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Teenage Dream (2010) fue un éxito tan masivo que tuvimos que esperar tres años para su sucesor, en el que se muestra como la artista multifacética que es, detrás de esa apariencia de estrella pop divertida. Y Prism es tan prismático como sorprendente: está la felina "Roar", con guiños a Blake, el interlocutor trap de "Dark House" (con la participación de Juicy J de Three 6 Mafia). En "Ghost", se pone a desentrañar ese episodio doloroso que fue Russell Brand. En "This Is How We Do", es una guerrera liberada entre semana, yendo de fiesta en fiesta con los muchachos, haciéndose las uñas, probando un karaoke kamikaze con Mariah Carey. Algo de la efervescencia soleada de Teenage Dream sigue aquí intacta ("Es hora de sacar los globos grandes", promete en "Birthday", una canción disco exuberante). Pero Perry y sus colaboradores de siempre, Dr. Luke y Max Martin, se la juegan varias veces por un tono más oscuro e íntimo al estilo de divas suecas prestigiosas como Robyn y Lykke Li. "Legendary Lovers" y "Unconditionally" le añaden revelaciones austeras al esplendor torrencial europeo. Y aunque también haya una seguidilla de baladas sentimentales repletas de poesía a lo Alanis Morissette que no le salen bien, es increíble cuánto de Katy pudo meterse en un solo disco.
Por Jon Dolan





