
Los muchachos de la Banda mas poderosa del Rock roll estan lejos para luchar contra el Racismo, la Injusticia Económica y la Opresión Política.
1 minuto de lectura'
Zack de la Rocha recuerda a la perfeccion el momento en que el dolor, la ira y la sorpresa cruel -las tres conseciencias del racismo mas ignorante- lo dejaron literalmente sin hablar. El cantante y letrista de Rage Against the Machine estaba en el colegio secundario, donde era el unico mexicano- norteamericano en curso de adolescentes tan blancos como la leche, y se sabia una excepción a la privilegiada homogeneidad de ese suburbio de Los Angeles llamado Irvine, en California. Ese día, un profesor estaba exponiendo acerca de las formaciones rocosas de la costa del Pacífico de ese Estado norteamericano.
-Empezó a describir una de las zonas comprendidas entre las ciudades de San Diego y Oceanside -recuerda De la Rocha- y para referirse a esa región de la costa, dijo: "Bueno, ese lugar de mejicanuchos". Y todos mis compañeros se rieron como si hubiese sido la cosa más graciosa que hubieran oído en sus vidas.
Por lo general, la voz de De la Rocha es un arma formidablemente controvertida que dispara sin tregua, tanto cuando el artista conversa con alguien como en los tres discos de Rage que lleva grabados con Tom Morello en guitarra, Tim Commerford en bajo y Brad Wilk en batería. Pero ahora esa voz se reduce a un gruñido mesurado:
-Recuerdo que me quedé ahí sentado, a punto de explotar. Me di cuenta de que no era uno más entre ellos. No eran mis amigos. También recuerdo que lo internalicé y me quedé callado. Me dio miedo hablar.
Después le contó a su madre, Olivia, lo que había pasado. "Le pareció repugnante. Ella tenía plena conciencia de la ignorancia que reinaba en toda la ciudad, pero se había comprometido a quedarse allí para terminar su tesis [Olivia de la Rocha realizaba su doctorado en Antropología en el campus de la Universidad de California, en Irvine]. Y se daba cuenta del sufrimiento que yo guardaba como consecuencia de que estuviésemos viviendo ahí."
Sin embargo, ese día, en el colegio, Zack -diminutivo de Zacarias- tomó una decisión que significó un giro de ciento ochenta grados:
-Me dije que nunca más me quedaría callado. Que no me permitiría no reaccionar ante una situación de ese tipo, en cualquier lugar donde se diera.
De la Rocha, de 29 años, ahora exterioriza su indignación, en extenso y a todo volumen. "El no tiene miedo de decirles de todo a los demás: «enfermo racista de mierda», cosas que no está bien decir", opina el bajista Commerford, que conoce al cantante desde la primaria. Durante la poderosa actuación de Rage en Woodstock 99, De la Rocha trató de que la gente que hacía pogo recobrara la sobriedad reclamando justicia para Leonard Peltier, el activista indígena norteamericano que está en prisión. Dos semanas después, en un recital de Rage en Honolulu, De la Rocha detuvo la música para reprender a los matones encargados de controlar la zona del pogo por manosear a las chicas que se deslizaban sobre las cabezas del público. Además, se engalanó con traje y corbata para realizar una excepcional presentación como solista: apareció ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en Ginebra, donde solicitó un nuevo juicio a Mumia Abu-Jamal, el periodista y ex Pantera Negra que fue declarado culpable y condenado a muerte por el asesinato de un policía de Filadelfia en 1981, fallo que ya cuestionaron Amnistía Internacional y el Parlamento Europeo.
De la Rocha es también habitué de la esquina nordeste del Parque Mac Arthur, ubicado en el centro de Los Angeles, donde puede vérselo encaramado sobre un banco de madera, bajo el sol, y hablando rapidísimo mientras por sus labios pasa un verdadero desfile de cigarrillos. Señala con el pulgar por encima de su hombro un edificio blanco y cuadrado que está enfrente: la oficina del Consulado General de México. Los jueves y los viernes, a las 6 de la tarde, se juntan allí manifestantes que protestan contra las acciones militares mexicanas en el Estado de Chiapas que atacan las granjas y los pueblos aliados con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. De la Rocha, que viajó a Chiapas y trabajó con campesinos de comunidades zapatistas, es, muchas veces, uno más de esos manifestantes.
"Me costó encontrar el equilibrio entre la composición musical y la participación en el movimiento de solidaridad de Los Angeles", explica con la fatiga que caracteriza a aquel que trata de llevar una doble vida. Pero las tareas de militancia que realiza De la Rocha están indivisiblemente ligadas a sus escabrosos y triunfales ocho años junto a Rage: más de 7 millones de copias vendidas en todo el mundo entre los dos primeros discos de la banda (Rage Against the Machine, de 1992, y Evil Empire, de 1996; paquetes visionarios que contienen rap como grito de guerra y música al estilo de Zeppelin, pero politizada); los shows incandescentes y las difundidas actuaciones a beneficio de Abu-Jamal, Rock for Choice y la Liga Antinazi de Gran Bretaña; las tensiones personales que vienen hostigando al grupo desde su inicio y que prolongaron el nacimiento de su tercer álbum (The Battle of Los Angeles), cuya grabación llevó más de un año.
Morello, de 35 años -de por sí una rareza en el rock moderno: un afronorteamericano socialista que estudió en Harvard y que toca la guitarra como un Jimmy Page marxista-, caracteriza así los contratiempos y los encantos de ser Rage: "Si nos limitáramos a hacer temas que hablaran de ir en auto con la capota abierta, este grupo ya se habría separado hace mucho tiempo". En efecto, De la Rocha se niega a hacer rock sin una misión que cumplir: "Por eso estoy en esta banda: para darles espacio y volumen a distintas luchas que se desarrollan en todo el país y en todo el mundo. Para mí, la tensión que hay en este grupo y el efecto que eso me causa son un sacrificio mínimo". Sin la política, sostiene, "no estaría en Rage Against the Machine. Y es la pura verdad".
he battle of los angeles -un trabajo candente y tan crudo que da la sensación de que el grupo y Brendan O’Brien, el productor, lo grabaron dentro de la cabeza del que lo escucha- es Rage Against the Machine en la cúspide de su juego de rock guerrero. En esta época en que la fusión del rap y el metal tiene un éxito arrasador, los himnos eléctricos que dedica Rage a los marginados -"Testify", "Born of a Broken Man", "New Millennium Homes", "War Within a Breath"- son bombas atómicas que hacen impacto en la bañera para hidromasajes de Kid Rock.
Pero, por cantar acerca del Infierno, los integrantes de Rage están expuestos a sus propias llamas. Son capaces de militar unos contra otros tanto como militan a favor de los trabajadores explotados. Las intensas etapas de composición y giras alternan con largos períodos de separación de común acuer- d0. En general, los cuatro músicos no se juntan cuando no están de gira, lo cual dio como resultado apenas tres discos de estudio en ocho años de trayectoria; un patrimonio pequeño para un grupo con semejante talento y designios activistas.
-La energía que fluye entre nosotros no es uniforme -dice Wilk, de 31 años, riéndose del eufemismo que emplea-. O no pasa nada, o nos metemos hasta el cuello. Tal vez sea por eso que todavía podemos seguir en esto. Lo que hacemos es tomarnos un tiempo antes de que nos harten los otros, y alejarnos.
Tim Commerford, de 31 años, cuenta que al leer una lista de los recitales que había ofrecido Rage en toda su carrera se asombró de que el total fuese tan bajo.
-No me acuerdo la cifra exacta -señala-, pero serían unos 380 shows. Yo pensaba que habíamos tocado en más de mil…
De todas maneras, Commerford agrega enseguida:
-Nos damos un tiempo y así acumulamos angustia. Después, cuando salimos al escenario, no es solamente "¡Hola!", con una sonrisa de oreja a oreja y bailando rock con las chicas. Es rock feroz. Siempre.
-Todavía estoy apren-diendo qué es Rage A-gainst the Machine -confiesa Morello una maña- na, durante el desayuno en International House of Pancakes, en Hollywo-od-. Somos cuatro seres construidos de manera totalmente distinta y, por momentos, somos superinsensibles entre nosotros. Sin premeditación ni alevosía. Quiero subrayar que ahora estamos mucho mejor -insiste, citando el golpe maestro de Los Angeles a modo de prueba.
Por otra parte, hoy no tienen manager y ellos mismos supervisan sus negocios con eficacia y sin árbitro. Cuando se los apremia para que hablen de sus conflictos, los cuatro recurren a eufemismos tales como "asuntos" y "tensiones". No les gusta volver a internarse en terrenos pantanosos. Pero Morello describe el peor momento que vivió Rage como grupo: un virtual arresto domiciliario que padecieron en Atlanta entre fines de 1994 y comienzos de 1995, período durante el cual Epic, su sello discográfico, los presionaba para que comenzaran a trabajar en el segundo disco, que venía con considerable retraso.
-No teníamos comunicación musical ni personal -explica el guitarrista-. No lográbamos ponernos de acuerdo en nada: no podíamos ni componer música ni elegir el diseño de una remera. Nuestro encargado de producción artística, Michael Goldstone, nos dijo: "Sáquense de encima todas las distracciones. Vivan juntos en una casa. Hagan un disco o dejen de ser un grupo". Fue como Real World [el programa de mtv] multiplicado por diez.
Los Rage ensayaron todos los días, pero, aun así, cuando dejaron Atlanta no tenían ni un solo tema nuevo. Goldstone, que ahora se desempeña como ejecutivo de producción artística en DreamWorks, afirma que el experimento de la convivencia grupal duró aproximadamente cuatro semanas, mientras que Morello asegura que fue de cinco meses. Sin duda, eso fue lo que sintieron que duraba. (Evil Empire se terminó de grabar y se editó un año después, en abril de 1996.)
a lenta y extraña gestación de Los Angeles delata la inmediatez del estado de guerra. Una vez que Rage grabó el desquiciado "No Shelter", en febrero de 1998, para la banda sonora del film Godzilla -la cual, si se exceptúa ese tema, es una verdadera porquería-, Morello, Wilk y Commerford quisieron componer material para un tercer álbum. Por miedo a revivir la experiencia de Atlanta, De la Rocha dijo que le parecía bien; que, por el momento, podían empezar sin él. Y eso hicieron.
"No podía separarme de algunas tensiones que había dentro de la banda", reflexiona De la Rocha, hábil guitarrista, baterista y bajista que en los dos primeros discos de Rage colaboró activamente en la composición musical, además de escribir las letras. Mueve la cabeza, avergonzado. "Y es una mierda, teniendo en cuenta lo que hoy vive la gente… La gente de México, cuya existencia misma está amenazada… Si esto que me pasa es todo lo que tengo que enfrentar..." Se ríe y enseguida vuelve a ponerse serio. "Pero sí afectó mi forma de escribir."
Durante meses y meses, hasta bien entrado 1999, De la Rocha trabajó mucho en su voz y en su poesía, una ametralladora que dispara metáforas de batallas en un dialecto hip-hop robado en parte a Chuck D y en parte a Joe Strummer; nada de canciones de amor. Se sumergió en sus escritores preferidos: Gil Scott-Heron, Amiri Baraka, el poeta cubano José Martí y el periodista y ensayista uruguayo Eduardo Galeano, a quien De la Rocha reconoce como su mayor influencia ("Galeano es a la literatura latinoamericana lo que fue el Che Guevara a la Revolución Cubana"). Además, se autoimpuso un exilio en Nueva York. Allí llenó cuadernos y diarios personales mientras caminaba por el sudeste de Manhattan [una de las zonas más pobres, cuyos habitantes son en su mayoría inmigrantes] y mataba el tiempo en el Nuyorican Poets Café "conversando con la gente", dice, "escuchando cómo entregaban el alma a través de su poesía".
-Para componer uso el mismo método que Leonard Cohen -sonríe-. uno empieza una buena obra, y seis o siete meses después la retoma y trabaja sobre ella. Tengo que asegurarme de que esta música no les hable a las personas, sino que resuene con ellas. Una cosa que hice mucho en el último disco fue: "Esto es lo que yo pienso. Esto es lo que yo tengo para decir". Tuve que cambiar. Lo que quiero es que la gente se vea reflejada en las canciones.
Morello, por su parte, afirma que hoy está en paz con el estado de nervios y arritmias que implica formar parte de Rage Against the Machine. "Si compusiéramos tres temas por día, yo estaría conforme", confiesa con añoranza. "Pero con Rage, el grupo en el que quiero estar, eso no sucede."
De la Rocha insiste en que el objetivo supremo de la música se antepone a todas las boludeces subyacentes.
-Queremos presentar a los jóvenes ideas a las que no tienen acceso, y permitirles tomar nuestra música como otra lente a través de la cual pueden ver el mundo. Para mí -continúa, con voz firme- eso es algo fundamental que hay que proteger.
na noche, sentado en una habitación de un hotel de Los Angeles, De la Rocha abre un atado turquesa de American Spirit y explica cómo cayó en su único vicio grave: el cigarrillo. Fue en Chiapas.
-Nos despertábamos a la mañana y, como parte de nuestra agenda del día, nos encontrábamos con los campesinos y les cocinábamos. Y una de las formas que teníamos de iniciar las conversaciones era agarrar un cigarrillo. Hasta entonces yo nunca había fumado, pero encendía uno y me ayudaba a comunicarme un poco más. Pensaba: "Qué asco, pero voy a hacerlo igual".
La cara de De la Rocha -angosta, de belleza casi infantil, enmarcada por una melena de dreadlocks castaños y gruesos que le llegan hasta los hombros- se ilumina por el recuerdo y el relato se anima.
-Después de dos semanas -continúa- era como si hubiera fumado toda la vida. Pero para vivir lo que viven los campesinos día tras día, rodeados de militares, uno necesita algo que le ayude a aplacar el miedo -ríe-, por lo menos si uno no está acostumbrado a sentirlo.
The Battle of Los Angeles rebosa imágenes extraídas de los cuatro viajes que De la Rocha hizo a Chiapas: "Calm Like a Bomb"; "War Within a Breath"; la historia gráfica de "María", una joven mexicana asesinada en una fábrica norteamericana que explota a sus empleados. Durante su primer viaje, en 1995, De la Rocha integró un equipo de observadores que debía controlar las conversaciones entre el ejército zapatista y los funcionarios del gobierno mexicano. En una oportunidad, el equipo de De la Rocha formó una cadena humana para proteger el edificio donde se llevaban a cabo las negociaciones. "Lo hicimos para asegurarnos de que si alguien pretendía atentar contra la vida de los zapatistas nosotros estaríamos allí". Además, De la Rocha organizó expediciones para crear conciencia; éstas partían desde Los Angeles e iban hasta la zona del conflicto. También ayudó a dar clases de español y de inglés a los aborígenes y participó en las patrullas de defensa de la comunidad zapatista. "¿Si portaba un arma? No, no", insiste. "Solamente mi lapicera."
Ya que no escribe sobre estas experiencias -en sus canciones se niega a reducir el asunto al tono de la autobiografía ("Es algo muy complaciente")-, no es fácil enterarse de que De la Rocha tiene raíces personales en las revoluciones mexicana y chicana.
A principios de este siglo, su abuelo materno huyó de Sonora, México, escapando de los disturbios que tenían lugar allí, y trabajó en una granja del norte de California. Por otra parte, Beto de la Rocha, el padre de Zack, integró Los Four, una pionera cooperativa de plásticos de Los Angeles que, por medio de su producción (marcadamente política, con apelaciones a la iconografía latina, los graffiti y retratos vivaces), transformó el arte chicano de los años 70. Entre las primeras manifestaciones artísticas del grupo Los Four se contaron pintadas callejeras de tres palabras que combinaban el inglés y el español: chicano art existe! "De eso se trataba", afirma Zack. "¡Existe! ¡Aquí estamos!"
-Era un personaje muy interesante -dice De la Rocha acerca de su padre, que también fue tipógrafo y editor de arte de varias publicaciones independientes del movimiento chicano-. Se negaba a vender sus obras. "¿Cómo que venda mis trabajos? Esto es arte popular", decía. Lo admiro por su postura. Pero su sentido de la realidad, dada la situación, sin duda no era el más adecuado...
e partio la cabeza." así describe Morello la primera impresión que le causó De la Rocha cuando lo vio, micrófono en mano, improvisando, en una de las zapadas que dieron origen a Rage A-gainst the Machine, en 1991. "Fue la pasión que ponía en los ensayos. Tocábamos en una habitación húmeda de la casa de la mamá de no sé quién, y Zack era tan intenso allí como se lo ve hoy en escena. Pero lo mejor fue cuando hojeé su libro de poemas y letras de canciones. Fue como si hubiera encontrado un hermano ideológico. Y no eran solamente párrafos acerca de Mao y del Paraguay. Era poesía de la mejor." Gran parte de lo que tenía escrito De la Rocha en ese libro (por ejemplo, "Take the Power Back" y "Bullet In the Head") terminó formando parte de Rage Against the Machine. El nombre de la banda surgió de otro tema que había tocado De la Rocha con su grupo anterior: Inside Out.
Morello también tiene una personalidad vertiginosa: es una tromba en la que se mezclan el impulso competitivo, un afinado olfato comercial y una educación universitaria, con el condimento de una sonrisa amplia y cálida, y una risa sonora y vibrante. "Por ahí Tom te está rompiendo el culo con el Madden 99", dice Commerford, refiriéndose al juego de fútbol de PlayStation, "y entonces le pedís: «A ver, Tom, habláme de la situación política de Perú», y se mete en tema en menos de diez segundos". Según Commerford, fue Morello quien tuvo la idea de grabar un demo y venderlo en sus recitales; gracias a eso, cuando el grupo dio su tercer show ya le llovían tarjetas personales de ejecutivos de la industria discográfica.
-El empresario Tom Morello, látigo en mano -anuncia Commerford con una mueca-. Me acuerdo que le decía: "Viejo, está bien plantarnos en ocho canciones. Con ocho está bien". Y él: "No, necesitamos más. Necesitamos doce". Y eso fue lo que hicimos.
-En el grupo, Tom es el que siempre quiere hacer lo máximo posible -opina Wilk-. Cuando me enteré de que Morello se había recibido en la Universidad de Harvard, creí que tendría una actitud vanidosa. Pero Tom no resultó ser así. Es más: resultó un tremendo bromista.
Morello nació en el Harlem y tuvo lo que define como "una familia muy política". Su padre, Ngethe Njoroge, es un ex rebelde y diplomático africano. Formó parte del movimiento guerrillero Mau Mau, que luchó para que Kenia obtuviera su independencia de Gran Bretaña, y fue el primer representante de Kenia en las Naciones Unidas una vez que el país consiguió su libertad, en 1963. La madre de Morello, Mary, es de raza blanca y participa desde hace mucho tiempo en movimientos por los derechos civiles y por la libertad de expresión.
"Tom siempre dejaba la puerta del dormitorio abierta", cuenta Mary, "y cuando escuchaba música -Black Sabbath, Alice Cooper- me llamaba para que escuchase con él. Y yo escuchaba. Dos veces lo llevé a conciertos de Alice Cooper". A su vez, le dio a su hijo lecciones fundamentales de igualdad y autoestima. "Lo que siempre le dije es que uno no es ni mejor ni peor que cualquier otra persona. Y nos topamos con muchísimos prejuicios; te lo aseguro." Los padres de Tom se separaron cuando él era muy chico; luego, Mary y Tom se mudaron a Libertyville (Illinois), un suburbio de Chicago donde la mayoría de la población era blanca. Durante un tiempo, a Mary le costó conseguir trabajo porque ella y Tom formaban una familia de raza mixta. Una vez le dejaron una cuerda de horca colgada en el garaje. Así, al igual que De la Rocha, Tom sintió la fría cachetada del racismo a temprana edad. "Cuando estás jugando en el patio y los tontos te insultan", dice categóricamente, "se trata de una cuestión política".
Por eso, su reacción también fue política. "Siempre puse a disposición de Tom todo tipo de material, para que lo leyera", recuerda Mary. "Y él leía." Durante su adolescencia, Tom estudió sobre las Panteras Negras y escribió acerca de la rebelión civil en América Central y Sudáfrica para un diario underground de su colegio. En Harvard, donde cursó Ciencias Sociales, conjugó su obsesión por la guitarra con las marchas en contra del apartheid.
Wilk acepta que, comparado con Morello y De la Rocha, no es más que un estudiante de política. "Cuando recién habíamos armado el grupo, yo aprendía como la puta madre -dice-. Tom y Zack me abrieron los ojos, igual que a nuestros fans." Commerford está de acuerdo:
-Si pudiera volver atrás, a la época del colegio secundario, pero con el conocimiento que tengo ahora, sería impresionante… -se ufana-. Pero yo no tenía acceso a nada de esto, sacando a The Clash.
De todas maneras, Wilk (oriundo de Portland, Oregon, e hijo de un vendedor de joyas) y Commerford (un californiano a quien De la Rocha le enseñó a tocar temas de los Sex Pistols en el bajo, cuando estaban en la primaria) no se limitan a colaborar pasivamente con la coalición Morello-De la Rocha. "Los cuatro tienen los mismos intereses", afirma Mary Morello, que en algunas oportunidades presentó a la banda cuando salía a escena.
Cuenta que una vez, en uno de los primeros ensayos de Rage, le regaló a Tom un libro sobre el Che Guevara. De in- mediato, los demás preguntaron: "¿Y no hay uno para mí?". Mary le compró un ejemplar a cada uno.
En Woodstock 99, Commerford prendió fuego a la bandera norteamericana que envolvía su equipo de bajo, sin haber puesto sobre aviso a los demás miembros del grupo; Wilk casi se desmayó por las emanaciones producidas por la exagerada cantidad de nafta con que Commerford empapó la tela. "La bandera representa todas mis libertades y una de ellas es mi derecho a expresarme", explica Commerford para defender su acto. "Quemar la bandera constituye tanto su glorificación como su profanación."
Y cuando Rage se presentó como grupo soporte de U2 durante PopMart, la fastuosa gira de 1997, el grupo donó sus ganancias netas a cuatro organizaciones de caridad escogidas por cada uno de los integrantes. La que eligió Commerford fue Women Alive [Mujeres Vivas], una entidad que ayuda a las mujeres con sida a la que él llegó por medio de una ex novia. Rage "es un foro para todos", puntualiza Commerford con vehemencia. "Cualquiera puede venir a tratar el tema que quiera."
En otras ocasiones, a pesar de la esencia combativa que poseen por naturaleza, los Rage son capaces de transmitir un mensaje inolvidable sin pronunciar palabra. Así sucedió durante la legendaria actuación -si así se la puede llamar- que realizaron en Filadelfia, en el marco de la gira Lollapalooza de 1993. El show consistió en la presencia de los cuatro integrantes de Rage de pie, desnudos e inmóviles sobre el escenario durante veinticinco minutos, con una pared de acoples detrás, las bocas tapadas con cinta adhesiva, y las letras p-m-r-c [siglas de Parents Music Resource Center, organización de padres que pretende censurar letras de rock y rap] pintadas en el pecho, una cada uno.
-Tuvimos un excelente motivo para hacer eso: Zack se había quedado sin voz y no estaba en condiciones de cantar -explica Wilk-. Así que, o cancelábamos, o dábamos un recital a media máquina. Como estábamos en Filadelfia, cuna de la independencia de los Estados Unidos, se nos ocurrió: "De esto tenemos que sacar provecho". "¿Todos se animan a salir desnudos?" "Sí, sí, sí."
Fue una maniobra fabulosa... "hasta que, después de unos diez minutos", continúa Wilk, "el público empezó a darse cuenta de que no iba a escuchar más que acoples. A mí me pegaron un encendedor y otras cosas que tiraba la gente. Me acuerdo de que iba bajando la mano desde la cintura hasta mis partes privadas mientras pensaba: «Por favor, que no me peguen acá»".
stabamos en detroit una noche", relata Michael Goldstone rememorando una gira de Rage en 1993, "y Zack estaba manteniendo un debate político con quince chicos en una playa de estacionamiento. Y estaba deprimido porque en el recital había cuatro mil personas y solamente estaba hablando con quince. Le dije: «Sí, pero esos quince chicos se lo van a contar a otros quince, y esos, a quince chicos más»".
Hoy, Rage Against the Machine recibe hasta doscientas cartas por semana, inclusive durante los ciclos de silencio que atraviesa el grupo entre un disco y otro, y son cartas de "chicos bien mordaces", garantiza Bryan Carichner, que está a cargo del fans club y del merchandising de Rage. "No escriben para dorarles la píldora. Hacen preguntas: «¿Qué puedo hacer?» o «Los apoyo. Me cago en el sistema»."
También les llegan muchas cartas para putearlos por sus posturas frente a temas controvertidos. En enero de 1999, cuando Rage encabezó un show en Nueva Jersey -también tocaron los Beastie Boys y Bad Religion- con el propósito de reunir fondos para la defensa de Abu-Jamal, aumentaron notablemente las amenazas y los insultos. Aun así, no fueron menos las cartas de apoyo. Y, según Carichner, "también había gente que no estaba segura: «No sé por qué apoyan a ese tipo. Seguramente es por algún motivo. Voy a averiguar». Fue entonces cuando el grupo cumplió la tarea que se había propuesto. Tratan de que uno se informe. Que cada uno tome su propia decisión, pero que al menos se informe".
De la Rocha no se engaña con respecto al ritmo al que se producen los cambios y esclarecimientos, ya sea en el rock & roll, en la política o en cualquier otro ámbito. Cuenta lo que vio desde el escenario de Woodstock, en julio, con inconfundible desagrado:
-Chicos que bailaban imitando los miles de videos de mtv, que se molían a palos y que les tiraban del pelo a los demás, que hacían ese estúpido ritual de mierda… También vi banderas zapatistas -agrega, punzante-. Y, delante de todo, vi un contingente de personas de Tijuana, México, que habían cruzado todo el país para ir al recital. Hay muchísimos cínicos -y pronuncia esta última palabra con fuerza, como si la escupiera- que abandonaron por completo la idea de que la música puede producir un cambio político, y la abandonaron exclusivamente como resultado del cinismo cultural. Esa es una actitud absolutamente derrotista. La música siempre va a ser capaz de cautivar a la gente. krs-One, Public Ene-my… tuvieron tanto peso sobre mí y sobre mi manera de ver el mundo, como lo fue contemplar las obras de mi padre o ser pobre y pasar mi infancia en un barrio de blancos. La verdad, considero que todos los actos revolucionarios son actos de amor. Todos los temas que compuse se deben a mi deseo de usar la música como medio para alentar y darle una nueva humanidad a gente que vive en circunstancias que deshumanizan. La canción se propone mejorar la condición humana. Todos los temas que compuse en mi vida -concluye, sin el menor dejo de ironía- son canciones de amor.
1
2Rating: cuánto midió una de las últimas galas de eliminación de Masterchef
3Los premios Oscar generalmente se equivocan: aquí la lista completa de las verdaderas mejores películas, según The Washington Post
4Es una de las series románticas más aclamadas de Netflix y acaba de estrenar su séptima temporada



