
Julieta Venegas: tan fiel a su estilo como a su público
En el Gran Rex, la mexicana repasó los clásicos de su discografía y presentó su álbum más reciente, Algo sucede
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Una mezcla perfecta entre armonía y protesta, entre alegría y desesperanza, entre amor y desamor. Julieta Venegas se maneja con comodidad y hace convivir sus raíces mexicanas con la música melódica. Encontró un estilo bien propio con el que logró conquistar a un público universal, no importan las edades ni las banderas. En un show ecléctico, la cantautora y su fluctuante banda manejan el clima del Gran Rex: de la balada al pop, pasando por el ska y algunos vestigios de ranchera. La multiinstrumentista Julieta se pasea durante el concierto por el acordeón, la guitarra acústica y el piano: explica de dónde salen las canciones que luego tocará y así, además de presentar su último álbum, Algo sucede, hace un recorrido por el resto de su discografía. Mientras, se sienten el aire de incongruencia con la situación actual de México, los aprendizajes que quiere trasmitirle a su hija, los recuerdos de la infancia y su costado más dulce, de mujer frágil y llena de preguntas. Pero al final Julieta siempre transmite alegría.
Además de su particular voz y un bloque sola al piano, Julieta tiene cinco músicos que la acompañan. Edy Vega en percusión (toca batería y cajón); Matías Saavedra, un tecladista de los más versátiles (también hace los coros y toca guitarra, sintetizadores, cuatro y alterna con ella al piano); Sergio Silva en guitarra, coros y teclado; Freddy Cañedo en bajo y el cordobés Juan Martín Medina, el señor de los vientos, quien está a cargo del saxo, el clarinete, la flauta traversa y también el acordeón.
Con sonidos psicodélicos de fondo aparece Julieta Venegas. Tiene una pollera oscura y unos zapatos con taco aguja que mantendrá las dos horas de show. Empiezan a sonar los acordes de "Esperaba", uno de los temas de Algo sucede. En pantalla, imágenes de adolescentes ríen y andan en patineta, como en un videoclip. Así, con una puesta donde las luces juegan un rol trascendente y una seguidilla de hits ("Te vi", "Amores platónicos", "Limón y sal"), la mexicana abre el telón.
"Qué felicidad estar aquí en Buenos Aires. El álbum lo grabamos un poco aquí, así que es una excusa para verlos", dice antes de tomar el acordeón para hacer "Original". Con imágenes de estrellas fugaces, las palmas se apoderan del Rex. Sigue con "Ese camino", mientras va dando pistas de cómo surgieron esos temas ("éste habla de cuando uno es niño") y conecta con el público. Con tintes latinoamericanos, que incluyen flauta, cuatro y cajón peruano, y Julieta liderando desde la guitarra, llega "Ilusión".
En medio de un contexto difícil en su país y todavía con los 43 estudiantes desaparecidos de Iguala en el tintero, Julieta no quiere quedar al margen. "Ésta habla sobre México, una canción de tristeza, pero de esperanza. Sé que mi país puede volver a ser lo que fue", dice la cantautora antes de entonar las primeras estrofas de "Una respuesta". Con luces azules de fondo, la balada pone al público a pensar. En el medio aparece un joven con una bandera con una leyenda sobre los normalistas desaparecidos. Más tarde, Venegas volverá sobre esta lucha con "Explosión".
Lisandro Aristimuño es el invitado especial. Los sintetizadores se mezclan con el dúo de voces. Suena "Me van a matar", una de las canciones que forma parte del film Amores perros. Con mirada cómplice cantan el estribillo a coro. "Bien o mal" da pie para un bloque solista al piano. Se suceden "Porvenir", "Todo hasta aquí" y "Lento", los celulares iluminan el salón como antes hacían los encendedores. Julieta termina rockeando con imágenes de copas rotas y fuego. Llega "Momentos", con dejos tangueros.
"Gracias por dejarme entrar en sus vidas con mis canciones", dice antes de "Parte mía". Con "Eres para mí" la treintena de canciones va llegando a su final. "Buena despedida" y "El presente" dejan al público bien arriba para los bises. A poco de la muerte del cantautor mexicano Juan Gabriel, Julieta interpreta "Juro que nunca volveré", una despechada ranchera de cantina en la que deja escuchar su caudal de voz en homenaje a uno de sus inspiradores. Pero todavía falta un triángulo indestructible: "Sin documentos", el cover de Los Rodríguez, "Andar conmigo" y "Me voy". Con palabras dulces y todo el público tarareando "qué lástima pero adiós", la mexicana deja el escenario.




