
Kaspar Hauser, la muerte y el enigma
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El 17 de diciembre de 1833 murió asesinado, en circunstancias tan enigmáticas como cuando había aparecido años antes, Kaspar Hauser.
En la primavera europea de 1828, Hauser fue visto vagabundeando por las calles de la ciudad alemana de Nuremberg. Las ropas raídas, alguna vez de buena calidad, y su aspecto desaliñado contrastaban con su juventud adolescente, y sólo una escueta carta alumbraba algo sobre él, como su nombre y su edad, 16 años.
Eran explicaciones que Kaspar mismo casi no podía dar, ya que hablaba muy poco. Este dato, sumado a los modos que en general tenía, indujo a pensar que había pasado su corta vida lejos del contacto humano. Pero en esa carta anónima se decía que había sido instruido "en la lectura, la escritura y el cristianismo", y que su padre era un militar ya muerto.
Pasó por el cuidado de varias personas importantes de la ciudad, a las que fue sorprendiendo con una capacidad intelectual nada común, de gran perspicacia y vivo interés. Esa faceta lo fue haciendo cada vez más popular entre los sectores más acomodados de la sociedad de Nuremberg, e incluso entre quienes lo veían como interesante materia de estudio. Hoy mismo, a estos particulares personajes se los llama chicos salvajes.
Incluso fue objeto de experimentaciones con homeopatía y las posibilidades del magnetismo, muy en boga en la época.
Sobre su pasado, Kaspar llegó a contar que su único contacto con el mundo exterior habían sido los platos de comida que encontraba cada vez que se despertaba en la habitación donde estaba cautivo.
Pero las cosas no se encaminaron nunca. Un año y medio después de su aparición entre gente civilizada, el joven Hauser sufrió un intento de asesinato, acuchillado por un ofensor nunca hallado. Seis meses más tarde, él mismo, aparentemente sin intención se hirió con una pistola.
Al final, en un crimen sin resolver, fue acuchillado mortalmente. Un enigma que se ha trasladado hacia las diversas versiones que lo señalan como hijo de un noble alemán, pariente de algún heredero al trono que temía por su competencia, e incluso como hijo no reconocido de Napoleón Bonaparte.
Lo concreto es que la terrible y misteriosa historia de Kaspar Hauser dio letra para otras muchas historias, desde algún poema de Paul Verlaine hasta una obra teatral escrita por Peter Handke, e incluso la película filmada por Werner Herzog.
Aun así, 175 años después, el enigma de Kaspar Hauser sigue sin develarse.





