
Jorge Pizarro busca renovar el Centro Cultural San Martín
Anuncia propuestas que buscan atraer al público joven
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Durante los años noventa, Jorge Pizarro se convirtió en un "hombre de la noche". Junto a su esposa, Mayra, gestó el Condon Clú y, luego, Ave Porco. Después de una década ligado a la iniciativa privada, le acercó a Jorge Telerman, secretario de Cultura de Buenos Aires, un proyecto que determinó que el ex hombre de confianza de Eduardo Duhalde lo llamara para ponerlo al frente del Centro Cultural San Martín.
"Estoy acá haciendo lo quería hacer. La única limitación que tengo es la realidad", reconoce este nuevo funcionario, de 38 años, con pinta de moderno. Su premisa es convertir a esta gran mole de Sarmiento y Paraná en un centro de vanguardia.
-¿Cómo se puede concretar eso en un edificio de 30 años, que refleja un modo de pensar las manifestaciones artísticas distinto del actual?
-En primer lugar, estamos intentando recuperar el Centro. Hace años que no se le hacía nada. Ahora estamos en obra, cambiando la carpintería metálica de su fachada. Pero 2001 es un período de transición. Tenemos que pasar de un centro cultural receptivo a uno productivo, tenemos que profundizar un perfil propio. Nuestra prioridad es apuntar a los jóvenes, a la experimentación, a la vanguardia.
-¿Cómo se lleva la experimentación con los 250 empleados que están acostumbrados a otro tipo de programación?
-En estos pocos meses de gestión hemos tenido una respuesta positiva. La transformación debe hacerse con los trabajadores del lugar, es el único camino. El gran desafío será el año que viene. Actualmente circulan por el Centro unas 350.000 personas por año. Queremos aumentar sensiblemente esa cantidad. Para eso estamos trabajando fuertemente en el área de congresos y a eso le sumamos una programación dirigida al público joven. Es más, el Centro será sede de todos los festivales internacionales que se realicen en la ciudad.
-¿Está el Centro en condiciones de ser la cara de acontecimientos internacionales?
-Entre las prioridades está tener una cara nueva, una fachada distinta de la actual. Queremos devolver el edificio al momento de su estado original, cuando fue un emblema de la arquitectura funcionalista. El edificio es muy noble y con liberarlo de paneles vamos a tener un gran avance.
-Apuntás al público joven, pero básicamente este lugar no atrae a ese sector generacional.
-Ese planteo que vos hacés me lo hago permanentemente. Yo podría generar una escenografía que me planteara algo distinto. Pero tomé otro camino, que consiste en cambiar los contenidos y que el flujo de público distinto obligue al lugar a montar una instalación propia. Pero es cierto que vamos a tener un tiempo en el que vamos a sufrir esa dicotomía. Por eso, cuando venga la transformación de la fachada va ser algo más que un maquillaje.
-¿Apuntar a la coproducción es estrategia que responde a la falta de presupuesto?
-No. Los acuerdos con empresas privadas son una alternativa más rica. No puedo gastar dinero en comprar tecnología que en tres meses va a estar obsoleta. Por eso, la empresa privada nos asegura contar todo el tiempo con tecnología de punta. Como lo nuestro está relacionado con el diseño, con las nuevas tecnologías, con la música experimental, tenemos mayor posibilidad de entablar acuerdos.
Cuidando el peso
Pizarro sabe que para llevar a cabo su idea tiene que cuidar al máximo los cinco millones de pesos que posee para este año. Mucho más porque de ese monto, el 80 por ciento va destinado a sueldos. Sabe también que de ese resto, por lo menos la mitad se lo lleva el pago de servicios y a lo sumo le queda un diez por ciento para producir.
"Si me tengo que atener a lo pautado -reconoce-, tengo muy pocas posibilidades para este año. Pero a ese presupuesto debemos sumarle la posibilidad de generar recursos propios vía el alquiler de salas, venta de entrada para espectáculos y convenios con las empresas privadas. Con esas herramientas creo que puedo aumentar esos cinco millones. Por otra parte, no soy de sentarme a llorar al lado de la planilla del presupuesto. No es fértil."
Ese espíritu poco llorón seguramente es el que convenció a Telerman para apostar sus fichas por este ex militante de la desaparecida renovación peronista. Y en esta jugada, Pizarro apunta sus fuerzas a gestar proyectos multidisciplinarios. Por ejemplo, el de AlternatiBA, que se inaugurará el 25 del actual, en el cual reunirá a cinco diseñadores experimentales junto a una videasta, un musicalizador, un productor general y un diseñador gráfico. Es decir, apuesta sus fichas a la creación de grupos heterogéneos que den cuenta de una forma de creación y presentación de ese producto artístico ligado a la pulsión de estos tiempos.
Entre sus planes, también figura instalar un bar temático y contar con los dos pisos que actualmente ocupa Turismo para dedicarlos a la producción.
Pizarro es un exponente más de aquellos gestores formados en el campo de lo privado que durante la administración de Aníbal Ibarra pasaron a lo público. Como Javier Grossman, ex de Babilonia y actual subsecretario, o el mismo Telerman, que viene de La Trastienda. Su tiempo en Ave Porco quedó atrás, y no se arrepiente. "Necesitaba otra cosa", dice. El San Martín también necesita un cambio timón. Queda aguardar si se produce el juego de las coincidencias.
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