
Jaime Dávalos, poeta de Salta
Aquella Salta que precedió al primer renacimiento nacional del folklore; Salta "la linda", que fue la más formidable catapulta de la mejor poesía y música del Noroeste a partir de la segunda mitad de los años cuarenta. Esa Salta, que hoy evocamos, fue la que cobijó a Jaime Dávalos, uno de sus máximos poetas populares del siglo. Hace ochenta años que Dávalos nacía en esa ciudad norteña. Fue un día 20, en un enero celeste. Si Jaime no se hubiera despedido de nosotros en 1981, pudiera haber festejado su octogésimo aniversario con ese vino que fue inseparable compañero. Hoy parece asomar nuevamente su figura cuando Baglietto-Vitale acaban de exhumar, para el gran público, aquella inolvidable zamba que escribió junto a Eduardo Falú: la Tonada del viejo amor , con ese estribillo que hoy corean viejos y jóvenes: "Herida la de tu boca/que lastima sin dolor./No tengo miedo al invierno/con tu recuerdo lleno de sol".
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Juan Carlos Saravia recuerda muy bien aquel ambiente de su Salta bucólica, que supo emular a los poetas griegos -Homero, Virgilio- sobre todo en aquello de las metáforas. Y aquel singularísimo hogar de los Dávalos, donde, presidida por tata Juan Carlos, el poeta mayor y olvidado, se consumía poesía como el pan cotidiano.
Precisamente allí habían nacido los primeros versos de la antológica zamba La Candelaria en la fantasía de su hermano, el poeta Arturo Dávalos, que luego cedería el paso a las ardientes musas de Jaime. "Nació esta zamba en la tarde/cerrando ya la oración/cuando la luna lloraba/astillas de plata, la muerte del sol".
En aquellos años cuarenta Salta celebraba los juegos florales que paulatinamente fueron desapareciendo hacia fines del pragmático siglo. Esos certámenes poéticos se vivían como algo vivo y cotidiano. La poesía flotaba en el aire. Se convocaban para el día de la primavera (no en mayo, como sucedía en Europa, desde el siglo XIV); se elegía la reina del estudiante y se leían los tres mejores poemas. Era tan cotidiana la poesía, que hasta una disputa de Juan Carlos Dávalos con uno de sus hijos, se entablaba y publicaba en versos en el diario local. Se emulaba a los poetas canónicos.
Dávalos padre cultivaba la llamada "poesía culta". Manuel J. Castilla también pertenecía a esa elite salteña. Tanto que llegó a recriminar a Jaime por "hacer zambitas". Jaime le respondía que esas "letritas" eran las que llegaban directo al corazón de la gente. Castilla fue convenciéndose y pergeñó otras tantas páginas memorables. ¿Qué es lo que regalaba Jaime Dávalos? Metáforas.
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