
Julio Bocca un bailarín de muestra
Desde el 15 de diciembre, una monumental exposición en el Palais de Glace recorrerá la vida y la obra del gran artista, que vuelve el mes que viene al Luna Park
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Pueden contarse con los dedos de una mano los bailarines que llegaron a estrellas siendo muy jóvenes y que concretaron una deslumbrante trayectoria internacional en breve tiempo. Son los que quedan en la historia como artistas fuera de serie, figuras que dan pie al seguimiento y curiosidad indeclinables del público mundial y, si se trata de compatriotas, a esto se agrega un sentimiento de orgullo colectivo. De ahí surgió la idea de montar, del 15 de diciembre al 30 de enero, en el Palais de Glace, la megaexposición "Julio Bocca: andanzas".
El proyecto, imaginado por LinoPatalano, manager del artista, será un exhaustivo recorrido por la vida y obra de Julio. El lugar estará dividido por "estaciones", en las que el público podrá apreciar fotos, vestuario, videos nunca vistos aquí de sus actuaciones, premios y diversos elementos que hablan de diferentes momentos de su impresionante carrera.
Se pondrá a la venta un libro de fotografías y la recaudación por la venta de las entradas, de 3 pesos, será a beneficio de Fundai, de las fundaciones del Palais de Glace y de la que lleva el nombre del bailarín (en este último caso el dinero servirá para alentar la nueva meta de Julio: construir un una escuela polimodal con un programa que abarcará y entrelazará todas las disciplinas).
Además, importantes artistas plásticos como Josefina Robirosa, Guillermo Roux, Pérez Celis, Antonio Pujía y Nicolás García Uriburu, entre otros, están preparando cuadros o esculturas inspiradas en Bocca. Renata Schussheim hará una estatua que lo representará en tamaño natural. En tanto, afuera del Palais de Glace actuarán diversos grupos para que la gente esté en contacto con la danza, desde la interpretación en sí hasta la "cocina" de la preparación y el armado de un espectáculo.
Los recepcionistas, vestidos según la obra, la música y videos darán la atmósfera de la obra. Conferencias, stands con souvenirs y de comida no faltarán, como tampoco los muy populares choripanes y panchos que se venderán afuera, donde habrá pantallas para proyectar imágenes sobre el tema.
En el Luna Park
Pero a Bocca antes se lo verá, con Alessandra Ferri como invitada y el Ballet Argentino el 5, 6, 7, 9 y 10 de noviembre en el Luna Park, en su habitual ciclo en ese teatro. "Decidí presentar un único programa, más clásico, ya que últimamente hicimos mucho contemporáneo. Incluirá dos obras que con Alex sentimos muy nuestras, "Romeo y Julieta" ( el pas de deux de la escena del balcón), de MacMillan, y "Giselle" (segundo acto). También va "Mambo suite", de Ana María Stekelman, que estrenamos en gira, con la diferencia de que hay un nuevo dúo que bailaremos Alessandra y yo." Esta última, con música de Pérez Prado, es la primera creación que esta autora realizó para bailarinas en puntas. Para Ferri, este ritmo será toda una novedad. También bailar aires tangueros el 17 y el 19, en funciones de Harmonia en el Colón, en las que interpretará con Julio y su elenco "Consagración del tango", de Stekelman, los pas de deux "Romeo y Julieta" y "Other Dances", de Jerome Robbins. Pícaro, Bocca comenta que en su papel en "Consagración" se la verá con el torso desnudo.
Acomplejado
Si bien a Julio le divierte mucho contonearse desde las caderas para abajo, estaba un poco acomplejado con su trasero. "Mi cola no me agradaba, pero en un solo en el que debo moverla mucho el público enloqueció y fue todo un éxito. Así que ahora me amigué con esa parte de mi cuerpo. Algo que no tiene remedio y que me fascinaría sería ser más alto." Diga lo que diga, se lo ve fantástico con su 1,72 metro, pesando 63 kilos y elegante, en un look casual, con ropa y zapatos diseñados por el argentino Mancini.
Recientemente hizo una extensa gira por exóticos lugares, como Bangkok (donde se dio el gusto de pasear sobre un elefante) y Singapur. "Sabía que no tenían tradición de ballet ni costumbre de ver este tipo de espectáculos -sostiene-. Sin embargo, en Tailandia, con la princesa en la platea, nos sorprendió una audiencia respetuosa y muy calurosa. En el segundo lugar, no sé si entendieron o no, pero nos aplaudieron a lo loco."
La era de la madurez
Bocca reflexiona: "A veces me ha pasado que no hubiera eco o difusión, aun en países habituados. Me molestaba, pero ahora, sin embargo, no me afecta. Será porque (imita la voz de un anciano) me siento diferente arriba del escenario, con otra madurez. El año pasado estaba en la mitad de este escalón; ahora lo subí y significa un verdadero cambio. A los 32 años, de los bailarines que están actuando mundialmente, soy uno de los más viejitos. Es una sensación que experimenté naturalmente".
"Se lo comenté a Alessandra Ferri, que empezó antes que yo esta transformación -agrega-. Implica saber dónde uno está parado, saber exactamente quién es, y dejarlo ahí, sin preocuparse por nada y disfrutar lo máximo. Veo a los chicos que se enloquecen por hacer más piruetas o competir en bravura.
"Con el American Ballet, en esta temporada hicimos "Cuarteto", una obra de Anton Dolin, sólo para varones, con variaciones explosivas. Estaba con Angel Corella (22 años), Ethan Stiefel (25) y Juan Carreño (28). Mi parte era un adagio muy lento, controlado, preciso. Me encantó... hasta que llegó la coda, donde hay giros a rolete. Lo miraba a Angel y a los otros, y veía trompos sin freno. Yo no daba más. Y pensaba, en el escenario del Metropolitan: ¿qué hago acá? Tenía la idea de que estaba en una escuela. Será muy lindo mostrar tremendo potencial, hacer diez o quince piruetas, pero no hay nada para crear. Gocé mucho más con mis cinco o seis piruetitas muy precisas y limpias."
Hace dos años estaba medio preocupado por la edad, que no estaba acorde con la del adolescente Romeo, por lo que no quería interpretarlo. "Ahora lo hicimos con Alex (Ferri) y fue distinto, espontáneo, no me interesaron mis 32 años. Tengo la sensación de que lo poco que hago es la esencia del arte de la danza; esa calidad, sutileza, liviandad, pureza, perfección expresadas con serenidad. Tranquilidad aun en los pasos pirotécnicos de personajes como Basilio, de "Don Quijote", en los que pueda utilizar la energía no como shock, como antes, que le estaba diciendo al público algo así como tomá, sino como otra de las fibras que necesita el arte, según papeles."
Su nombre estará implícito próximamente en dos grandes acontecimientos: "Estoy fascinado porque me llamaron para trabajar como artista invitado en la comedia musical "Fosse", que es el gran éxito de Broadway de esta temporada. Es un homenaje al fallecido Bob Fosse, ese maravilloso coreógrafo y director de cine que hizo, tanto en teatro como en películas, obras grandiosas, como "Sweet Charity", "Chicago", "All That Jazz" y "Cabaret". El espectáculo muestra fragmentos de estas y otras obras.Por otro lado, me entusiasma mucho actuar con Eleonora Cassano, el 31 de diciembre, en Ushuaia, desde donde nos adherimos a la programación televisiva universal, con estrellas de todas partes, que festejará la llegada de nuevo milenio."
Himno a la alegría
Al respecto, Julio dice: "No creo que cuando pasemos al 2000 ocurra nada sobrenatural. Mi deseo es aferrarme a lo bueno. Lo malo hay que digerirlo y pasarlo. Regocijarme con el día de hoy. Mi ilusión es que la gente se olvide por 24 horas de las pálidas y se acuerde de lo lindo que hay a su alrededor. Todos tenemos algo en la vida. Si no es familia, pareja o amigos, habrá un perro, un gato, un pájaro, el aire que respiramos. La cuestión es dejar la tristeza y alegrarse con lo mínimo, porque todo tiene su valor".
La Redacción, un escenario
Además de ser un brillante bailarín, Bocca es un agudo observador. De esos que miran, escuchan y callan hasta que llega el momento justo. Cuando llega a La Nación , mira el letrero de la planta baja que dice: "Desde el 1º de enero del 2000, edificio libre de humo". Y cuando sube a la Redacción, en el cuarto piso, lo primero que lanza, con gestos de "maestro ciruela", es: "¡Ja! ¿Así que van a tener que dejar el cigarrillo?" Mira con curiosidad; se pone a jugar con las computadoras (es todo un experto); mira sus fotos archivadas, saluda y, luego de la sesión de fotos que soportó pacientemente, habla de la experiencia. Sólo había estado en la redacción de The New York Times. Pero ésta era la primera vez que pisaba un diario nacional.
Las características del lugar lo sorprenden, porque en el inmenso espacio, sin tabique alguno, las secciones dedicadas a muy disímiles temas están casi pegadas. "Tanta gente trabajando junta en cuestiones muy diferentes, como política, deportes, espectáculos o economía, debe ser realmente difícil -supone-. No entiendo cómo hacen para concentrarse y olvidarse del entorno cuando están en el fragor, hablan y suenan los teléfonos... Debe de haber ruidos mezclados de todas partes." Su labor también requiere concentración y, pase lo que pase, debe continuar. "Lo mío es diferente. Si bien cada cual está metido en lo suyo, es una sola cosa, el ballet que estamos interpretando. No hay esa diversidad de materias. Nunca me ocurrió algo que anulara mi trabajo. Sólo recuerdo una situación insólita. Hace tiempo, siendo cuerpo de baile, actué en "Don Quijote", en el Colón. En nuestra versión aparecía un caballo real, que representa a Rocinante. De repente, el animal se plantó en medio del escenario y, muy naturalmente, comenzó a orinar. La gente se reía a carcajadas. Nosotros sufríamos porque teníamos que bailar sobre el charco, como si nada pasara. Por suerte todavía existía el piso original de madera, que al rato absorbió el pis. Hubiera sido dramático, y muy cómico a la vez, que la compañía completa se resbalara."
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