John Cale: "a nadie le debería gustar hacer siempre lo mismo"

Apasionado por la música, el artista nacido en Gales, que actuará el jueves en Buenos Aires, habla de la vitalidad actual del hip-hop y de su actividad como productor
Sebastián Chaves
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27 de febrero de 2016  

Crédito: Momer 360

Además de su presentación en el teatro Ópera, el jueves próximo, para John Cale el atractivo de su visita a la Argentina radica también en la posibilidad de conocer música local. Sin que se le pregunte al respecto, el músico, de 73 años, que tranquilamente podría moverse dentro de su zona de confort, advierte que aún sigue interesado en escuchar nuevos sonidos y que "tal vez pueda aprender de música latinoamericana" cuando se encuentre por estas latitudes.

Desde que comenzó a tocar la viola en su Gales natal, el deseo de conocer ha sido siempre su gran motor artístico. Así fue que en 1963 se mudó a Nueva York atraído tanto por las vanguardias como por el rock and roll. Sus experiencias con John Cage y LaMonte Young lo introdujeron en el seno de la música contemporánea, y a principios de 1965 fundaría, junto a Lou Reed, The Velvet Underground, el grupo más disruptivo que dio el rock durante la década del 60. Aunque Cale sólo estuvo allí para los dos primeros discos (los fundamentales The Vel ve t Underground & Nico, apadrinado por Andy Warhol, y White Light/White Heat), su aporte a la cultura rock es inconmensurable. Antes de él, la composición a partir de repeticiones ( drone) y el ruido como un valor estético eran ajenos a la canción rockera, tan adepta a la fórmula convencional. "El drone trabaja como un mantra y crea mucho espacio en la música; era una plataforma para nosotros -recuerda Cale del otro lado del teléfono. Y el ruido nos interesaba porque aportaba otro color, la gente reacciona ante eso y te da la posibilidad de establecer un nuevo argumento", completa.

-Y aún sigue siendo difícil racionalizarlo desde una perspectiva estética, sigue siendo violento.

-El ruido es una ciencia. Me sigue resultando divertido ver las reacciones del público. En los 60 creábamos los sonidos para cada canción, rompimos muchos amplificadores en el proceso y muchas veces nos generaba distanciamiento de la audiencia.

-Da la sensación de que a The Velvet Underground no le importaba demasiado la masividad. O si le importaba querían alcanzarla sin otorgar concesiones.

-No nos importaba, lo hacíamos a propósito. Nos resultaba difícil conseguir trabajo, tocábamos tres o cuatro veces y nos echaban. Venían a advertirnos que si volvíamos a hacer determinada cosa no podríamos seguir tocando, entonces íbamos y lo hacíamos. Era nuestro punto de vista.

-¿Cuál es tu mejor recuerdo de tu paso por el grupo?

-Hay un concierto que recuerdo y me río cada vez. Fuimos a tocar a Chicago sin Lou; él estaba internado en un hospital en Nueva York, así que fuimos con Andy Warhol y su gente. Me senté al piano del lugar y tuve el honor de cantar las partes que le correspondían a Lou. Mientras estaba tocando "European Son", noté que la audiencia no me prestaba atención, todos miraban al balcón detrás de mí; entonces me di vuelta y vi que Danny Williams y Paul Morrissey [parte del equipo de Andy Warhol que se encargaba de la parte audiovisual de los shows] se estaban peleando a trompadas tratando de romperse la cara mutuamente. Pero yo seguí tocando, como si estuviese musicalizando la pelea. Siempre se peleaban por ver quién se quedaba con el alargue para su cámara. En ese momento nos divertía mucho.

Otros rumbos

Cuando las diferencias musicales con Lou Reed se hicieron insalvables, Cale decidió marchar en solitario y afirmarse también como productor y colaborador. The Stooges en 1969, Patti Smith en 1975 y hasta los Happy Mondays en 1987 fueron algunos de los artistas que contaron con su colaboración. "Trato de producir lo que son, de llevar al estudio lo que un artista es en vivo -cuenta Cale sobre su método de trabajo detrás de la consola. Todos los músicos con los que trabajé tenían su propia personalidad, que no iban a abandonar. Sabía que iban a mantenerse en la escena por mucho tiempo, y eso es lo que te piden las discográficas."

-¿El secreto, entonces, es divisar que lo que hacen es consistente?

-Definitivamente. Los grandes sellos quieren estar seguros de que les estás dando un artista para el cual hay mercado a futuro. Cuando vi a Iggy Pop en Detroit me di cuenta de que tenía algo, aunque fue difícil llevar lo que se veía en el escenario al estudio (risas).

-¿Y qué tiene que tener hoy un músico para que quieras producirlo?

-Busco lo mismo, sólo que ahora mi agenda está más cargada. Grabar un disco te lleva tres meses, es difícil hacer coincidir los horarios. Además, hoy muchos son felices grabando sus discos frente a una computadora y se están volviendo cada vez mejores en eso, son realmente buenos. Eso también permite que haya errores, y es mágico. Cuando nos llegaban discos de Jamaica en los 70, sonaban crudos y a veces mal tocados, pero ahí estaba la magia, la personalidad.

-Todavía te seguís sorprendiendo.

-Sí, mucho. Hay música excitante todo el tiempo y en todo el mundo. Hay que trabajar mucho para mantenerse actualizado, pero es lindo que te sorprendan. Y lo mejor es que nunca sabés dónde lo vas a encontrar, tal vez en Internet o a la salida de un concierto alguien se te acerque con un demo. Siempre aparece algo extraño y hermoso cuando menos lo esperás.

En 1982, Cale lanzó Music for a New Society, una gema de rock improvisado que se encuentra entre sus mejores trabajos como solista y que fue reeditado a principios de este año acompañado por un disco que contiene material completamente nuevo. "En el álbum original las ideas estaban muy claras, y en este disco nuevo se trata de alguien que intenta ver cuán identificado se siente con aquello que grabó hace tantos años. El concepto fue fácil de desarrollar porque el núcleo del disco original es muy claro", dice Cale.

-La improvisación es clave en gran parte de tu obra, ¿qué encontrás de renovador en ese terreno?

-Admiro a Miles Davis, creo que todo viene de ahí. El primer disco que me regalaron cuando me vine a Nueva York fue Kind of Blue. Empecé a interesarme en el jazz moderno, aunque estaba metido en la música contemporánea, pero Miles hizo que el jazz se volviera avant-garde también. Todo cambió muy rápido gracias a él. Para mí, la improvisación sigue siendo un misterio y es difícil grabar un disco así. Es más fácil de llevar a cabo cuando tocás en vivo, porque podés buscar arreglos y cambiar los formatos. A nadie le debería gustar hacer siempre lo mismo, porque uno cambia con los años. La persona que escribió esas canciones de The Velvet Underground ya no existe, hoy soy yo reinterpretando esos puntos de vista.

-Siempre manejaste una tensión entre la experimentación y las estructuras simples, ¿hasta dónde creés que la canción puede aguantar como formato imbatible?

-Creo que el hip-hop vino a demostrar que antes que la canción está la melodía. Cambió para siempre la forma de escribir. Desarrolla las formas de una manera original y muy poderosa. Antes era imposible ganarle a una canción de Bruce Springsteen, que tenía una estructura familiar, pero el hip-hop lo cambió todo.

-¿Sentís que el hip-hop tiene la fuerza que tuvo el rock en los 60?

-Totalmente. Han logrado estándares de grabación mucho más altos que los que tiene el rock hoy y siguen siendo genuinos. Las producciones son excelentes y mantienen esa violencia de enrostrarte su enojo.

-En contrapartida, los héroes del rock clásico nos están dejando. Lou Reed hace un par de años, Bowie hace poco? ¿te pesa alguna responsabilidad por mantener un legado artístico?

-Sí, lo hay. Pero también es una responsabilidad hacia vos mismo y tu música. Es un balance entre eso y lo que se espera de vos. Cuando decido hacer conciertos, siempre son distintos. Así es como pienso que los músicos deberían comportarse: debemos convencer al público de que siga el camino que caminamos en el presente.

-Hace una buena cantidad de años que dejaste de consumir heroína. ¿Cómo cambió tu forma de componer desde entonces?

-Me volví mucho más eficiente, y es importante recordarlo. Al principio pensás que sin heroína no vas a servir para nada, pero es increíble cómo los sentidos empiezan a soltarse cuando estás limpio. Y lográs hacer cosas, aprovechás el día completo, trabajás más duro. Dejar las drogas es la manera más fácil de ponerte a prueba a vos mismo, y también de pulirte.

Cale lleva más de 50 años haciendo música, grabó y produjo decenas de discos y asegura tener que elegir entre 40 nuevas canciones para editar su próximo trabajo. ¿Si le queda algo por realizar? "Ir a Marte, creo que a muchos críticos de música les encantaría", concluye entre risas.

“Dejar las drogas es la manera más fácil de ponerte a prueba a vos mismo”

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