
Johnny Marr: "Los 80 eran una página en blanco"
Con un show caliente, el guitarrista volvió a demostrar por qué es la mayor influencia del brit-rock de los últimos 30 años
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Agentes de prensa y directivos de la filial local de Warner discuten sobre si el talle de la camiseta argentina con el nombre del Kun Agüero impreso en la espalda es o no el correcto para regalarle a Johnny Marr, el guitarrista más influyente del rock inglés de los últimos treinta años, que regresó al país a un año de su primera y explosiva visita para presentar su segundo álbum, Playland.
Pero lo que probablemente no sepan los anfitriones de Marr es que este fanático del fútbol en general -y del Manchester City en particular- es uno de los caballeros más elegantes de su clase y jamás se lo ha visto con una camiseta de fútbol puesta. Ni siquiera en aquella jornada gloriosa del año pasado en la que el City dio la vuelta olímpica y él asistió al estadio junto a su amigo Noel Gallagher e ingresó al campo de juego: camisa azul, pantalón y saco negros. Casi un uniforme de la britaneidad al palo que él mismo representa desde los años 80. De hecho, aquel era un saco muy parecido al que tiene puesto ahora mismo, horas antes de subir al escenario de Niceto Club por segunda vez en doce meses, y que parece formar parte de su vestuario de estrella de rock desde que se lanzó tardíamente como solista, a fines de 2013. "Cuando era joven, en Manchester, en los primeros años de la década del 70, el fútbol era un escape para la clase trabajadora. A mí me gustaba mucho, pero la cultura futbolera tenía una cosa de macho que alejó a muchos de mis amigos. Entiendo que hay cosas muy malas en la cultura futbolera, pero los tiempos han cambiado y hay que decirlo: no todos los muchachos metidos en el fútbol son estúpidos", dice acerca de su segunda pasión. ¿La primera? Por supuesto, el rock de guitarras que patentó en los 80 como líder de The Smiths y que aún hoy, a los 51 años, profesa con estilo y conciencia de clase.
-¿Por qué hacer hoy un álbum como Playland, que parece girar en torno de una crítica del consumismo?
-Debo decir que como la vida de cualquiera hoy en día, la mía está regida por las normas que dicta Apple. Entiendo que puede sonar un poco esnob y no me siento cool por ello, pero como adulto que vive en una ciudad como Berlín siento que es muy difícil poder hacer una elección sin condicionamientos de la publicidad nociva que existe en todas partes. Para estar a salvo del consumismo habría que vivir en medio de una jungla.
-En los años 80, una banda argentina llamada Fricción grabó un disco que tituló Consumación o consumo. ¿Creés que es así?
-Sí, entiendo, es un gran título. Lo importante es que la gente sea consciente y comprenda su situación. Que no vaya caminando por ahí y pueda ser pescada por cualquier anzuelo. La canción que abre The Messenger, "The Right Thing Right", trata de esto también: tomar una posición cuando te das cuenta de que sos un blanco como consumidor diciendo: "Ok, entiendo que soy un blanco, no estoy ciego". Porque si uno anda por ahí ciego seguramente te lleve también a votar por un partido político equivocado. Todos en mi país de hecho lo hicieron? Pero bueno, la idea de Playland es que funcionara como una metáfora de la sociedad moderna en la que uno crece y pasa de ese lugar de juego a ser adulto y entonces aparecen las cosas que te quitan el tiempo: el consumo, el escape a través del entretenimiento, la tecnología, el sexo, el alcohol, incluso las películas. No siempre como algo malo, a veces son cosas que uno disfruta. Yo celebro muchas cosas de la cultura actual. De hecho "Playland", la canción, habla de la celebración del sentimiento de escuchar un disco a todo volumen, bien fuerte. Ya tenía el título y un amigo me habló de un libro escrito en 1938, Homo Ludens (del filósofo holandés Johan Huizinga), que habla del juego como factor importante en el desarrollo del ser humano.
-Playland se editó apenas un año después de tu debut como solista, ¿no se podría pensar en estos dos discos como un álbum doble editado por separado?
-No necesariamente, pero me gusta pensarlos como un par de discos unidos por ciertos aspectos. De hecho, cuando tuve que pensar en la nueva tapa, en mi mente enseguida tuve en claro que debía ser una fotografía en la calle, al aire libre, como una suerte de continuación de la de The Messenger. Casi como un cliché. Un día entonces salimos a caminar y nos topamos con un sex shop, con la ventana azul, que parecía encajar perfecto en la metáfora construida alrededor de Playland. Lo único que hicimos fue cambiar el cartel por el título del disco.
-The Messenger se grabó en Berlín y en Manchester y éste fue registrado en Londres, ¿las ciudades influyen en el sonido de sus discos?
-Sí, definitivamente. Por eso en mi primer álbum hay una canción como "European Me", que está estrechamente vinculada con Berlín y mi vida allí. Porque creo que si uno creció en Gran Bretaña es muy importante comprender a los ciudadanos europeos. Es muy saludable mentalmente. Estoy muy orgulloso de la cultura europea. Los jóvenes hoy no lo ven tan así y por eso trato de poner mi granito de arena al menos en lo que respecta a mi audiencia y que piensen como europeos y no como ingleses. No me gustan los nacionalismos, son realmente malos. Eso, de alguna u otra forma, atraviesa mis canciones.
-Recientemente, su amigo Noel Gallagher aseguró que si Paul McCartney les escribe una canción, Oasis vuelve a tocar. ¿Quién tendría que escribir un tema para que The Smiths volviera a juntarse?
-Ja, ja... Noel Gallagher.
-Usted se la podría pedir...
-No creo, por el momento estoy muy ocupado.
-Existe en la historia de Manchester un show mítico: el de Sex Pistols en 1976. Cuenta la leyenda que cada persona que asistió a ese concierto luego formó una banda de rock. ¿Usted también estuvo allí?
-No, era muy joven, pero mis amigos sí. La mayoría de ellos eran más grandes, tenían 16 o 17 años y yo tenía 14. Billy Duffy (The Cult) asistió y te puede asegurar que al día siguiente era una persona totalmente diferente.
-¿Y cómo influyó en usted el movimiento punk?
-El punk influyó en todos los que estaban interesados en la música. Ni Genesis ni Pink Floyd ni Pete Townshend fueron los mismos después del punk. A un joven como yo no le podía seguir gustando esa música. El punk arrasó con todo. Aunque no fue todo negativo. También sirvió para confirmar que si te gustaba David Bowie estaba bien; T-Rex lo mismo. Pensé mucho en esto últimamente mientras escribía para mi biografía. A mí y a mis amigos, como Billy Duffy, el punk también nos trajo a Tom Verlaine, a Richard Lloyd, a Johnny Thunders. No fue algo solo destructivo, como a veces se piensa.
-Está clara en la historia la importancia de los Beatles y los Stones en los 60 y la del punk en los 70, ¿pero cuál cree que ha sido el legado del rock británico de los 80, del cual formó parte con The Smiths?
-No lo sé. Sí te podría decir cuál debería ser su legado. En ese entonces, las chicas se empezaron a ver más en los grupos, como Gillian Gilbert de New Order, The Raincoats y también comenzaron a verse más chicas en la audiencia y de ahí pasaron a las bandas. Para muchos, los años 80 son sinónimo de Culture Club, Spandau Ballet, Duran Duran, Madonna, Tears For Fears. Todo eso es una mierda. Yo era joven y cuando formé The Smiths, en 1982, lo que me gustaba era The Birthday Party, New Order, la escena de la música electrónica que comenzaba a surgir, The The. Ése creo que debería ser el sonido que se recuerde de los 80. Creo que lo más positivo de los años 80 hoy se manifiesta en bandas como Yeah Yeah Yeahs, que suenan muy bien y tienen cosas similares, más allá de eso que se llamó "retro": una mujer fuerte al frente, tres integrantes y una actitud anti-rock clásico. Mi generación de los 80 era como una página en blanco. Después del punk, era como volver a empezar. Human League, la movida electrónica en Gran Bretaña, el sello Sire Records y The Talking Heads en los Estados Unidos. Lo más importante de los años 80 luego terminó de desarrollarse en los 90 con el antisexismo y el anti-rock clásico.
Esa misma noche, Marr se subió por segunda vez al escenario de Niceto Club, a poco más de un año de su debut en el país, y lo mejor de aquellos años 80 se corporizó en su concierto, demostrando una vez más cuánto les debe el rock británico de las últimas tres décadas a esa guitarra punzante y ese sonido envolvente que lo caracteriza. Si hasta en el cierre logró unir sus gloriosos himnos guitarreros de The Smiths ("How Soon Is Now?", "There Is A Light That Never Goes Out" y "Stop Me If You Think You've Heard This One Before") con el cover de "I Feel You", de Depeche Mode, en plan banda de garage, editado a manera de regalo para sus fans durante la última edición del Record Store Day. "¡Johnny Fuckin' Marr!" fue el grito de guerra final de sus fans argentinos. Los 80, aquí y ahora.
El guitarrista equilibrista
Giroscopio
En la portada de su Playland, Marr sostiene un objeto no identificado entre sus manos. "Es un giroscopio, un juguete científico, si se quiere, que llevé en mi bolsillo durante la mezcla del álbum. Estaba obsesionado con él y luego me di cuenta de que al igual que lo que decía en las canciones, tenía que ver con el balance y el equilibrio en la vida"





