite se transformaron en una especie de sala de espera de hombres ansiosos por ver a la diva tendida en la cama.
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