
Estuvo postrado. Enfermo. Encerrado. Pero volvió triunfal: en su nueva vida lee más de lo que canta pero, convertido en un mito argentino, está listo para llenar dos veces la cancha de Boca.
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El oficio de poeta pocas veces tiene grandes luminarias. No fue el caso de un joven anarquista andaluz que como máxima aspiración tenía la de ser profesor de literatura, y que un día decidió agarrar la guitarrita para ganarse la vida en las calles de Londres, provocando un efecto mariposa que, con algunos incidentes que será oportuno rescatar, ha terminado por crear un movimiento sísmico que lo convirtió en una estrella de rock que despierta histerias e historias de todo tipo en España, en América latina y sobre todo acá, en la Argentina, con epicentro conceptual en el barrio de San Telmo.
Visitas a su casa del príncipe de Asturias, propinas de George Harrison, cartas del subcomandante Marcos, peleas con Fito Páez, libros de poemas con Juan Gelman, un prontuario de romances de los que ya se han escrito muchos biblioratos, amistades con figuras latinoamericanasque van de Maradona al Gabo García Márquez, pasando por Charly García y Calamaro, y muchas otras correrías dignas de ese pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo.
Joaquín Sabina, ese viejo bucanero del rock en español que bien podría haber inspirado al hollywoodense Jack Sparrow como efectivamente lo hizo Keith Richards, ha vuelto a los mares después de casi cinco años de ausencia.
Tiene algunos kilos más, alguna parte de ellos fue a parar a la papada, y un dejo imperceptible en su voz ronca y su mirada vidriosa que parece indicar que muchas cosas han cambiado en su vida. Sin perder su caballerosidad, se entrega manso al diálogo o mejor dicho al oficio de parlanchín de frases eficaces. Bromea, gruñe, posa divertido, da consejos, pide mirar las fotos, pero nunca deja de mover inquieto el pie derecho, marcando un compás de espera para una actividad, la de ser fotografiado, que se nota, no está entre sus predilectas aunque se preste a componer un personaje.
Está bien custodiado. A su lado, José Navarro (Berry) va y viene ajustando las velas de la carabela (que se llama Carretera y Top Manta). “Como si no le molara disfrazarse de pirata”, comenta divertido el responsable de la vuelta a los escenarios de los dos cantantes más argentinos de España (desde hace ya casi veinticinco años es también el mánager de Joan Manuel Serrat). Al otro lado, Jimena, la fotógrafaperuana que ha dejado su profesión para acompañar a Joaquín a sol y sombra, prende y apaga cigarrillos que el viejo capitán pide compulsivo cada vez que hay un minuto libre. Ella también es la que comenta:cuando Joaquín no tiene show, debe guardar reposo para cuidar la voz. Cuenta la leyenda que en esos días no habla con nadie. Nadie. Se queda murmurando o en silencio. Leyendo. En una mezcla de sabio y de viejo (¿eso significa también diablo?); contempla, pero no habla.
“Ella es la gran responsable de la resurrección de Joaquín. Le cuida, le mima, está ahí encima todo el día. Hace dos años yo lo veía muy mal, me asusté pensando que no iba a haber una nueva gira. Pero la carretera lo ha devuelto a la vida”, dice Pancho Varona, “guitarrista, arreglista, productor y tocacojones”, como lo define el mismo Sabina.
Mientras el poeta de las frases hechas a las que les saca lustre desaparece incómodo, escoltado por Berry y Jimena, Pancho y Alejandro García de Diego (otro viejo lugarteniente del pirata cojo) se pasean cual tour de gringos jubilados por el hotel de Bogotá con sus cámaras digitales, firmando autógrafos. “A él le agobian demasiado, a mí me agobian demasiado poco. No me importa, me encanta”, confiesa Varona.
A pesar de la gripe que lo dejó encerrado en el hotel y que mantuvo en vilo a la tripulación durante un par de días, el capitán arremete con toda la artillería. Es que estos gringos jubilados son también viejos piratas del rock & roll, y saben su oficio. Varona se disfraza de turco y de cura mientras agita al público con su bajo. García de Diego, con impecable traje blanco de lino, se mantiene elegante en cualquier lugar que se le asigne en el escenario (sobre los bises canta solo sobre el piano una versión de cantina de “Esta noche contigo”).
El capitán, que se divierte como un niño con traje gris y sombrero de bombín, entablando cómoda conversación con un público distante y fervoroso. Colombia, a estos fines, no es la Argentina: nadie entendiótan cabalmente el significado de la deriva bohemia de este tipo de generación rocker que creció escuchando, imitando, a Bob Dylan.“Yo lo pasé bien. Sobre todo porque no esperaba nada y creía que a iba sufrir con la gripe que llevaba. Pero cuando esperas una tortura y te dan un beso, es cojonudo”, comenta relajado al día siguiente con un mojito y un cigarrillo en la mano. La gripe sigue, pero no tanto y se nota que ésa es una de sus mayores preocupaciones: ser fiel al cariño y la responsabilidad que la gente ha depositado en él (sin que le toquen demasiado los cojones).
“Parece una cursilada hippie, pero somos una familia. Con la que he durado más que con ninguna mujer en la vida. Hay dos, que son Pancho y Antonio, que participan desde antes del primer momento hasta la composición en mis temas. Con sólo mirarnossabemos lo que está pasando. Antonio, Panchito y yo somos más grupo, en el sentido de trabajar juntos, que los Beatles. Yo no he podido compartir estas noches de copas con ellos, pero el concierto igual estuvo fantástico.”
–¿Acaso te hubiera gustado salir de ronda por Bogotá?
–No me gusta ser un turista que sólo ve habitaciones de hotel. Y en Colombia hubiera tenido ese placer de poder caminar la ciudad. Porque acá no me conoce nadie. En la Argentina eso está prácticamente imposible. Aun así, yo me apaño, y si me tengo que parar con alguien me paro, y si tengo que hacer diez o cien fotos me las hago. Pero llega un momento en que les exijo que me respeten un poquito. Si les gusta verme en los bares de la Argentina (y a mí me encantan los bares de la Argentina), la única condición es que me dejen ir. Hay un nivel muy alto de pasión, el más alto en el mundo. No sé por qué sucede, pero es así. Lo sufren muchos argentinos, desde Charly hasta Maradona. Se los trata como a dioses. A mí eso me gusta sólo un par de días. Luego me gusta que me bajen al suelo. Pero como no vivo allí… para el suelo tengo mi país que es un país muy cabrón con los artistas.
–¿Eso quiere decir que no vivirías en la Argentina?
–He fantaseado muchas veces con darme una casita en San Telmo, y si no lo he hecho, ha sido porque yo no suelo hacer las cosas que planeo o fantaseo, sino las que salen de pronto. Pero desde luego, si hubiera, no lo permita el señor, un golpe de Estado en España, y yo estuviera (que estaría) en la lista de los desaparecidos, mi lugar de exilio sería sin ninguna duda Buenos Aires. O bien La Habana.
–En América latina sos amigo de personalidades que van de Fidel Castro a Bryce Echenique, Maradona y Diego Torres.
¿Te sentís un observador privilegiado de la región?
–He viajado mucho. Llevamos veinte años de pericias por América latina. Yo estaba muy aburrido de España, que al fin y al cabo es un lugar muy pequeñito, donde cada año tocas en los mismos sitos para el mismo público. Pero soy muy de pueblo, y muy mitómano. Para mí, cruzar el mar, era mucho. Madrid era Nueva York. Así que, imagínate, cruzar el mar y ver que las canciones han llegado a destino antes que uno es un asunto muy mágico. Y eso ha ido haciendo que por esas vías se me acercara gente que yo creía que jamás iba a bajar de su pedestal a poner un disquito mío en su casa.
–¿Y vos te bajás del pedestal?
–Yo no tengo pedestal. Hay gente que me quiere subir al pedestal, pero yo no me dejo subir. Puedo ser incluso muy grosero.
Poesia y zapatos de goma
Despues del “marichalazo”, como el mismo ha bautizado a la enfermedad, muchas cosas han cambiado en la vida del pirata cojo que quería ser poeta. “Joaquín enfermó y nos agarró un ataque de pánico, dejamos de beber, dejamos de fumar, dejamos de todo. Los discos nuestros ya no son unplugged sino undrugged. Pero seguimos pasándola bien”, explica Pancho Varona, que con el resto de la tripulación se ha solidarizado con el capitán dejando de lado la cocaína y otros vicios del rock y la bohemia noctámbula.
Sabina no se arrepiente de sus andanzas y si alguien le pregunta por la lección que les daría a los jóvenes, responde: “Si usted me pide consejos para una juventud desviada o desquiciada, yo no tengo ninguno que darle. Porque yo también fui un joven desviado y desquiciado, y espero ser un viejo verde desviado y desquiciado”.
Algunos amigos, como Andrés Calamaro (con quien comparte el podio de las mejores canciones del rock español según una encuesta de la RS España) han seguido el mismo camino (“le ha pasado algo muy parecido a lo mío. Lo mío fue más duro porque tuve un ictus. Pero lo suyo fue más duro porque su clase de droga era más dura que la mía”). Pero otros han quedado en el camino.
“Cuando uno deja el polvito blanco ese que entra por la nariz, lo primero que tienes que hacer es separarte del grupo con el que tomabas todo el tiempo. Así que eso significó salir de determinados círculos canallescos que a mí me encantaban, y me siguen encantando. Entonces dejé de ver alguna gente muy querida. Eso cualquiera que ha dejado la coca lo sabe”, aclara él mismo.
–¿Perdiste amigos de cocaína?
–Pero muy buenos amigos.
–¿Y no había otra solución?
–Yo soy bastante radical.
Además me gusta la soledad, me gusta estar solo en casa. No me gusta que suene el teléfono. Yo no oigo música en casa, porque me gustan las cosas con intensidad. No me gusta la música de fondo. Si oigo música, oigo música. Y si escribo, escribo. Y si leo, leo. Y como lo que más me gusta de las tres cosas es leer, pues entonces la música es lo tercero.
–¿Vas a conciertos?
–No voy, porque no quiero ir a palcos vips y que la gente me mire a mí mientras está cantando otro. Y el backstage no me gusta, porque no se oye bien. Quisiera entrar y meterme en el público. Pero hay excepciones, a ver a Charly voy a ir de todas maneras.
La reclusion a la que lo obligó la enfermedad le dejó espacio para dejar de lado por un rato la música y dedicarse a su viejo afán: la literatura.
En estos cinco años ha editado o participado en numerosos libros: Ciento volando de catorce (sonetos con prólogo de Luis García Montero), Reflexiones sobre José Tomás (en el que comparte con otros artistas textos sobre uno de los más afamados toreros españoles), Esta boca es mía: versos satíricos (un recolección de las columnas con forma de soneto que hizo para la revista Interviú), Con buena letra (en dos ediciones que contienen sus canciones escritas por encargo para amigos, cine y televisión, con anotaciones y dibujos de su propia letra y un prólogo de Benjamín Prado, escritor, periodista, amigo y también coautor de algunas de sus letras) y Sabina en carne viva (la autobiografía que hizo con Javier Menéndez Flores). Y en medio de su gira va a hacerse un tiempo para participar de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde presentará A vuelta de correo, su libro de cartas con diferentes personajes internacionales.
“A mí me gusta mucho la rima. Primero porque es la música del idioma. Segundo porque buscando una rima, la canción va a un lugar que no había pensado uno. Y lo mejor es cuando el lugar te gusta y dices: me quedo aquí. Como estoy colaborando en una revista y tengo un par de libros metidos en el cajón, últimamente cuando empiezo a escribir ni siquiera sé si va a ser una canción. Quizá luego pasa por allí Panchito una tarde y mira en el cubo de la basura y dice: «¡Ve, que canción tan bonita!», y le pone una musiquita y ya está.”
–¿Has dejado de lado la música por las letras?
–Yo escribo todos los días, pero no hago canciones todos los días, y muchas veces no hago canciones todos los meses. Y algún año, sobre todo los últimos, directamente no he hecho canciones. Pero sí emborrono sin parar cuadernos etílicos que hago a altas horas de la mañana, con dibujitos y palabras que a veces ni entiendo. O invento palabras a lo César Vallejo, que me gusta mucho.
–¿Te has convertido en una especie de poeta torturado, recluido? ¿O estás disfrutando de esta nueva vida?
–Estoy disfrutando de esta etapa. Porque yo pensé que nunca iba a tener la posibilidad de hacer una vida distinta. Y la otra vida que me gustaba, además de la de músico, es la de escritor, y he podido hacerla durante cuatro o cinco años. He podido tener tertulias con los escritores que más admiraba. Yo qué sé, si a mí me decían que iba a conocer y ser muy amigo del Gabo García Márquez, de Bryce Echenique, o de Angel González, no lo hubiera creído. Ahora estamos haciendo una correspondencia en verso con Juan Gelman, maravillosa.
–Digamos que encontraste eso casi por obligación de enfermo…
–Todo eso ha sido un regalo de la vida. Los músicos son muy graciosos, pero muchas veces limitan su mundo a las seis cuerdas de la guitarra. Sólo se habla de música y nada más. Y de culos y drogas, obvio. Temas muy interesantes los tres, pero a mí que soy un lector muy compulsivo, me ha gustado mucho también conocer a mis maestros.
–¿Te gustaría hacer como Salinger, pero al revés? ¿Dejar la música y recluirte en tu casa a escribir?
–Anoche me decía en el escenario: “Vamos, a ver, ¿por qué lo estoy pasando tan bien si suponía que iba a pasarla tan mal?”. Y caí en la cuenta de que uno de mis territorios míticos favoritos es el escenario. Pero nada de lo que rodea al escenario. Lo paso muy mal en los camerinos, lo paso muy mal después, lo paso muy mal con ese ambientillo que se crea de chicas, autógrafos; muy mal. Tengo agorafobia, casi. Así soy. Así que me gustaría ser como Salinger,pero subirme de cuando en cuando al escenario. De ahí vienen un poco mis caricaturas con bombines, esa especie de homenaje al cine mudo. Es para no ser la persona que soy en la calle.
–En eso te ayudan los que te rodean. Te miman, te consienten, te contienen pero también te escudan. Hacen de filtro.
–¿Te refieres a músicos, mánager y eso?
–Y tu mujer Jimena, también.
–Es el mínimo de protección que uno necesita. Por ejemplo: yo le tengo fobia al teléfono, porque si hablara no haría otra cosa. No hablo ni siquiera con mis amigos, y he perdido amigos por eso. No escribo cartas, no hago emails, no tengo web, soy analfabeto electrónico total. Entonces necesito alguien que se ocupe un poquito de esas cosas para no ser Pedro Picapiedra.
–Después de tantos años de pareja estable, ¿te agobia que todo el tiempo te pregunten de mujeres?
–Es que no sé por qué a mí. Yo tengo muchas menos canciones de amor que todos los cantantes que conozco.
–Pero han sido efectivas. Las mujeres siempre te han rodeado…
–Ahora mismo hay sólo una. He sido monógamo sucesivo y a veces muy puta. Pero todo eso pasó también.
–Ella está bastante pendiente de vos...
–Ella trabaja conmigo. No es tampoco la costilla de Adán. Ella organiza muchas cosas. Ayer no hubo proyecciones porque el show en Colombia es diferente del de Buenos Aires, que es otro show, otra gira distinta, porque está pensada para un estadio más grande. Vamos a hacer la cancha de Boca, y esta escenografía es demasiado íntima. Y ella se encarga de eso. Lo que te quiero explicar es que no es que lleve a mi novia conmigo para que me haga la cama. Es que está trabajando, está en el equipo de la gira. Y también está por protección, para no irme todas las noches a esos bares que me encantan de chicas afines y alcohol barato.
Compañeros en la ruta
Cuando en la conferencia de prensa le preguntan por la situación de los desplazados en Colombia, Sabina se excusa amablemente: “Me sorprende que me hagan preguntas políticas porque yo soy un cantante. Yo lo que realmente le tengo que decir a la gente está en los versos, en las canciones”.
Sin embargo, preso en el cuarto del su hotel, Joaquín se dedicó a ver el canal que transmite en directo las sesiones del Congreso colombiano. Y durante el concierto hace un sinnúmero de referencias a amigos y realidades del país. Cita a un periodista que tomó la letra de “Noche de bodas” para sugerir que en Colombia se necesitan mucho más diccionarios y menos balas y cambia una de sus letras para mencionar a los paramilitares (en medio de un escándalo político por la vinculaciónde congresistas afines al presidente Uribe con ese grupo armado).
El viejo bucanero ha navegado mucho por estos mares latinoamericanos, desde sus personalidades más distinguidas hastaluchas de sus calles (y antros de mala muerte). Y en base a esta experiencia, toma la palabra cuando es necesario.
En México dijo: “Si alguna vez ustedes se deciden, quinientas mil personas o diez millones, yo me apunto a ir a tirar a hostias esa infame muralla”, refiriéndose al muro que planea hacer el gobierno de Bush para frenar la inmigración latina. Poco después de terminada la primera parte de su gira, se escapó a Lima a observar las elecciones (hablando abiertamente de su desconfianza hacia Ollanta Humala). Dice que si fuera Chávez “no sería tan bocazas, haría las cosas un poco más subterráneamente”, y en cambio para Evo Morales soltó confianza: “Sigue teniendo un cheque en blanco mío”. “Cómo se van a quejar las grandes multinacionales como Repsol de que las fiscalicen un poquito”, explica ya en confianza. En realidad, sus construcciones esta vez tienen el aval de 120 shows en el año. Mucho, demasiado, para un tío que hace dos temporadas estaba con diagnóstico reservado. Y ahora volvió a las andadas convertido en un Manu Chao de otra época y otra estirpe, pero con la misma vocación del trovador trotamundos curioso y de espíritu solidario: Sube, toca, pasea, opina y canta.
Nunca ha ido a Bolivia porque sufre el mal de alturas, pero no descarta que quizá lo incluya como destino dentro de los dos o tres meses que planea dedicar a viajar por el continente después de que termine la gira, en diciembre, en Chile (“todavía con algunos amigos no puedo ni hablar de Pinochet”). Hasta en su España es famoso por su defensa de los inmigrantes latinoamericanos.“Hasta ahora no éramos racistas porque no teníamos experiencia migratoria. Al revés, emigrábamos nosotros. Y ahora esos que emigraron y que los trataron a patadas en Alemania y en Bélgica, están empezando a tratar a patadas a los sudacas y los moros.”
–Pero te molesta que te hagan preguntas de política…
–Si me hacen una pregunta o dos o tres de política, a mí, como a un futbolista o como a cualquier ciudadano, me parece muy bien. Yo creo que si tengo un micro delante debo aprovechar para decir lo que opino. Pero ya no me hacen ninguna pregunta de música. En un país como Colombia, donde acabo de llegar, y donde hay una situación de violencia tan complicada, me parece una falta de respeto ponerme a opinar. Pero me interesa porque creo que la política es una cosa tan importante, e influye tanto en nuestra vidas, que es un tremendoerror dejarla sólo en manos de los profesionales. Creo que la política debería estar en manos de los ciudadanos y no tanto en la de sus representantes. Yo no sé, pero creo que España es el país del mundo que tiene más organizaciones humanitarias y cooperantes en el exterior. Por un lado es una labor social impresionante, pero ha significado una huida de la pelea más peleona, más guerrera, de exigirles a los políticos.
–¿En América latina ves una lucha más directa?
–Como es un incendio y como cambia tanto y tan deprisa, todo puede pasar. Ahora lo que veo, son dos corrientes de izquierda. Hablo de los gobiernos más que de la gente. Una socialdemócrata (que no es socialista) que es la de Bachelet en Chile y Tabaré Vásquez en Uruguay. Kirchner también se viene apuntando a eso. Y la otra que es la más loca, la más guerrera, encabezada por Chávez. Pero en Américalatina la gente esta completamente desprotegida. Sobre todo sectoresenormes de la juventud, que están emigrando. Me pareceque como a muy corto plazo no se entre en serio en programas sociales importantes y en avanzar en la democracia, pues, mucho más que socialdemócratas, yo creo que vamos a ver una serie de oleadasde violencias.
–Al final sos un ser bien político.
–Como todo el mundo. ¿O vos no sos político?
–¿Y ayudás en causas sociales?
–Si lo hago, no te lo voy a decir. Detesto a los embajadores de la Unesco o la ONU, no me interesa salir en la foto.
Argentina: la isla del Tesoro
Buenos Aires no es un puerto cualquiera para este capitán. Quizás el que mejor define la situación es el contramaestre Varona: “En la Argentina Sabina es una religión. Yo pienso con todo el cariño del mundo que tanto fanatismo ya es excesivo. Los argentinos sois muy agradables, pero a veces pienso en esa gente que está tres días durmiendo en la calle para conseguir una entrada, o se gasta medio sueldo en un boleto: ¿cómo puede ser? Joaquín ha llegado a sentir agobio, prácticamente no puede salir del hotel. Lo que él nunca pensaba que le iba a pasar, le está pasando. Pero creo que su destino más importante ahora mismo en esta vida es esa actuación en La Bombonera. Joaquín dice que es lo más grande que le ha pasado en la vida. Y si no lo dice, todos sabemos que sí. Los Rolling Stones hicieron cinco River, nosotros ya vamos tres Boca. Yo creo que él lo piensa, que Buenos Aires es el boom en su carrera, la culminación. Debe estar con un ataque de pánico tremendo, porque él se lo toma muy en serio,quiere hacerlo muy bien”. El capitán toma la palabra.
–¿Es el concierto más grande que vas a dar en tu vida?
–Pagando sí, porque por ejemplo he tocado en el Zócalo, en México, para 300 mil personas. Pero en Buenos Aires se han vendido 60 mil entradas en ocho o nueve horas. No creas que eso me parece natural.Me parece tan antinatural, tan milagroso y tan disparatado, que procurono pensarlo. Pero estoy obsesionado pensándolo.
–¿Te da nervios?
–Sí, claro. A veces pienso que los voy a defraudar, que qué carajo esperan de mí.
–Ya tenés biografías, obras de teatro con tu vida. Ahora Sony va a sacar un box set con toda tu carrera. ¿Te están contradiciendocon eso de “pero sin prisa” de “A mis cuarenta y diez”?
–Lo del box set no tiene nada que ver conmigo. Son estrategias de las disqueras. Parece que tengo un buen año y que se han incorporado un par de generaciones nuevas que no habían oído los primeros discos. Entonces lo empaquetan todo con un envoltorio muy bonito y le sacan la pasta al personal. Pero si creyeran que me voy a morir esperarían, porque los discos póstumos se venden mejor.
–A los cuarenta y diecisiete, ¿cómo ves para abajo a las nuevas generaciones? En España están Nacho Vegas, Quique González…
–Concretamente los dos que has nombrado me parecen de lo más interesante de los, digámosle, jóvenes, que ya no son tan jóvenes. Jorge Drexler me gusta mucho, soy algo así como su padrino. Y PedritoGuerra, y algún raro aflamencado como Javier Ruibal. Hay una penúltima generación de entre 30 y 40 años que está pasando de los bares a los teatros, y que es de cojones.
Muchos han seguido los pasos de este viejo bucanero del rock en español. Por los bares de San Telmo florecen sus seguidores, en Bogotá lo telonea el cantautor Roberto Camargo, quien confiesa que Sabina ha sido su inspiración. El capitán devuelve la gentilezadedicándole una canción: “Yo también sé lo que es tocar antes del que viene después”.
–¿Promocionás artistas desconocidos?
–Claro. Los otros días presenté a Concha Buica, una guineana que canta copla española que no lo vas a poder creer. Te vas a acordar de Bola de Nieve, una cosa maravillosa. También escribo en una revistay cuando hay alguien de quien hablar bien, lo aprovecho. A Drexler lo ayudé mucho cuando llegó a Madrid; Pedrito Guerra, la primera gira que hizo fue conmigo. Y cuando digo conmigo, no es de telonero, esa cosa horrible. Sale a mitad del concierto cantando tres canciones, una conmigo. Con Los Rodríguez también lo hice.
–Hay un furor por San Telmo de bandas haciendo covers tuyos. Si salieras a tomar unos tragos, ¿irías con ellos o con algún joven activista con ganas de sabotear una multinacional?
–Es divertido lo de los covers, cada uno lo hace a su aire. La última vez que hicimos el teatro Gran Rex los sacamos a todos a cantar “Y nos dieron las diez”. O sea que sí me gusta, cuando me dejan. Lo de los agitadores: tendría que pensar dónde. Pero se me ocurrirían muchos sitios. Concretamente a la mayoría de canales de televisión españoles. Me molesta mucho la telebasura. No me molesta que haya un programa de frivolidad o chismes, pero me molesta las veinticuatro horas. Eso creo que es un cáncer para la educación de los jóvenes, porque les están proponiendo unos modelos sociales que son terribles. Van a ser unos adultos insoportables.
Pirata, poeta, músico, político o lo que sea, Joaquín Sabina sigue adelante, luchando con fobias, ansiedades y adicciones, adentrándose con desconfianza en los caminos de las luminarias. Y anticipa: “El disco que venga ahora después de la gira va a volver a los tiempos en los que reunirse con los muchachos a grabar era una fiesta. Lo que pasa es que ahora en vez de sexo, drogas y rock & roll vamos a parecer un club de monjas”. Mientras tanto, el imaginario sigue viéndolo así: como un viejo bucanero que no puede abandonar los trucos con los que se hizo de un gran botín.






