
Ken Loach, el director inglés que hace del cine un territorio político
karlovy vary. El realizador recibió un premio a la trayectoria en el festival checo y habló de su último film, Yo, Daniel Blake, con el que ganó en Cannes, nuevamente enfocado en problemáticas sociales
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KARLOVY VARY (República Checa).- Es uno de los invitados más fulgurantes de la 52» edición del Festival Internacional de Cine y emblema contemporáneo del cine de realismo social. Con su último film Yo, Daniel Blake -actualmente en los cines porteños-, Ken Loach volvió a la altura de sus grandes clásicos y conquistó por segunda vez la Palma de Oro en Cannes en 2016, luego de El viento que acaricia el prado, y a casi 40 años del premio Fipresci que obtuvo por Black Jack. Aquí ya había alzado el Globo de Cristal en 1970, por una de sus primeras películas, Kes, y en esta edición ha convocado multitudes a las proyecciones de Tierra y libertad y Dulces dieciséis, y recibió junto con su guionista de los últimos veinte años, Paul Laverty, el premio a la trayectoria.
Loach nació en Nunenton, Reino Unido, hace 81 años y su figura esmirriada y casi frágil sorprende en contraposición con la vital fortaleza de su cine. "Quiero ir a la Argentina y hablar sobre Malvinas", Malvinas dice, no Falklands, a este cronista en el momento de los saludos. LA NACION es uno de los cinco medios -y el único latinoamericano- presentes en la rueda de prensa donde Loach con cordialidad y muy buen humor desgrana su modo de entender el cine, y recuerda su anterior visita a la República Checa, cuando, al presentar Tierra y libertad, fue tildado de estalinista: "Siempre quise hacer todo lo contrario, un film antiestalinista -dice-. Recordemos que Tierra y libertad está ubicada entre 1937 y 1938 en España, cuando ya se conocían las ejecuciones y persecuciones. Pero me acuerdo perfectamente del hecho, era un espectador el que me acusó de eso, alguien que no había visto la película hasta el final". Con el recuerdo de la Unión Soviética en la realidad de los mayores de cuarenta años, el periodista polaco presente en la sala manifiesta su solidaridad e indica que también a él le sucede confundir la izquierda con el comunismo de manera directa. "Fue una situación muy irónica, porque mi película trataba sobre la Guerra Civil española y la división dentro de la izquierda entre los comunistas y socialdemócratas. La gente de Europa medio-oriental la estaba pasando muy mal. Pero este espectador checo sólo escuchó «La Internacional» y no pudo entender que mi film era fervorosamente anti-Stalin desde el mismo comienzo en el que lo pensé."
Tierra y libertad junto a La canción de Carla y Pan y rosas son los títulos que lo acercarán a la realidad hispanohablante y serán algunas de las pocas películas en las que abandonará la problemática social del Reino Unido. "El cine europeo tiene muy buenas películas. Las hay de la República Checa, Polonia, Rumania, que ahora está haciendo muy buen cine, hay cine eslovaco, noruego y también películas inglesas que nunca cruzan el Atlántico. Lo que define ese cine europeo es la diversidad, aunque dentro de eso también hay cosas en común. Cuando Buñuel hizo El discreto encanto de la burguesía también estaba hablando de la Guerra Civil española, pero de un modo distinto. Lo que la Unión Europa debería hacer es proteger el mercado de sus propias películas europeas porque los films comerciales norteamericanos todo el tiempo tratan de expulsarlas. El cine europeo es una sumatoria de tradiciones, lenguas y literatura. Por una cuestión del imperialismo lo que más se ve es el cine hablado en inglés, pero en realidad sería genial poder ver todas las lenguas", dice, y, ante el elogio de la lengua inglesa, responde: "Depende de quién lo hable, en boca de Trump el inglés no es un idioma tan lindo".
Inevitablemente la charla derivará en la reciente campaña electoral en Gran Bretaña y la utilización de Yo, Daniel Blake como parte del debate: "No lo vi mal en ese caso porque no estaban contradiciendo la esencia de la película, sino que decían: «Si no luchamos contra esto, esto matará a la gente como lo hace con Daniel Blake». Distinto fue el caso cuando hice Cathy come Home para la televisión británica y los conservadores dijeron que ese documental enseñaba lo que era ser un homeless y no hicieron nada al respecto. El cine debe ser un observador empático de lo que está pasando. Yo lo que hago es sólo ubicar la cámara. Por ejemplo, en esta reunión de prensa la colocaría en una esquina de la situación y con la lente adecuada mostraría lo que está pasando. Busco que la cámara este metida dentro de las situaciones".
Dave Johns, el Daniel Blake del film de Loach, es un conocido comediante y actor de stand up de la escena inglesa, pero su elección convirtió al actor en un rostro de relieve mundial: "Trato de crear algo auténtico en mis películas y el actor tiene mucho que ver. Si mi personaje lo interpretara Robert Redford, todo el mundo diría: «Oh, es Robert Redford haciendo de Daniel Blake; en cambio, así es distinto. Vemos cientos de personas para un rol, algunos actores y otros no profesionales, y les pedimos un poco de improvisación que cualquiera pueda hacer. Estoy en contra de las técnicas ortodoxas de casting, allí elegimos quién llevará a la vida los personajes que tanto nos costó escribir y es la segunda decisión más importante luego de la historia".
Al recibir su Globo de Cristal en el escenario del Thermal, Ken Loach pidió recibir con solidaridad a los refugiados y no evitó referirse al Brexit: "Ha sido mucho más complicado de como aparece en la prensa, porque muchos en la izquierda estaban desgarrados porque, por un lado, uno quiere ser un buen internacionalista, pero la UE, como proyecto político, es para que las grandes corporaciones hagan grandes beneficios y para llevar a Estados a las privatizaciones".
En la despedida, al señalársele el impacto de la película en la Argentina, Ken Loach se muestra sorprendido: "Es una hermosa noticia. Jamás hubiera imaginado que mi película fuera tan bien valorada en la Argentina porque siempre la pensé demasiado local. Claro, las tensiones sociales son muy parecidas en todos lados". Palabras de un veterano socialista que ha hecho de la realidad obrera el epicentro de un cine de denuncia y compromiso.
KARLOVY VARY.- Cuando aún se debate un proyecto de reformas del mítico hotel Thermal, una vetusta y brutalista estructura de hormigón armado erigida en el centro de la ciudad, y donde se desarrollan buena parte de las actividades del festival, cierto aire de nostalgia se respira en el aire. Quizá se avecinen cambios en este legendario festival checo. Con humor, el tradicional tráiler del certamen lo evidencia: Jiri Bartoska y Eva Zaoralová se encuentran en la oficina buscando un premiado para la trayectoria, deciden llamar a Josef Somr (actor de Trenes rigurosamente vigilados, Adelaida y El valle de las abejas): "Dejalo sonar, él no escucha bien", dirá Eva a Jiri antes de la negativa del actor de retornar a Karlovy Vary y previo a un simpático: "¿Quién sigue en la lista?", que cierra el spot de este año protagonizado por estas tres octogenarias leyendas locales.
Con humor, la cronología encierra interrogantes que no serán fáciles de responder en el futuro porque la crisis económica europea se refleja en el festival, que tiene menos despliegue que otros años, y en las fiestas de organizadores externos que han reducido su número y fasto. Con todo, Karlovy Vary conserva el necesario toque de glamour que lo distingue y subyace una programación que en esta edición se muestra mucho más contundente que en el pasado.
La selección oficial competitiva ha presentado hasta el momento un conjunto de interesantes películas, varias en première mundial: Aritmiya, del ruso Boris Chlebnikov; la israelí The Cakemaker, de Ofir Raul Graizer, e incluso la última labor del fallecido realizador polaco Krysztof Krauze, Ptaki spiewaja w Kigali (terminada por su mujer, Joanna Kos-Krauze), y también la checa Krizacek, que conserva climas de un film de hace medio siglo con una singular historia ambientada en tiempos de las Cruzadas con la firma de Václav Kadrnka.
Se añaden en las secciones paralelas lo último de grandes nombres como François Ozon, Fatih Akin, Claire Denis, Sofia Coppola, Jonas Carpignano, Michael Haneke, Hong Sang-soo, Sergio Castellitto, John Cameron Mitchell, Amir Naderi, Amat Escalante, Aki Kaurismäki, Stéphane Brizé, Sergei Loznista, Trudie Tyler.
Dentro de las grandes noticias que se anuncian cada año aquí están las nominaciones a los premios Lux, que otorga el Parlamento Europeo. Entre las candidatas de 2017 sobresalen la española Estiu 1993, de Carla Simon; la polaca Ostatnia rodzina, de Jan P. Matuszynski; la finlandesa El otro lado de la felicidad, de Aki Kaurismäki, y 120 Battements par minute, del francés Robin Campillo, protagonizada por el argentino Nahuel Pérez Biscayart.
Entre los grandes invitados que se esperan, la actriz italiana Jasmine Trinca, protagonista de Fortunata, de Sergio Castellitto; el multifacético Leonard Maltin (cuyas guías de cine eran furor en los 80); el gran actor francés Lambert Wilson, que presentó aquí la irregular Corporate, que protagoniza, en la selección oficial, y como festejo de los 30 años de la Academia de Cine Europeo, la presencia de Ken Loach junto a su guionista Paul Laverty, que a sala llena presentaron la recordada Tierra y libertad, y recibieron sendos Globos de Cristal.






