En su tercer disco, Currents, la búsqueda psicodélica de Tame Impala se vuelve más ambiciosa
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Tame Impala - Currents - Interscope - 3 estrellas y media
Las canciones que Kevin Parker compone para Tame Impala se sienten como recuerdos vagos. Las melodías y los ritmos caen como truenos – cuidadosamente orquestados o ingeniosamente accidentales – o flotan en nubes reconfortantes. Son nervios o epifanías de décadas pasadas: soul, space-rock, nerd-funk, pop de estudio... Estás seguro de reconocer algo, pero no sabés bien de dónde ni de cuándo.
Para Parker, esa sensación es la idea. De viaje por el mundo con Tame Impala durante los últimos cinco años, el músico australiano de 29 años capturó ideas de canciones y el sonido ambiente de estar de gira, en su cabeza, en su teléfono, con lo que tuviera a mano. Acostumbrado a grabar cosas de forma casera desde los 12 años, Parker trabaja en el estudio mayormente solo: Tame Impala es su manera de darle un sentido (o no) a la experiencia. Sus primeros discos eran un circo de rock psicodélico; aun cuando sonaba más fuerte, la música siempre tenía un aspecto lánguido y contemplativo. Pero el sonido de Currents, el tercer disco de Tame Impala, va más allá y evoca más a Prince que a Pink Floyd. La guitarra se sienta atrás; los teclados adelante. Los ritmos tienen un chasquido sintetizado, aun cuando son baterías analógicas; y las canciones más oníricas cuentan con un empuje pop.
Abunda el R&B ingrávido, desde la gloriosamente brumosa "The Less I Know the Better" hasta "‘Cause I’m a Man", un track para chasquear los dedos. El primer tema, "Let It Happen", salta de una guitarra de funk distante a una melodía gradual que parece salida de "You Keep Me Hangin’ On" de Supremes, antes de desaparecer en un lavado de voces con ecos y baterías mudas. La guitarra glam, con golpes de gong, de "Elephant", el hit de rock alternativo de Tame Impala de 2012, regresa por un par de segundos y luego deja paso a unas voces robóticas onda Daft Punk. Muchas veces, en Currents se siente como si hubieras acampado en medio de un festival, a mitad de camino entre el escenario principal y la carpa de música electrónica.
De algún modo, es lo que hiciste. Gran parte de este disco trata sobre transformarse, como podés presumir a partir de títulos como "Yes I’m Changing" ("Y si no pensás que sea un crimen", canta, "podés venir conmigo"). Para Parker, quien ha usado su música tanto para retirarse del mundo exterior como para encontrarse con ese mundo exterior, esta metamorfosis es más personal que musical: hay un océano de sentimientos adentro que no pueden quedar ocultos para siempre. Pero él también es un declarado fan de Michael Jackson que ha coqueteado con melodías pop durante años. Cuando "The Moment" empieza con los acordes de "Everybody Wants to Rule the World", de Tears for Fears, es el sonido de Parker confesando un placer.
¿Y por qué no? Es probable que Parker sea el artista más prominente de una clase de músicos jóvenes que están creando alguna de la música más espectacularmente pegajosa de hoy, mirando hacia atrás y pensando hacia adelante al mismo tiempo. Como Chaz Bundick de Toro y Moi, Ruban Nielson de Unknown Mortal Orchestra, e incluso el rapero de Harlem A$AP Rocky, Parker entendió cómo usar lo que vino antes sin ninguna ansiedad por volverlo moderno. Incluso si sus exploraciones sólo lo llevan tan lejos como su próxima canción, es un viaje que vale la pena hacer.
Por Joe Levy




